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miércoles, 5 de noviembre de 2014

AKUMAL, NADANDO CON TORTUGAS EN LIBERTAD

Una de las experiencias mas interesantes de mi vida, nadar con tortugas en libertad. Hacía muchos años que tenía en mi cabeza esta idea pero no es fácil encontrar un lugar donde poder hacerlo de forma natural. No en un parque acuático o en un zoo, si no en su ecosistema, respetuosamente, pero de forma mas cercana. 

Akumal es un lugar ideal donde poder nadar con las tortugas de una forma tranquila y sin cientos de turistas al rededor.

Esta excursión desde Playa del Carmen también decidimos hacerla por nuestra cuenta ya que los paquetes para nadar con tortugas que ofrecían en las agencias y hoteles costaban entre 40-60€ y nosotras solo gastamos menos de 4€ por persona en la furgoneta colectiva que nos llevó y nos trajo y 6€ que nos costó alquilar el equipo de snorkel para todo el día. Total: 10€/persona.

"¡Akumaaal!" grita el conductor. Tardamos poco mas de media hora desde Playa del Carmen. La furgoneta nos deja en la carretera y tenemos que andar un poquito hasta llegar a unas tiendecitas pequeñas con recuerdos, con unos precios ridículamente caros. Sin darnos cuenta, tomamos un camino a la izquierda, ¡error!, pero en ese momento no lo sabíamos...

Si no hubiera sido por que estábamos a unos noventa grados a la sombra, el paseo hubiera sido bastante agradable ya que nos metimos por una urbanización con casitas blancas muy monas, y casazas, que daban directamente al mar. Después de un buen rato intentando acceder a la playa, nos dimos cuenta de que toda esa zona era privada, cada casa tenía su acceso particular a la playa. Así que, NO GIRAR A LA IZQUIERDA, SEGUIR RECTO Y LUEGO A LA DERECHA y encontraréis sin problema la playa.


                                                


Antes de llegar a la playa, hay un centro de snorkel y submarinismo donde alquilar el equipo para practicar estos deportes además de baños, duchas y taquillas. Nosotras alquilamos el equipo y nos fuimos hacia la playa.

La playa de Akumal es bastante tranquila, no hay mucha gente, sobre todo por la mañana. Puedes encontrar algunos turistas pero también había familias locales con sus neveras, su música y sus juegos. Es curioso que estos locales se bañaban con camisetas y solo hasta media cintura. Es posible que no supieran nadar o le tuvieran respeto al mar. 

Nos pusimos el equipo y nos fuimos hacia el mar, un mar turquesa, como en toda esta zona de Méjico.


                                       


Una playa normal, como cualquier otra en la que hubiéramos estado los días anteriores, ni rastro de tortugas. El fondo totalmente claro y nada que nos diera pista de como llegar a la zona de las tortugas. Después de unos diez minutos nadando hacía el interior, "¡grughghgrughg!". Tubo en boca, gafas puestas y los pelillos de punta. Le hago señales a mi amiga para indicarla que tengo delante de mi una tortuga enorme, la primera que había visto en mi vida en libertad, a mi lado, ¡y gigante!.

Después de tragar agua por el tubo, y por un tubo, de la emoción que me había dado verla, saco la cabeza del agua y le digo a mi amiga "¡Aquí hay una!". Me hizo muchísima ilusión ver aquella tortuga. Pelillos de punta, piel de gallina, litro y medio de agua salada en mi cuerpo y yo mas feliz que una perdiz.

Nos pasamos unas horas nadando, viendo mas tortugas, viéndolas nadar, comer, siguiéndolas, buscando mas, encontrando las zonas donde mas había, las zonas de pasto a las que se acercan a comer. Una experiencia irrepetible que recomiendo a todo el mundo.


                                           


Las tortugas marinas son animales preciosos. Su caparazón con diferentes muescas que al final hasta nos dejaba reconocer a unas y a otras. La forma tan curiosa que tienen de comer sacando la cabecita mas para poder alcanzar el pasto. Algo que me sorprendió mucho, la velocidad que tienen nadando, a veces era difícil seguirlas cuando salían escopetadas. Y lo que mas nos gustaba, cuando salían hacía la superficie a coger aire para volver a sumergirse.

También vimos una manta pequeña que se camuflaba en la arena blanca y salía de vez en cuando para nadar un poco. Muy curiosa.

La sensación de estar en un medio tan natural, tan auténtico, tan bonito y poder disfrutar de su fauna sin molestarla y poder ver, a lo gran hermano, como se comporta tan cerca de ti te hace sentir de una forma muy especial,  algo difícil de explicar pero que recomiendo a todo el mundo porque, como he dicho antes, fue una de las experiencias mas emocionantes de mi vida. Me sentía como una niña, llena de ilusión.

