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domingo, 21 de octubre de 2012

SYDNEY CREA ADICCIÓN

A un mes recién cumplido de mi llegada aquí puedo decir alto y claro, Sydney crea adicción.
 
Una vez que tienes tu habitación/casa donde asentarte y poner tus cosas, una vez has conseguido algo de trabajo al menos para ir tirando y has conocido a un grupo de gente de tu edad y rollo con la que hacer planes, Sydney es maravilloso.
 
No es fácil todo esto que he descrito pero una vez lo consigues, te sientes como en casa. Afortunadamente en mi primer mes viviendo aquí he conseguido estas tres cosas para mi fundamentales no solo para vivir en la ciudad si no para vivir la ciudad.
 
En cuanto al trabajo, continúo buscando estudiantes que quieran aprender español, no es fácil porque no hay muchos pero tiempo al tiempo, ya tengo siete. Tuve una entrevista en un colegio privado que está interesado en incorporar el español para las clases extraescolares. La entrevista fue muy bien pero había como veinte candidatos mas así que no se que pasará. En cualquier caso, sería para empezar en el próximo curso lectivo aquí, en enero. Y también estoy buscando algo de babysitter horas sueltas que me den un extra de vez en cuando. Así que ya estoy ganando suficiente dinero como para sobrevivir pero no como para tirar cohetes.
 
En cuanto a la habitación, ya encontré una habitación perfecta de tamaño, en una zona muy buena y en el centro y con mis compañeros de apartamento, todos asiáticos, muy bien aunque no hablan mucho y eso lo echo un poco de menos porque parecemos fantasmas por la casa.
 
 
 
 
En cuanto al grupo de amigos con el que hacer planes, he sido muuuy afortunada. Hacemos un montón de planes cada semana. Es una locura porque nunca he tenido la agenda tan ocupada y porque además, aunque vayamos a los sitios mas baratos de la ciudad, es un chorreo de dinero, pero ¿quién puede decir que no? Es complicado...Pero tengo que empezar a ponerme freno porque si no me veo durmiendo debajo de un puente...
 
El próximo fin de semana nos alquilamos una caravana y nos vamos de viaje a una zona super bonita con unas playas impresionantes, ¡Que ganas!.
 
Vamos a restaurantes a cenar, a bares a tomar copas, a casa de amigos, a bares, a fiestas en casas de australianos, a la playa a ver como surfean...Una pasada la verdad. Lo malo de esto es que la mayoría de la gente aquí está mas o menos de paso. Tres, seis, ocho meses, pero cuando mejor te lo estas pasando, mas complicidad tienes con alguien te das cuenta que esa persona se vuelve a España ya o no en mucho tiempo. Aunque casi cada día conoces a gente nueva, da pena que muchos se vayan yendo. Por eso quizás aprovechamos tanto el tiempo y hacemos tantos planes.
 
 
 
 
¿Que me gustaría que cambiase un poco? Tengo ganas de conocer a mas australianos. Como aquí hay gente de todas partes del mundo es muy difícil conocer australianos y así es difícil realmente saber como son. Además me gustaría practicar mas el inglés porque este grupo del que hablo es mayoritariamente español con los que, aunque a veces viene gente de otros países y hablamos en inglés, obviamente hablo en español.
 
Me encanta la ciudad, el ritmo de la vida, la forma de vida...Además cada día hace mejor tiempo y el verano está a la vuelta de la esquina así que esto solo mejora y mejora cada día.
 
El tiempo vuela como nunca, sobre todo cuando no quieres que lo haga. Ya llevo aquí un mes y, aunque siento como si llevase meses y meses, no quiero que esto se acabe.
 
Me tomé estos tres primeros meses, hasta navidades que vuelvo a España, para saber si podía vivir aquí, encontrar trabajo, sentirme a gusto...Y no se si voy a poder volver después de navidades porque es mucho dinero el que se gasta aquí (espero encontrar mas trabajo), pero me encantaría porque siento que podría vivir aquí una temporada larga sin cansarme. ¡Hay tanto que hacer, que ver!
 
Espero que las cosas vayan saliendo poco a poco y que mi vuelta a España en diciembre sea solo unas vacaciones de navidad y vuelva en enero para quedarme una temporada porque si no, me quedaría con ganas de mas.
 
 
 
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martes, 22 de marzo de 2011

¿QUE QUIERES HOY PARA COMER?