Siempre he querido hacer un voluntariado con tortugas marinas, ver como desovan las adultas, hacer mediciones de estas, ver salir a las tortuguitas de los huevos, ayudarlas a llegar al mar... Pero después de esta experiencia, sin duda, es algo que voy a hacer y espero que muy pronto.



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miércoles, 23 de abril de 2014

LO MEJOR Y LO PEOR DE VIVIR EN ROMA

Cuando me mudé a Roma para vivir una temporada en Italia, tenía una idea bastante diferente sobre lo que me iba a encontrar allí de la que traigo a España al volver. 

Dicen que los españoles y los italianos nos parecemos mucho. Yo misma pensaba así antes de llegar. No es verdad. Somos muy diferentes. Bueno, si comparas nuestras similitudes con las similitudes entre un esquimal y un italiano o un esquimal y un español, pues si, los italianos y los españoles nos parecemos. Pero si hilas mas fino... la cosa cambia.

Es curioso comprobar que en Italia la mayoría de los estereotipos se cumplen a rajatabla... ¡Mas que en ningún otro país! Convivir con ellos día tras día ha sido una experiencia curiosa, a veces irritante... Estas son las conclusiones que he sacado después de vivir un año en el país de Mario y Luiggi:

La comida:

No solo de pasta, pizza y helado vive el italiano. Tienen otros platos y unos dulces que quitan el sentido... Si a esta pasión por la comida y el comer le unes la pasión por los vinos, haces una mezcla, hipercalórica pero deliciosa.

Cada producto sabe a lo que tiene que saber. El tomate sabe a tomate, la albahaca te envuelve con su aroma, los quesos....ummmmm los quesos...





La mayoría de los italianos te hacen un plato de pasta delicioso con tres ingredientes sueltos que te quedaban en la nevera. Tienen una habilidad innata para la cocina.

En contra, no puedes encontrar muchos restaurantes internacionales en la ciudad. La gran mayoría son italianos, de diferentes regiones pero italianos, curioso siendo la capital.

Además, piensan que su cocina es la mejor del mundo. Si, es buena, a mi me encanta, pero creo que hay otras cocinas muy buenas también.

El lenguaje:

Y con esto me refiero al verbal y al no verbal. Es bien sabido que el italiano habla casi mas con las manos que con la boca ¡Y eso es un don! Poder comunicarte de diversas maneras hace mas rico el lenguaje ¿no?. A mi hace mucha gracia y, después de unos meses viviendo con ellos, se te acaba pegando un poco.




Pero me sigo quedando con el lenguaje verbal. Que maravilla... Aun sigo quedándome en la parra cuando me hablan en italiano. Aunque me estén diciendo "Voy a tirar la basura que huele a perro mojado" yo desconecto y solo escucho "lalalalalalaralalala oh sole mio laralalalala" Sigo sin ser inmune a este idioma, a pesar de todo...

También son gritones como nosotros. Eso debe de ser la sal del Mediterráneo que nos sube el tono de voz.

Los modales:

En cuanto llegues al aeropuerto, olvídate del por favor y del gracias. Recuerdo mis primeras semanas en Roma cuando iba a comprar cualquier cosa o preguntaba algo y decía por favor y gracias. No es que no me contestaran, es que ni me miraban a la cara... Como si no lo hubiera dicho. ¡Que majos! Una amabilidad, una cosita... Por supuesto, dejé de decirlo. Empecé a actuar como un robot. Llego a la caja, comida a la cinta, paso al otro lado, comida a las bolsas, me voy como si estuviera afónica.

No se puede decir que Roma se caracterice por un servicio al cliente estupendo... Pero seas turista o no. A la mínima te sacan de la tienda porque van a cerrar o te dicen en correos "ya si eso vente mañana que solo quedan quince minutos para cerrar...".

Ponte cómodo si tienes que hacer algo de burocracia... Puedes llegar a la edad de Matusalén y no haberlo conseguido aun. 

Los hombres:

¿Tienes tiempo? Por que si empiezo no acabo... Intentaré resumirlo.

Morenazo guapo que te sonríe dulcemente y te pregunta de donde eres. Al decirle que española, se le hacen los ojos chiribitas, como a ti se te han hecho cuando él ha abierto la boca. Te dan ganas de preguntarle "¿eras tu el que salías en el último anuncio de Dolce y Gabana?" Pero te contienes, en parte por que se te puede caer mas la baba al intentar hablar. 




Te dejas llevar por el latin lover, un "che bella che sei", un te miro con mi sonrisa de pícaro para derretirte, te mando un video por la mañana con la famosa escena de La Vita é bella "Buongiorno principessa" y te invito a cenar a un restaurante con velas y uno de fondo tocando la acordeón a lo La dama y el vagabundo. 