Es increíble la cantidad de restaurantes que hay en esta ciudad. Cubano, chino, italiano, tailandés, brasileño…Puedes encontrar restaurantes de todos los tipos en todas las zonas pero lo que mas me gusta es que puedes encontrar restaurantes buenos y baratos.

He probado mas comida internacional que en mi vida. Cuando vivía en Madrid lo más internacional que comía era el arroz tres delicias y los rollitos de primavera del chino, bueno, y el día que nos sentíamos con ganas de experimentar nos tirábamos a la piscina, ternera con setas. Todos sabíamos que eso no tenía pinta de ternera pero fuera lo que fuese estaba bueno.

Un día, para una cena de primas, mi hermana propuso ir a comer a un japonés y todas empezamos “¡anda! A un japonés, que nos vamos a quedar bailando…vamos a un restaurante de verdad donde sirvan platos que sepas lo que es y te llenen”. Nos gusta comer bien y en cantidad, no como tigres, esto solo en navidades, pero suficiente, y nos gusta saber lo que estamos comiendo, ¿o no?

Pero desde que llegué aquí, como parte de la experiencia, decidí probar diferentes comidas y creo que hasta ahora todas las que he probado me han gustado. A veces incluso cuando no sabes ni lo que estás comiendo porque te han dado el menú escrito con dibujitos raros, palitos atravesados y rayas una encima de la otra…Te dejas llevar por tu instinto, por la recomendación de la camarera o de tu amigo nativo, y te lanzas a la aventura.

La primera vez que comí sushi fue con Adrián, el amigo que me acogió en su casa mis primeros días en Nueva York. Llevaba una semana en mi nueva casa y para celebrarlo le dije que trajera a casa la comida que quisiera que yo invitaba.

Cuando aparece con una sopa, unas judías verdes y pescado crudo me vinieron un par de preguntas a la cabeza:

1. ¿Dónde está mi comida?
2. ¿Sopa en julio?
3. ¿Quién se va a poner a cocer ahora esas judías?
4. A ese pescado hay que darle mínimo vuelta y vuelta en la sartén
5. ¿Palillos?

Adrián se empezó a reír y me explicó. Me dijo que la comida era para los dos y que no me preocupara que no me iba a quedar con hambre. La sopa se llamaba sopa miso y es una sopa hecha de algas que se toma en cualquier época del año. Las judías no eran judías sino Edamame (vainas de soja) y estaban fritas así que nos las podíamos comer sin necesidad de cocer. Ese pescado era sushi y no era necesario calentarlo, así tenía mas sabor. Y después llegó lo más complicado, como usar los palillos. Tiene su técnica y no te creas que es fácil. Yo parecía que tenía los dedos atrofiados y no paraba de tirar las cosas en la mesa pero no me quería rendir, era divertido. Que si este dedo apoyado aquí que si este otro suelto para el movimiento. En la teoría bien pero a la hora de coger el sushi…nada, así Adrián se estaba poniendo como un kiko mientras yo no había probado bocado. Menos mal que la sopa se tomaba con cuchara y la soja con la mano. ¡Al final conseguí comer el sushi con palillos! Adrián me dijo que una persona que sabe comer correctamente con palillos lo demuestra si es capaz de coger un único grano de arroz sin problemas y yo, de chiripa, ¡lo hice! Esa noche tardé como dos horas en cenar pero me lo pasé genial y la comida estaba deliciosa. Aunque al rato tenía mas hambre que un león en una huerta. Ahora como sushi una vez a la semana porque me encanta y siempre que voy a un restaurante asiático como con palillos. Lo tengo dominado ;) Me han llamado de la universidad de Pekín para que de un cursillo de cómo comer con palillos pero esta semana estoy muy liada así que les he dicho que ya iré J

Otro de los restaurantes que más me ha gustado y mas económico en la ciudad ha sido un restaurante tibetano muy pequeño pero con comida auténtica llamado Himalayan Café en lower east side.


Para comer comida japonesa tradicional más allá del sushi sentada en un tatami voy a Red & Black ¿Sabías que los japoneses son famosos por sus barbacoas? Yo tampoco pero cuando la probé me encantó.


Para comer ricas arepas venezolanas acompañadas con un zumo natural nada mejor que Caracas Arepa Bar Por menos menos de $15 puedo comer en pleno koreatown en Man Doo Bar, un restaurante bastante bueno, mientras veo como hacen los dumplings de forma artesanal. Que me apetece un burrito o una quesadilla, a uno de los Qdoba de la ciudad. Hoy quiero indio, me voy a Indian Taj que está en pleno SOHO. Pero si lo que quiero es una cena íntima y comida de nueva cocina a muy buen precio voy a Dieci que es un restaurante fusión donde suelo comer dumplings, una deliciosa ensalada de manzana y unos fetuccini caseros a la carbonara deliciosos. ¡Y todo con palillos! Imagínate el espectáculo la primera vez que fui…

Estamos en América así que por supuesto hay miles de restaurantes con las típicas patatas con queso y beicon, las alitas, las costillas con salsa barbacoa, los nachos con queso, los palitos de mozzarella, perritos calientes, ensalada Louisiana, ensalada Dakota, ensalada Kentucky, ensalada Matalascañas, todas las ensaladas que quieras y por supuesto las hamburguesas. Desde el primer día tengo un pepito grillo que cuando me apetece una hamburguesa me dice “No te vayas a meter en un mac donals que te veo Timoteo…cuando digo mac donals tampoco me vale burger king...” Te voy a decir el sitio mas curioso y con las mejores hamburguesas que he probado en Nueva York pero que quede entre tu y yo para que no suban los precios shhhhhhh. Burger Joint es una hamburguesería escondida detrás del hall de un hotel al lado de la quinta avenida. Solo sirven 3 tipos de hamburguesa, patatas y refrescos así que no te tiraras horas pensando que comer. Comer en cualquier de los restaurantes que te he dicho por menos de $16 (unos 12€), es genial.

Para postres, aquí tenéis a la experta. Algo típico americano son las cupcakes que son unas magdalenas como las nuestras pero con crema encima y algunas con crema dentro. La crema puede ser de nata, chocolate, fresa, plátano, café... Esta es una de las mejores tiendas para comprarlas Crumbs pero también hay unas muy ricas en El Mercado de Chelsea. En casi cualquier Diner se puede pedir una rica tarta de queso al estilo Nueva York. Otra opción es ir a Pinkberry que es una cadena que sirve helado de yogurt aunque ahora tiene otros sabores, con toppins de lo que tu quieras, dulces, fruta…Aquí probé por primera vez el mochi que al parecer es un derivado del arroz pero que parece y sabe como las gominolas blancas de toda la vida.

Si después de cenar con unos amigos siento la necesidad de bajar la comida haciendo ejercicio. Me voy a hacer pesas, al pub irlandés más antiguo de Manhattan. Sube la jarra de cerveza, baja la jarra de cerveza, trae que tengo sed otra vez, sube y baja…y así un par de rondas y nos ponemos rápido en forma. Este bar, Mc Sorleys, es bastante curioso porque es muy antiguo y la decoración es muy original. Además al pedir una cerveza te dan dos jarras y por esto solo te cobran $5. Cerveza suave o cerveza fuerte, nada más.


Sobre los restaurantes españoles, es difícil encontrar uno bueno y cuando lo haces te cobran unas cuentas que parece que has comido en el Ritz. Una vez me cobraron $30 por una tortilla de patata encima era para llevar. Una y no más Santo Tomás. He probado unos seis restaurantes españoles en Manhattan y uno en Brooklyn. El ambiente suele ser bastante español, aunque la mayoría de los trabajadores no lo son, y la comida no está mal pero no tiene los mismos sabores. Está claro que la materia prima no es la misma y eso hace mucho pero además en algunos restaurantes se aprovechan de que lo español está de moda para darte lo que les da la gana. Igual te dicen en el menú pulpo a la gallega y tu te esperas esa fuente redonda de madera con sus patatas hervidas y su pulpito cortado a lo transversal con ese aceite de oliva, ese pimentón por encima y esa sal gorda que le da un sabor tan especial y te llega un pulpo a la vinagreta, que está bueno pero que no es lo que tu has pedido, y desde luego no es el clásico pulpo a la gallega, pero aquí les pones eso y aplauden. O te plantan esas gambas al ajillo que parecen langostas de grandes y tienes que cortarlas con sierra mecánica.

Seguro que existe un buen restaurante español así que seguiré buscando y si lo encuentro te digo, mientras, a lo mío con los palillos J


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domingo, 6 de marzo de 2011

NOCHE DE TEATRO EN ESPAÑOL Y DE CHICO DESCONOCIDO

Ayer fui a ver “La Strada”. Una adaptación al teatro de una obra de Federico Fellini por una compañía española pequeña, a la que da nombre el título de esta obra, pero bastante interesante que estrenó en uno de los barrios mas bohemios, para mi gusto al menos, de la ciudad, el East Village pero que posteriormente llevara a gira a ciudades como Washington D.C, Miami y, cruzando al viejo continente, España e Italia.