Y todo es perfecto, hasta que una tal Lucia llama al chico por teléfono y se pone tan nervioso que tira la vela que quema el mantelito de cuadros al mismo tiempo que entra otra chica por la puerta del restaurante, no es Lucia, gritándole y mirándote con cara de psicópata, y hasta la mismísima cocinera está implicada en la historia como la cuarta, o la quinta, ya me he perdido, y ha intentado envenenarte con la pizza que estabas a punto de probar por que nadie cena con su hombre... 

Y es que, lo de los italianos con el corteje femenino, es para estudiar. Que habilidad para el desdoblamiento de vida, que memoria para no liarla, que saber estar y que poder de organización. Impresionante. Ahora entiendo por que las italianas son tan celosas, normal.

Difícil hacerte amigas italianas, por lo ya explicado, pero también amigos italianos, por que no pierden oportunidad para darlo todo.

Pero lo que mas curioso me parece de todo esto es lo que yo llamo "la infidelidad asumida" y el machismo aun bastante presente en la sociedad. 


La familia:

En esto los españoles y los italianos nos parecemos bastante aunque, los italianos lo llevan mas al extremo, sobre todo los hombres con la mammmma. Estudios científicos recientes confirman que la mamitis aguda en Italia es una de las enfermedades mas extendidas en el género masculino, afectando en gran medida al genero femenino como daño colateral.

La idea de la ayuda entre la familia, disfrutar de buenos momentos juntos, grande comilonas, el siempre estar ahí para lo necesario, es algo en lo que me he educado y que comparto plenamente. Esto es algo que me gusta mucho de los italianos. ¡La de cosas que aprendí viendo El Padrino! ¡La familia es lo mas importante! :)




Relación con los españoles:

Simplemente diciendo que eres español, suelen tratarte bien. Tenemos cierta simpatía entre nosotros. Además, he conocido muchas parejas de italianos con españoles, sobre todo chicas italianas con chicos españoles, por que creo que solemos hacer bastante buena combinación. Nuestras culturas son similares. A nosotros nos encanta su acento y a ellos el nuestro. A nosotros nos encanta Italia y a ellos España. Y siempre es mas fácil para los suegros entender un "grazie" o un "gracias" que un "strugenbajen" o un "aligato".

Naturalidad:

Es difícil saber si cuando se te acerca un chico italiano es por simpatía, por hablar un rato o por que quiere ligar contigo directamente. Bueno, en realidad no es tan difícil. El 99,999% de las veces que se te acerque un chico italiano será para ligar contigo. Tener amigos italianos chicos, heterosexuales, es algo que aun no ha sido conseguido por una mujer a día de hoy pero se está trabajando en ello.

Entre el corteje y que, en general, los italianos son muy de pose, no considero que sean muy naturales en sus relaciones. Se ve todo un poco de cartón piedra.

¿Nacionalismo?:

Me sorprendió mucho descubrir que en Italia hay mucha separación entre en Norte y el Sur. Lo que dicen uno de los otros. Incluso que muchos italianos no se consideren parte de esta nación. Y pensábamos que en España estaba el patio caldeado...

Si vives una temporada en Italia te hartarás de escuchar a los italianos quejarse de Italia, del gobierno, de país, de la gente, del Norte, del Sur, de la mentalidad, de lo poco que cuidan todos los restos históricos y monumentos... Pero mucho ojito con que la crítica venga de fuera. Entonces es cuando se levantan en armas y puedes irte a casa calentito. "Italia es única, la antigua capital del mundo, con una historia y cultura que mas de uno quisiera para su país. La gente es la mas guapa y con mas elegancia, por no hablar de la comida y de la belleza variada del país". Es de esto de lo que tanto se enorgullecen los italianos, y deben hacerlo, pero a veces incluso rozando un poco la arrogancia o lo que yo llamo "ombligismo". 

Puedes ver la bandera de Italia en todas partes, en todas las prendas de ropa, calzado, cartera, pulseras... Eso es impensable en España.





A pesar de todo, Roma es una ciudad mágica. No es una ciudad fácil pero te hace crecer a pasos agigantados. Tiene cosas únicas y te hace sentir sensaciones que no he encontrado en otros lugares del mundo. Quizás un poco anclada en el pasado en muchos aspectos pero, aun así, mi valoración sobre esta aventura es mas que positiva. Me llevo muchas experiencias únicas y nuevos amigos para siempre. ¡Gracias Roma!




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jueves, 11 de julio de 2013

TRES MESES EN ROMA YA, EL TIEMPO VUELA...

Es cierto que Roma es una ciudad extrema, que amas o que odias. Cuando llegué aquí, veía todo de color de rosa, la típica vida italiana idílica y apasionada. Las decenas de estereotipos italianos se mezclan y aparecen a cada paso que das, en cada esquina y tu te sientes en una película de Benigni.