Había quedado con unos amigos a las ocho menos cuarto en la puerta del teatro. Yo había tenido clases todo el día y mi última clase había terminado a las siete y cuarto a cincuenta calles de donde se encuentra el teatro así que corriendo fui al metro, baje las escaleras y justo en ese momento el tren entraba en la estación, “¡gracias!”. Cogí el tren seis y estuve sentada unas siete paradas hasta llegar a la mía, bleecker st. Bajé del tren corriendo, subí las escaleras volando, rápidamente crucé cinco calles y por fin llegué. Eran las siete y cuarenta y tres. No me lo podía creer, no solo había llegado a tiempo sino que además había llegado antes de la hora. Como no, mis amigos no estaba allí pero hacía mucho frío así que entré dentro del teatro.

En la entrada había una chica payaso para dar la bienvenida que me saludó. El teatro es bastante pequeño, tiene dos plantas y en la entrada hay un pequeño recibidor que da a unas escaleras abiertas para subir al primer piso. No se porque pero cuando entré en el teatro, y justo después de saludar a mi amiga payaso miré hacía arriba en las escaleras y había un chico bastante mono que, casualidades de la vida, miró hacia donde yo estaba cuando yo le estaba mirando. “¡Que vergüenza!” pensé, seguro que se piensa que estaba mirándole a él cuando solo he dirigido la mirada hacía arriba para ver que había por allí.

Mis amigos tardaban y tardaban y la chica payaso no paraba de hablar conmigo y con otra mujer y la situación estaba empezando a ponerse un poco incómoda así que cogí el teléfono para ver donde estaban mis amigos.

Payaso (en inglés): “Ya veo, estas haciendo el truco de la llamada de teléfono en la situación incómoda. Seguro que ni si quieras has marcado, solo estas haciendo como si llamaras, ¿verdad? A ver, voy a llamar yo también” cogiendo uno de los folletos de la obra. Todo en clave de humor por supuesto pero yo con una vergüenza, porque mi intención era llamar a mis amigos de verdad para saber donde estaban, de paso, evitar esa situación incómoda de no saber de que hablar con un payaso que se intenta reír de ti.

Yo (en inglés): “ ¡No, no! Estoy llamándoles de verdad. Quiero saber si vienen ya”.

Payaso: “¿De dónde son tus amigos?”.

Yo: “de España”.

Payaso: “’¡Ah! Ahora lo entiendo todo…Ya sabes como son los españoles, siempre llegan tarde, su frase es “mañana mañana” (esto en español). Seguramente están durmiendo la siesta ahora, jajaja”.

Yo con cara de… ¿no notas algo en mi acento? Le dije: “Yo también soy española…”

Payaso: “ah….” Cortada y sin saber que decir, aunque solo por medio segundo, “bueno pero ya sabes, no todo el mundo es igual, siempre hay excepciones y seguro que tu eres una de ellas”.

No se porque todo el mundo piensa que los españoles somos impuntuales y que siempre estamos durmiendo la siesta. Hace años que no me duermo una siesta, y eso me duele en el alma… En su cabeza el día a día de un español es como: Nos levantamos a las doce de la mañana, desayunamos un bocadillo de tortilla de patata con nuestro vaso de vino o nuestra cerveza, después vamos a trabajar pero no mucho…un par de horitas es suficiente. A las dos o así nos vamos a tomar el aperitivo, que si unas cañitas, que si unas tapitas…pero dejando sitio para la paella que nos espera en casa. Llegamos a casa, ración de paellita y a la siesta que llevamos un día muy duro. Cuando nos levantamos de la siesta  nos vamos a ver una corrida de toros con la bota de vino al hombro, eso si no nos toca torear a nosotros esta tarde. Después nos damos una duchita y nos arreglamos para ir con nuestros amigos a bailar un poco de flamenco, todos los españoles sabemos bailar flamenco, sin clases ni nada, y más comida y más alcohol, la sangría que no falte y jiji y jaja. A eso de media noche cambiamos de ambiente y dejamos el flamenco y nos pasamos a algo más internacional, nos vamos de fiesta. Y mas alcohol y venga, dale dale…A las seis de la mañana cierran el sitio así que nos vamos a desayunar porque eso de bailar da mucha hambre. Unos churritos con chocolate, aunque sea agosto. Entre ponte bien y estate quieto te han dado las siete de la mañana o mas. A casa a dormir que mañana hay que trabajar, aunque sean solo un par de horas.

¡No hombre no! Que aunque esto sea el sueño de casi todo español, para mi gusto quitando lo de los toros y lo del flamenco, no es la realidad. Ha habido una evolución entre Alfredo Landa y nuestra generación, no se si para bien o para mal pero la ha habido.

Afortunadamente en ese momento de “si la situación era incómoda con el payaso, ¿Cómo la denominaríamos ahora?”. Apareció un chico español detrás de nosotras diciendo que los españoles no dormíamos la siesta cada día, que eso era un mito. ¿Quién era el chico? ¡El chico de las escaleras! Que vergüenza…Había bajado a hablar con nosotras…no se si porque estaba aburrido arriba, por echarme una mano sobre la siesta y el llegar tarde con la payaso…pero hay estaba.

Era moreno con los ojos oscuros, moreno de piel también, mas alto que yo, fuerte pero no súper cachas, atractivo y educado. Tendría unos treinta o treinta y algún años y su forma de vestir era muy española.

Así que empezamos a hablar el chico, la chica payaso y yo. El chico a demás de ser bastante mono era muy simpático pero a mi me daba tanta vergüenza la situación, no se porque, que a penas le miraba a los ojos y me limitaba a reírme con los comentarios o a decir pequeñas frases, pero no vayas a pensar en plan pava de “me encantas y no se como reaccionar en esta situación” ¿o si? No lo había pensado así.

Estaba deseando que llegaran mis amigos los que parecían que llegaban tarde seis horas, aunque solo lo hicieron quince minutos, que está muy bien para ser españoles. Pero por otro lado no quería irme, era muy simpático pero me podía la vergüenza. ¿Existirán clases como las de protocolo pero para saberse comportar delante de un chico que es atractivo para ti? Que alguien me mande la información por favor porque necesito un curso intensivo.

Llegaron mis amigos y con los saludos y el anuncio de que la obra ya empezaba le perdí la pista. Nos sentamos en octava fila más o menos y yo no paré hasta localizarle. Estaba en primera fila. Hasta ese momento no había caído que había ido solo al teatro y que eso era un poco intrigante. Luego me di cuenta, seguro que su novia o amigo/a es un/a de los que actúa. Le tuve fichado toda la obra. Durante el descanso se levantó para ir al bar, yo estuve pensando si ir o no pero si hubiera ido, ¿Qué hubiera dicho? Ya se que no es algo tan extraño, sales, pides una bebida disimulando que no le has visto el se acerca o te acercas tu al verle y le preguntas si le está gustando la obra. Vale, parece muy sencillo y probablemente lo es pero una cosa es darle consejo a una amiga para que se lance y otra cosa es lanzarse. Siempre me pasa lo mismo, yo no valgo para esto.

Para que me guste un chico es súper difícil, siempre le pongo pegas. No tiene que ser el mas guapo y el mas cachas, no no, tiene que tener algo especial para mi y no se porque es súper difícil encontrar alguien así. Pero cuando encuentro a alguien interesante y mono me quedo como paralizada. Ridículo pero ¿Qué puedo hacer?

Volvió del descanso otra vez solo y se sentó. La obra continuo. Cuando la gente empezó a levantarse al terminar la obra le perdí la pista con toda esa gente delante. “Por favor que no me dejan ver donde está el chico que no se ni como se llama y al que me da vergüenza hablar” pensaba.

Estuvimos hablando con los actores por que mi amiga conocía a uno de ellos. Muy simpáticos, la protagonista de Madrid y El Loco y Zampanó de Santander. El resto de los actores no eran de España pero eran muy simpáticos también. Me gustó mucho la cercanía que mostraron.

Nos pusimos los abrigos y bajamos las escaleras. Yo ya había sacado el pañuelo blanco de rendición. “Que pena, tenía que haberle dicho algo. Parecía muy agradable” pensaba mientras bajábamos las escaleras entre la multitud y cuando estábamos al lado de la puerta principal para salir veo que el chico está en la puerta, fuera en la calle, al otro lado del cristal de la puerta, esperando. “¿Esperando a que? ¿A quien? ¿A mi para decirme algo? No no no, estas cosas no pueden pasar en la vida real, ¡si si si! Va a decirme algo” rondaba mi mente mientras abría la puerta a mis amigos para que salieran.