Pasadas unas semanas en la ciudad, vas descubriendo que no todo es tan de color de rosa, te das cuenta del caos de la ciudad, del tráfico, de que cada vez que cruzas por un paso de cebra o semáforo estas arriesgando tu vida, de que el transporte público no es tan bueno como tu pensabas, te acostumbras a ir como sardina en lata en el autobús o a esperarlo por cuarenta minutos un día de diario.

Tus pies empiezan a desear que la ciudad fuera asfaltada en vez de tener esos malditos adoquines que tantas veces te hacen torcerte el pie y que te hacen andar como una torcuata, y eso que yo no soy de tacones...

Por según que zonas, necesitas mucha paciencia y un equipo de rugby para pasar ya que hay ordas de turistas amontonados justo por donde tu quieres cruzar. Y olvídate de que te entre hambre o sed por el centro porque pagarás millones por una simple botella de agua.

Algunos italianos son muuuuy rancios. Te contestan mal o ni si quiera te contestan. Al saludarlos te miran como si fueras un bicho raro y pasan de largo sin hacer ni el menor amago de saludo.

Si tienes algún problema, tardas décadas en solucionarlo porque aquí parece ser que los relojes están prohibidos...Nueve días sin internet por un error de la compañía y unas veinticinco llamadas a atención al cliente me hicieron darme cuenta de esto.

Es en estos momentos cuando piensas "¿donde está la Roma de la que creía estar enamorada?"

Pero cuando menos te la esperas, aparece sonriendo y recordándote que está ahí. Unos niños pequeños jugando en un parque a los que te quedas embobada escuchando como hablan perfectamente ese idioma que tu estas aprendiendo, esa pastelera de barrio que te sonríe al atenderte y te regala un pequeño croisant como bienvenida al barrio a pesar de que ni tu la entiendes a ella ni ella te entiende a ti.

Ese arte por la buena comida, disfrutar de comprar los alimentos, cocinarlos, tomarte tu tiempo para ello, y después saborear cada bocado, sin olvidar esos dulces deliciosos que acaban con tu operación bikini.

Sentirte en el barrio como en casa, que los vecinos o los dependientes te digan "Buona giornata". Descubrir esos rincones tan especiales de barrio donde las cosas cuestan la mitad o menos que en el centro y donde el ambiente es puramente italiano.

Conocer gente nueva y darte cuenta que, igual que hay italianos rancios, también hay italianos muy agradables y divertidos. Empiezas a decir poco a poco frases en italiano y muchas otras veces a pensar e italiano pero, no aun con la suficiente seguridad como para decirlas en alto.

Llegas a casa después de un día duro, abres la ventana porque hace tanto calor que piensas que te va a dar un jamacuco y de repente suenan las campanas de la iglesia del barrio, escuchas los pájaros como salen asustados por el ruido y cuando todo acaba, tu vecina, con la ventana abierta también por el calor, empieza a tocar una preciosa canción al piano que te hace cerrar los ojos y pensar..."¡Que afortunada soy de estar aquí ahora!"

O simplemente, necesitas reconectar con la ciudad, con lo que tanto te gusta de ella, y te vas a dar un paseo por el centro, evitando las zonas mas turísticas o yendo a horas mas tranquilas, y te das cuenta de la belleza de la ciudad en la que vives, de que podrías pasar allí el resto de tu vida simplemente sentada en esa plaza, mirando el Pantheon, traspasando los muros del Coliseo imaginando lo que allí ocurría, cruzando el Tiber hasta el Trastevere y dejándote embelesar por la música de los artistas callejeros...

Entonces caes en la cuenta de que es lo que te llevó a esta ciudad, y no solo lo que te llevó hasta ella, si no lo que te atrapó y aun te atrapa, esa red invisible que te sujeta para que puedas vivir la experiencia plenamente.

Sin duda alguna, Roma, no basta una vida para conocerla. Hoy hace tres meses que llegué pero siento que aun queda tanto que hacer aquí que he decidido quedarme unos meses mas.


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jueves, 11 de abril de 2013

IMPRESIONES DE MI PRIMER DÍA EN ROMA

Después de facturar, pasar el control de seguridad, subirme al avión, bajarme del avión y coger el autobús que me llevaba del aeropuerto a la ciudad como una autómata sin darle mayor importancia o emoción, de repente, empezó a sonar una canción italiana en la radio del autobús, de estas canciones que, aunque no entiendas, tienen mucho significado para ti, que nunca antes has oído y que solo volverás a oír en un bar meses o incluso años después y que te hará sonreír y recordar ese momento con ternura y casi con la misma emoción que empiezas a sentir justo ahora ya que despierta tus sentidos y te dice "Aquí empieza todo". 