Salí, le miré, me miro, nos sonreímos y me fui. “¡¿Eres tonta?! Acabas de dejar escapar la última oportunidad de hablar con él. Nunca vas a volver a verle. Pero un momento, él tampoco me ha dicho nada y se supone que los chicos son menos vergonzosos para estas cosas. Eso significa que simplemente estaba siendo simpático contigo pero nada más. No le interesabas lo mas mínimo”.

Caminé con mis amigos hacia un bar que está al lado del teatro para cenar algo. Estaba enfadada por no ser capaz de reaccionar en estas situaciones. No por no haber hablado con él, que también, pero sobre todo por no poder controlar estos momentos.

La camarera nos dio la mesa que estaba al lado de la ventana que daba a la calle por la que habíamos venido. Me senté pensando en lo idiota que era. Primero nos miramos en la escalera, después el baja a hablar con la chica payaso y conmigo, después él está esperando no se que fuera en la calle. Habían sido como varias pequeñas cosas que, siendo idealista, indicaban algo, aunque siendo realista quizás no.

Yo me senté en la silla pegada a la ventana. Vi pasar a gente que había visto en el teatro porque esa era la dirección hacía el metro mas cercano. De repente, lo vi pasar. No estaba mirando atentamente, estaba hablando con mis amigos pero al estar tan pegada al cristal. Iba solo, no estaba esperando a su novia como yo pensaba. Habrían pasado unos dos o tres minutos desde que le había visto en la puerta del teatro. No se que habría estado esperando pero no espero mucho mas tiempo. Entonces le miré y sonreí. Pero no sonreí para decirle hola, sonreí porque me sorprendió verle otra vez. Él estaba mirando al suelo. Pero una décima de segundo después, cuando yo ya estaba mirando a mis amigos porque pensé que él no se me había visto, ví por el rabillo del ojo como giraba el cuello para mirar para atrás y como daba un paso para atrás para mirar por la ventana. No me lo podía creer. Pero como siempre, reaccioné tarde así que cuando volví a mirar por la ventana él había echado a andar.

Otra vez…algo extraño, no se que, pero no me digáis que estas cosas que os cuento no son raras. Quizás estaba mirando como iba el partido de baloncesto en la televisión en vez de mirándome a mi. En ese momento empecé a pensar, “por favor que entré al bar a decirme algo, que me diga que si quiero quedar con él un día a tomar algo”. Y he de reconocer que por unos treinta segundos estuve esperando a que entrara pero no lo hizo.

Que triste, pero quizás así es mas bonito. Es imposible que volvamos a vernos, hay millones de personas en esta ciudad pero creo que esa noche será de las típicas que nunca olvidas o que recuerdas sonriendo cuando algo te la recuerda. Una buena obra de teatro y un chico desconocido que invade tus pensamientos. Esa noche soñé.


Sobre la obra:

La obra fue representada en español pero en un lateral del escenario tenían una pantalla con subtítulos en inglés para que la gente que no entendía español pudiera seguir los diálogos aunque no era muy necesario porque con su estupenda escenificación no hacían falta palabras.

Es una obra en la que se mezclan momentos muy divertidos, con la actuación de los payasos, momentos muy tiernos, como cuando El Loco le presenta sus palomas a Gelsomina, crueles, como cuando Zampanó trata de esa forma a Gelsomina o su forma de reaccionar con El Loco, no digo mas sobre esto, debéis ir a verla J

El argumento básicamente es la vida de un artista ambulante, Zampanó, que compra a una chica muy ingenua e infantil a la madre de esta para trabajar con él como asistente es sus actuaciones. A pesar de cómo la trata él, ella continúa a su lado y cada vez que discuten y ella decide irse siempre acaba quedándose. También aparecen otros personajes al principio, los payasos que nos van relatando la historia y el divertido El Loco. Un hombre que hará dudar a Gelsomina sobre lo que ella realmente quiere y sobre lo que además quiere Zampanó.

Los actores muy buenos, me identificados con su papel y muy profesionales. A pesar de ser un teatro pequeño y sin grandes escenografías no lo eché de menos, todo lo que había era mas que suficiente. Para mi gusto, esta es la forma mas mágica de hacer teatro, no teniendo mucho pero haciendo que la imaginación de los espectadores viaje lejos.

No os cuento nada más, y, para los que estáis aquí, os animo a que vayáis a verla porque realmente merece la pena y es una forma de apoyar nuestra cultura en otros países.

Os dejo el link de su web por si queréis echarle un vistazo:


miércoles, 2 de marzo de 2011

UN VIERNES COMO OTRO CUALQUIERA: SUBASTA BENÉFICA, ENCUENTROS INESPERADOS Y MENSAJES SORPRENDENTES ¿QUÉ MÁS SE PUEDE PEDIR?

El viernes por la mañana tuve clase en la escuela de inglés, como cada día, y después me fui a hacer los álbumes. Estoy trabajando para una amiga mejicana que a su vez trabaja para una compañía que tiene máquinas de hacer mini álbumes de fotos instantáneos en Manhattan. Mi trabajo consiste en ir a unas tiendas determinadas y hacer el número de mini álbumes que ella me dice. Me pagan por cada vez que voy $17 y además me puedo quedar con los álbumes por lo que merece la pena. Voy dos veces en semana y cada semana hago unos doce. Los álbumes son de bastante buena calidad y una forma perfecta y gratis de organizar mis fotos digitales ya que al final nunca las imprimo.

La verdad es que estoy muy contenta con este trabajo porque puedo ir a la hora que más me convenga, el día marcado, y los álbumes son bastante buenos. Aunque después de más de sesenta álbumes hechos, me he quedado sin fotos así que ahora estoy enviando correos a mi familia y a mis amigos para que me manden sus fotos para poder hacerles álbumes a ellos. Que si cuando mis amigas fueron a Marrakech, que si cuando mi prima fue a Cancún, que si el bautizo de mi primo pequeño…Y lo que he hecho es poner una foto mía de fondo en plan donde está Wally para que cuando miren detalladamente el álbum me encuentren, aunque no estaba allí.

Esta vez me tocó en pleno Times Square, la zona donde los neoyorquinos hacen la cuenta atrás para entrar en el año nuevo, como nuestra puerta del sol de Madrid pero con muchísimas señales luminosas publicitarias y grandes pantallas con anuncios, imágenes de la ciudad, un vaquero casi desnudo tocando la guitarra, un Elmo sonriendo a los niños y cobrando a los padres por hacerse una foto con él etc. etc. Estaba lleno de turistas, como de costumbre, y era muy difícil caminar pero conseguí llegar hasta el café japonés donde había quedado con mi amiga para hacer un intercambio de español-inglés durante dos horas. Esto funciona bastante bien porque es gratis para las dos y ambas ponemos el mismo esfuerzo en ayudar a la otra a mejorar ese idioma porque nosotras mismas estamos en la misma situación.

Este café está en frente de Bryant Park, sexta avenida y calle cuarenta y dos, a un par de calles de Times Square. Me gusta bastante porque es auténticamente japonés y para estar en el centro de la ciudad es bastante barato, eso si consigues hacerte entender con los dependientes japoneses con ese acento característico suyo. Normalmente cuando voy a ese café como sushi o, si ya he comido y esa semana he tenido bastantes clases, me doy un lujo pidiendo el mejor Chai Tea Late que he probado nunca.

Es gracioso porque durante el intercambio con mi amiga, estuvimos hablando sobre el chico americano con el que tuve una historia, y que ella conoce, y otro amigo español bastante latin lover que le presenté a esta amiga en una cena y que vivía en Nueva York pero que en navidades se volvió definitivamente a España. Mas adelante entenderéis porque digo esto.

Después del intercambio me fui a la Spanish Benevolent Society Gallery o lo que aquí en Nueva York se conoce como La Nacional. Este centro está situado en la calle catorce entre la avenida séptima y la octava, la zona donde, a principios del siglo XX, los inmigrantes españoles que cruzaron el charco en busca de mejores oportunidades se establecieron. Por este motivo esta zona empezó a conocerse como “Little Spain”. Se calcula que más de 30.000 españoles vivían en Nueva York en esa época.

Es un edificio muy bonito con un restaurante español en el sótano, una sala de exposiciones en la primera planta y unas oficinas en la segunda planta. También en El Centro se dan clases de español, de flamenco, de guitarra etc. Puedo decir que es español auténtico y no como muchos sitios que he visto en la ciudad que solo tienen de español el menú, que no la comida.

Una de mis amigas españolas que vive aquí era la comisaría de una subasta benéfica de diferentes piezas artísticas que nueve jóvenes artistas españoles habían donado para recaudar fondos para un orfanato en Nepal.


Cuando llegué allí había bastante gente, la mayoría españoles o latino americanos, pocos americanos. Dos chicas jovencitas estaban pasando canapés y en la barra una camarera te servía vino español, tinto o blanco al gusto, o cerveza de forma gratuita pero como era una causa benéfica con cada consumición la gente dejaba una propina que iba destinada a ayudar a este orfanato.