Solo en ese momento, me di cuenta de que empezaba una nueva aventura y que ya había llegado al destino, Roma. Un escalofrío recorrió mi cuerpo poniéndome la carne de gallina y los pelillos de punta. ¡Que bonita sensación! Espero que todo esto no fuera porque el conductor pusiera el aire acondicionado...

Antes de llegar a Roma, contacté con una española que alquilaba la otra habitación del apartamento donde vivía. Me gustó bastante la habitación que alquilaba y el barrio así que reservé la habitación para pasar unos días allí y decidir si me gustaba o no.

María, la chica española, insistió en venir a buscarme a la estación de tren y así ir juntas hasta casa, a unos quince minutos andando. Cuando bajé del autobús allí estaba. Un corto camino charlando sobre el viaje nos llevó a casa, el típico edificio italiano de techos altos e infinidad de escaleras, ¡quinto piso sin ascensor! Menos mal que María me ayudó...

La casa me encantó, tal y como la había visto en las fotos aunque aun mas grande. ¡Tenemos hasta un balconcillo! En mi habitación, bastante grande, unas margaritas naturales en la mesilla dándome la bienvenida :)



"¿Prefieres cenar en casa o tomamos algo fuera?" Me preguntó María. "Estoy un poco cansada pero no tengo nada de comida así que si quieres cogemos una pizza en la calle y..." "¡No! ¡No te preocupes por eso! Hacemos algo de pasta que tengo y ya está..." Mientras me hacía un poco a la casa, sacaba lo imprescindible y demás, María me cocinó unos deliciosos y auténticos tallarines carbonara (con huevo, nada de nata) en un santiamén que acompañó con la típica birra Moretti. ¿Se puede tener un mejor recibimiento?

Contándonos la una sobre la otra, nos dieron la una y media de la mañana. María teniendo que trabajar al día siguiente y yo cansada de tanto trajín, nos fuimos a dormir. "¡Mañana mas!" pensé, y me fui a la cama con una sensación de agotamiento pero a la vez de emoción porque todo había empezado tan bien que no podía seguir de forma diferente.

A la mañana siguiente deshice la maleta y recogí mis cosas mientras de fondo escuchaba la radio italiana con "solo canzoni in italiano". Hacía un día espléndido y me moría de ganas por ir a dar una vuelta así que miré el mapa y me dirigí hacía el Coliseo.

Es curioso lo diferente que ves un lugar al que vas a visitar por turismo y al que vas para vivir una temporada. Quizás es porque tienes toooodo el tiempo del mundo para pararte a mirar, para pensar en lo que ves, para ver mas allá de lo obvio... Yo estaba como en una nube, como en una peli pero claro, ¿quien no? Roma es así, tan romántica, tan...italiana...

Entre pequeñas callejuelas con encanto, escondidas para los turistas pero dispuestas a ser descubiertas por quien tenga un poco mas de curiosidad o tiempo, aparece frente a mi el coliseo.




Pero no solo tenía enfrente el Coliseo, también tenía cientos de turistas, un montón de autobuses que traían aun mas. Las guías gritaban en varios idiomas "ragazzi!" "ale ale ale" y otras frases que no sabría como escribir (koreano, chino, alemán...), un tráfico caótico que no te dejaba ni cruzar por el paseo de peatones, bueno, si te dejaba, pero bajo tu responsabilidad, y los legionarios romanos del siglo XXI posando con los turistas por una propina. Roma turística en su estado puro.




La idea era dar solo un paseo por la zona del Coliseo pero entonces ves los foros, la plaza de Vittorio Emanuelle II y sigues y sigues caminando atraída por algo que ya has visto pero que aun así te sigue sorprendiendo. Por el camino te cruzas con monjas y curas de todas razas y colores, pero incluso te puedes encontrar a otro tipo de ¿monjes? intentando ganarse la vida.




Redescubres lugares donde ya habías estado, haciendo un esfuerzo por recordar como se llegaba a ellos y olvidándote del mapa, simplemente caminas, por que si te pierdes, lo que peor que puede pasar es que encuentres algún bonito rincón así que me arriesgo  encantada.


De vuelta a casa, paro para comprar una tarjeta de teléfono italiana.  En medio de la compra, aparece el típico italiano moreno, con las gafas de cristales de policía, fuerte, con una camiseta de tirantes y me habla en italiano. Le digo que no le entiendo y me pregunta de donde soy. "Española!, las españolas sois muy calientes!" me dice en italiano...Y yo me quedo con cara de..."hola???!! así es como entabláis una conversación???!!" pero no...Lo mejor estaba por llegar. Me pregunta si estoy soltera o casada, saca su guitarra de la funda y empieza a cantarme en español "Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez..." y yo con una vergüenza, parecía Heidi, con los mofletes colorados y mi cara de esto no puede estar pasando... Al final acabamos el dependiente, otro cliente y yo medio cantando con él. ¡Bienvenida a Italia!