Saludé a mi amiga, a su novio y a algunos amigos más. Cual fue mi sorpresa cuando vino a saludarme el chico español, el latin lover, del que había estado hablando una hora antes con mi amiga en el café.

“¿Qué haces aquí? le dije.

“He venido unos días porque en España no estaba haciendo nada”.

“¿Hasta cuando te quedas?”.

“Voy a estar por aquí tres semanas. Como no tengo que pagar apartamento porque me estoy quedando en casa de la colombiana aprovecho para quedarme mas tiempo.”

“Pero, ¿Y si aparece el marido de repente?”

“Está en San Francisco y no creo que coja un avión de mas de seis horas para darle una sorpresa, o al menos eso es lo que me ha dicho ella.”

Sobre este chico ya os contaré en próximos posts porque merece la pena conocer su historia aquí.

Fue interesante encontrar a un monje budista en la exposición. Iba vestido con el típico hábito color burdeos, un abrigo burdeos encima y la cabeza rapada al cero. Resultó ser uno de los profesores del orfanato. Me pareció curioso que a pesar de que él era el representante del orfanato en la subasta, parecía estar bastante perdido en aquella sala llena de gente que no paraba de beber, comer, reír y que vestía sus mejores galas para el evento. Supongo que el estaba deseando que terminara todo aquello. Estuve fijándome en el casi toda la noche, no habló a penas con la gente pero estaba observando muy atentamente. No se cuantas veces este monje había salido de Nepal pero parecía estar perdido entre esa multitud, o quizás en sus pensamientos.

Bebí una cerveza estrella de Galicia, para sentirme más como en casa, y comí un par de canapés pero no muchos pues ya se sabe que en este tipo de eventos, aunque la comida sea deliciosa y tú no hayas probado bocado durante el día, no puedes comer mucho por eso del protocolo supongo.

Llegué a casa con sabor español y con más hambre que los pavos de Manolo. Así que como quería seguir siendo fiel a mi patria, me preparé unos huevos estrellados con jamoncito ibérico encima. ¡Delicioso!. Por un momento sentí estar en casa…Mi padre y yo solíamos hacerlos cuando no había “nada determinante” para cenar. Esta frase es auténtica de mi madre.

“¿Mama que hay de cena?”

“Nada determinante.”

“¿Papa hacemos unos huevos estrellados con jamoncito o pan Tumaca?”

“Lo que tu quieras hija.”

Durante mis últimos meses en Madrid las noches de nada determinante eran mas frecuentes y a mi me encantaban.

A eso de la una y media de la mañana me fui a dormir. Me quedé dormida enseguida agarrada a mi almohada y con una pierna fuera del edredón. A las tres de la mañana suena un mensaje en mi móvil americano.

“¿¿¡¡Quien me escribe a estas horas!!??” y leo: “Hola Marta!! ¿Dónde estas? He aterrizado en Nueva York hace un par de horas y me apetece verte. Estoy en el SOHO tomando algo con unos amigos. ¿Quieres pasarte?”

Era el chico americano con el que tuve una historia. No me lo podía creer. Esa misma tarde había hablado con mi amiga sobre él y sobre el chico español. Uno se suponía que estaba en Madrid y el otro en Londres. A uno me lo encuentro en la subasta benéfica y el otro me manda un mensaje a las tres de la mañana diciéndome que está en Nueva York. ¿Existe la ley de la atracción, esa ley que dice que lo que tienes en tu mente o de lo que hablas acabas atrayéndolo, o fue casualidad? De haberlo sabido habría hablado con mi amiga del dinero que me iba a haber encontrado en un sobre metido en el coche que iba a haber ganado en un concurso que me iba a haber encontrado por casualidad en la calle y cuyo presentador iba a haber sido George Clooney, solo por si acaso.

Le contesté que no podía ir, no le di explicaciones como manda la ley de mantén el secreto para hacerte la interesante porque si no va a saber que eres una persona normal que, aunque vivas en la ciudad que nunca duerme,  puedes estar un viernes a las tres de la mañana en la cama sin que signifique esto que eres una marmota.

Sobre este chico también os contaré otro día porque hay muchas cosas curiosas, graciosas, únicas, extrañas…que me han pasado con él.

Así acabo mi noche del viernes, con un poco de insomnio sorprendida por el mensaje pero finalmente cayendo en un sueño profundo en el cual vivía en la ciudad donde hasta lo imposible era posible.




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