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lunes, 29 de agosto de 2011

¿AHORA QUE HAGO?

Llegué a España hace mas de dos meses desde Nueva York con la idea de decidir cual iba a ser mi siguiente paso durante el verano pero no contaba con el hecho de que no iba a parar hasta el punto de, viviendo en Madrid, solo haber pasado siete días en casa desde que llegué.

No me puedo quejar porque ha sido uno de los mejores y mas completos veranos de mi vida pero septiembre está a la vuelta de la esquina y sigo sin tomar una decisión.

Si alguien me preguntará ¿Qué es realmente lo que te gustaría hacer ahora? sin dudarlo ni un segundo la respuesta sería dar la vuelta al mundo.

Cuando me quedaban cinco días en Nueva York, una de mis estudiantes, que tiene mas de setenta años, me regaló un libro que vine leyendo en el avión de vuelta a casa, la traducción sería algo como "Prepara tu vuelta al mundo". Aunque ya tenía la idea en la cabeza, al empezar a leer el libro y las experiencias y consejos de gente que lo había hecho fui mas consciente de lo mucho que me gustaría hacerlo y además sentí que estaba preparada para hacerlo.

Sentada en el avión que me llevaba de vuelta a casa desde Nueva York mientras leía este libro, conocí a una mujer americana de unos sesenta y tantos años con la que me pasé todo el viaje hablando. Desde el primer momento en el que empecé a hablar con ella me di cuenta de lo interesante que era. Me contó muchas cosas sobre su vida y sentí como si nos conociéramos de toda la vida. En un momento del vuelo, entre "¿pasta o pollo?" y "¿café? ¿Té?" en pleno momento de confidencias y sintiendo que tenía mas en común con esa mujer que con mucha gente que conozco le conté la idea que había tenido de dar la vuelta al mundo.

Al ser incluso mayor que mis padres y tener una hija de mi edad, sinceramente pensé que me iba a decir que me dejara de tonterías y que me centrara en hacer algo de provecho en mi país pero para mi sorpresa me dijo que era una muy buena idea y que creía que iba mucho con mi personalidad. Además apuntó el titulo y el autor del libro que estaba leyendo sobre la vuelta al mundo para regalárselo a su hija.

Hubiera sido mas fácil si me hubiera dicho lo que yo pensaba que me diría mi madre para pensar que era una tontería pero en vez de eso me dio su correo y el de una amiga que pensaba que podía ayudarme y a día de hoy ya nos hemos escrito un par de veces.

Con esta conversaron en la cabeza llegué a Madrid pero fue pisar tierra española y, no se explicarlo pero lo sentí así, un peso se acomodó sobre mis hombros y sobre mi cabeza. Es curioso como el ambiente y las personas que te rodean pueden hacerte pensar que lo que tienes en tu cabeza es una idea genial que deberías hacer y para la que estas casi predestinada o hacerte sentir lo idiota que eres solo por pensar en esas cosas en las que piensas, rara, que eres muy rara.

Aun sabiendo lo rara rara rara que era, y soy, pasé horas buscando en internet sobre dar la vuelta al mundo y es cuando descubrí lo carísimo que es a pesar de que mi idea sería vivir y trabajar mucho en países desarrollados para ahorrar e ir a vivir mas tarde a países en desarrollo trabajando como voluntaria en escuelas, hospitales, granjas o cualquier sitio en el que pudiese ayudar a cambio de algo de comida y una cama o, en el peor caso, camastro, para descansar. Pero a pesar de esta idea que puede parecer buena, hay que ir de país en país y eso en muchos casos es mas caro que vivir tres meses en un país en desarrollo.

Cuando tenía un hueco, o de madrugada cuando ya no tenía nada que hacer, me ponía a pensar como hacerlo, como reducir gastos, como moverme de un lado a otro, que hacer y como hacerlo pero es mas difícil de lo que yo pensaba. Por no hablar del momento de decírselo a mi familia.

Fue entonces cuando empecé a pensar en olvidar la idea de la vuelta al mundo y ponerme a pensar en un nuevo destino en el que vivir una nueva experiencia tal y como lo hice en Nueva York pero claro, después de haber vivido en Nueva York, ¿Qué lugar puede estar a la altura en cuanto a experiencias?

Mapa del mundo enfrente, cuaderno y boli a la derecha del portatil para ir tomando nota de las opciones. Londres, Toronto, San Francisco, Sidney, Tokio, Rio de Janeiro, Berlín...Después de investigar, leer blogs como este de personas que vivían allí, consejos y hablar con amigos llegué a dos conclusiones:

1. Nueva York es una ciudad increíble que echo mucho de menos y que te cambia la vida. Pocas ciudades en el mundo, por no decir ninguna, puede ofrecerte lo que te ofrece Nueva York.

2. No tengo ni idea de que hacer con mi vida, ¿Donde voy?

Lo único que tengo claro a estas alturas es que, por ahora, quiero seguir viajando y viviendo fuera y que quiero estar allí antes del día uno de octubre.

Curiosamente, me siento en el mismo punto en el que estaba un mes antes de decidir que me iba a vivir a Nueva York, he vivido muchas cosas en estos dos años pero sigo en el mismo punto, necesito algo mas y algo mas que me de experiencias increíbles y que me haga feliz, haciendo feliz a los demás también.

Así que ahora estamos todos en el mismo punto, al menos muchos de vosotros ya tiene claro el destino, Nueva York, y ya solo tiene que pensar como hacerlo, organizarlo todo o decidirse a dar el paso, algo nada fácil. Yo aun estoy pensando que hacer. ¿Alguna sugerencia?

Os agradecería enormemente vuestros consejos o comentarios. Gracias de antemano, un abrazo.

lunes, 21 de marzo de 2011

MIS PRIMEROS DIAS EN NUEVA YORK

Cogí el avión a Nueva York sin conocer a la persona que me iba a recoger al aeropuerto y que además me iba a acoger en su casa por unos días. Era un buen amigo de un amigo de mi hermana.

No le conocía pero después de haber intercambiado unos cuantos correos me dio la sensación como si nos conociéramos de antes, de estas personas con las que conectas desde el principio.

Cuando llegué al aeropuerto pasé el control de seguridad sin problemas, recogí mis maletas y salí a la zona de recogidas. Llegaba con un poco de retraso. Allí debía estar esperándome Adrián, del que la única referencia que tenia era una foto que me había mandado en la que salía el haciéndose una foto a un espejo con una cámara profesional por lo que se le veía menos de media cara.

Cuando salí a la zona de recogidas empecé a mirar de un lado a otro pero no encontré a nadie que se pareciera al chico de la foto, o al ojo y media nariz y labio que había visto en la foto. Pasaron unos cinco minutos y nada. Empecé a pensar en la posibilidad de que le hubiera surgido algo y no pudiera venir a recogerme. Plan B: te coges un taxi a Times Square y buscas un hotel económico por la zona. Cuando estaba pensando en mi plan B vi venir hacia mí un chico. Estaba segura de que era Adrián. “¿Marta?” sonreí y nos dimos un abrazo.

“¿Cómo ha sido el viaje? ¿Estas cansada? ¿Querés comer algo?” Todo esto mientras íbamos hacía el coche.

“No gracias, estoy bien. Nos han dado bastante comida en el avión así que no tengo hambre. No he podido dormir nada porque no paraba de pensar en la locura que estaba haciendo.”

“No es una locura mujer, ahora me contás en el coche”

Y nos pasamos todo el camino a casa hablando. Llegamos a su casa, en Brooklyn, dejamos las cosas y comimos algo. La casa era bastante acogedora y él era muy simpático y atento. Vino a recogerme al aeropuerto a las seis de la tarde y estuvimos hablando en el salón de su casa hasta las cuatro de la mañana sin parar. No podía creer como podía haber una persona a la que acababa de conocer que me comprendiera tan bien y que diera tan buenos consejos. Estaba totalmente impresionada con las cosas que me contaba sobre cuando y en que circunstancias llegó él a Nueva York y todas las cosas por las que había pasado en la ciudad. Llevaba más de veinticuatro horas sin dormir pero no importaba, no podía dejar de escuchar. Esa noche me fui a la cama pensando que solo por haber conocido a Adrián había merecido la pena venir.

Me desperté habiendo dormido solo cinco horas, yo que me encanta dormir y habiendo estado mas de veinticuatro horas sin dormir, el efecto Nueva York empezaba.

Unas semanas antes de ir a Nueva York había estado buscando apartamento entonces la idea era ir a verlos y en cuanto me gustara uno me iba de casa de Adrián, calculaba entre uno y tres días. Así que avisé a los dueños de que ya estaba en Nueva York y ese mismo día me fui a ver dos apartamentos.

La primera vez que cogí el metro, a pesar de que ya había estado en la ciudad un par de veces, me perdí, me fui a Sebastopol, pero tenía todo el tiempo del mundo para perderme así que no había problema.

Iba caminando por la calle como si fuera en una nube, observando cada detalle, mirando a cada persona e intentando absorber el máximo número de imágenes, ¡estaba viviendo en Nueva York!

Muy ilusionada y optimista me fui a ver las casas que tenía para ese día. Desastre…Acostumbrada a vivir en una casa con muebles que pegan y que tienen menos de cincuenta años donde todo huele bien y la puerta te da sensación de seguridad y no es de cartón piedra. Cuando volví a casa se lo conté a Adrián y me dijo que no me preocupara que iba a ver casas mucho peores. Esa noche para subirme un poco el ánimo me llevó a dar una vuelta en coche por Brooklyn. Fue genial. Hacía una temperatura perfecta, íbamos con las ventanillas medio bajadas y con el airecito entrando por las ventanas. Adrián sabe todo sobre todo así que me iba explicando cada zona, cada edificio, cada parque. Me dijo que me iba a llevar a un sitio especial. Yo pensé “¿un sitio especial en Brooklyn?” Lo único que había visitado de Brooklyng las veces que había estado en la ciudad había sido el puente y desde el lado de Manhattan.

Nos bajamos del coche en un barrio con las casas típicas americanas, una zona muy bonita, residencial, pero no había ni un gato por la calle. Yo pensando “¿Dónde me lleva este ahora?” cruzamos un par de calles estrechas con edificios altos y de repente lo vi. Impresionante. Nos habían dado las once o doce de la noche, era totalmente de noche, esa zona no tenía mucha iluminación pero al pasar la última calle te encontrabas con esa imagen tan increíble y llena de luz. Se veía todo Manhattan con todos sus rascacielos llenos de luces en las oficinas, el puente de Brooklyn enorme y hasta la estatua de la libertad a lo lejos. Me quedé impresionada y por unos cuantos minutos no dije nada. Sin duda aquella imagen me había recordado donde estaba y me había llenado de energía. ¡Estaba viviendo en Nueva York! Y tenía muchas de las cosas más emblemáticas de la ciudad ante mí, el puente de Brooklyn, el espacio de la zona cero, el edificio Chrysler, el Empire State, la estatua de la libertad y todo iluminado. Estábamos en la Promenade de Brooklyn, justo al otro lado de Manhattan.


Esa noche si dormí como un lirón. Me levanté a medio día y miré mi correo. Desde Madrid había empezado a buscar estudiantes de español en la ciudad y tenía dos personas interesadas. Ese día había quedado con uno de ellos y además tenía otro apartamento que ver.

Fui al encuentro de mi primer estudiante y madre mía, el chico no hablaba ni papa de español, yo con inglés de colegio, o sea hello, how are you? Y poco más. Lo pasé un poco mal porque no nos podíamos entender bien pero entre la mímica, su teléfono súper tecnológico que tenía traductor y el inglés que yo había aprendido, o inventado, en los viajes que había hecho nos medio entendimos, una hora, al final hasta estuvimos mas porque estábamos en nuestra salsa.

Después me fui a ver el otro apartamento. Estaba en Brooklyn, en frente de Prospect Park que es el parque más grande de Brooklyn, de los mismos diseñadores que Central Park, y tenía muy buena pinta. Lo único que me echaba para atrás es que era la única blanca del barrio, pero cuando digo única es única, encima yo que parezco copito de nieve.

Cuando llegué a casa le conté a Adrián sobre el apartamento que había visto y él me dijo que era una buena zona y que además tenía el parque enfrente y durante el verano se hacían allí muchos conciertos, fiestas, barbacoas…Así que decidí que me iba allí.

A la mañana siguiente me fui al apartamento con una de mis maletas y el dinero del alquiler. La chica pedía el dinero de los dos meses por adelantado así que ese día solté mas de la mitad del dinero del que disponía para esos meses.

Acomodé todas mis cosas y me fui a conocer a mi segundo estudiante, con el que casi dos años después sigo. Mi primera noche en el apartamento y sin Adrián fue súper rara porque me sentía sola y un poco fuera de lugar. Ahí es cuando empezó mi aventura.

Tengo que reconocer que los primeros días no fueron fáciles y que incluso llamé a Adrián diciéndole que no estaba segura si quería vivir en ese apartamento. Él me recomendó que tuviera paciencia, que en unos días iba a sentirme bien pero que si veía que no podía siempre podía irme a su casa de nuevo. La gente me miraba extrañada porque no pegaba nada en ese barrio. Una chica blanca, rubia y un inglés perfecto…Estoy segura que la gente al principio pensaba que me había perdido. Después me sentí como en casa, saludando a la gente en la calle, ellos a mí, hablando con los vecinos y con los porteros, con los de la tienda y hasta con la gente en el parque. Después del tiempo que llevo aquí, lo tengo claro, este fue el mejor apartamento en el que he vivido en Nueva York, ¡y me quejaba!

Los días siguientes los pasé investigando el barrio, buscando supermercados, paseando por el parque, colocando mis cosas en el apartamento para sentirme mas en casa, buscando trabajo y disfrutando la ciudad. Nueva York en verano es más increíble que nunca.


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