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miércoles, 9 de marzo de 2011

ECHO DE MENOS ESTAR ALLÍ

Echo de menos estar allí. Echo de menos el olor a vainilla de mi casa, el olor de la ropa a suavizante que invade todas las habitaciones al sacarla de la lavadora.

Echo de menos sentirme en casa, sentirme cómoda y relajada en un lugar al que pertenezco, sentir un hogar.

Echo de menos mi pequeña habitación con mi cama tan acogedora, mi almohada tan suave y blandita, mi armario con cajones. Llena  de cosas mías de cuando era pequeña, de mis viajes, de recuerdos de mis amigos y de mi familia.

Echo de menos ir por la calle y encontrarme con alguien conocido desde hace muchos años al que le interese que tal me va la vida, que me pregunte por mi familia y yo por la suya y ponernos al día.

Echo de menos ir al mercado del barrio y hablar con los tenderos que te recomiendan llevar una cosa u otra dependiendo si es fresca del día o no porque te conocen de toda la vida.

Echo de menos la comida deliciosa que tenemos en España y como la cocinamos. Echo de menos los sabores de la carne, del pescado, de la fruta, de los dulces, de la verdura, de los frutos secos. Echo de menos los platos que cocina mi madre, los canelones, los tallarines con chirlas y gambas, la paella o el cocido de los domingos, las croquetas de pollo, la tortilla de patata, las migas de mi tía Felisa, el jamón ibérico, el queso manchego, el sabor del buen marisco, pequeño y caro pero delicioso.

Echo de menos el español y escuchar a la gente hablar con la “c”. Echo de menos poder hablar en español rápido y sin tener cuidado en usar palabras muy complicadas y que la gente me entienda. Echo de menos poder usar esas palabras que no vienen en el diccionario pero que allí todo el mundo entiende, y nuestras expresiones. Echo de menos poder hacer gracias o contar chistes en español y que la gente se ría al entenderlo. Ir al cine y enterarme de todo.

Echo de menos los abrazos sinceros y los gestos de cariño. Echo de menos la cara de mis amigos y mi familia, sus gestos, sus gracias, su sonrisa, el sonido de su risa.

Echo de menos pasar tiempo con mi madre y reírnos a carcajadas de cosas sin importancia, hablar con mi padre del libro que estamos leyendo o meterme con mi hermana e incluso discutir con ella.

Echo de menos poder estar cerca de las personas que quiero cuando necesitan una inyección de energía en un mal momento. Poder celebrar los cumpleaños de los míos con ellos y vivir las pequeñas cosas del día a día.

Echo de menos las quedadas con los amigos en el mismo bar de siempre y hablar de cosas con o sin importancia durante horas mientras nos tomamos unas tapitas que nos pone Jose.

Echo de menos pasar los domingos con mis primas en el salón comiendo chuches hasta no poder respirar mientras nos reímos de los artículos ridículos de Teletienda que van poniendo en la televisión. Ver a mi primo pequeño que se va haciendo un hombrecito poco a poco.

Echo de menos formar parte de un grupo, de una familia. Echo de menos la simpatía natural de la gente y la espontaneidad.

Y es que aunque Nueva York es una ciudad increíble donde puedes disfrutar mucho y conocer cosas que quizás en España no podrías aquí es muy difícil encontrar todas estas cosas que echo de menos porque somos muy diferentes y lo que al principio te puede llamar la atención por novedoso con el tiempo puede convertirse en un constante recordatorio de lo que has tenido cuando no vivías aquí y te hace darte cuenta de lo valioso que es y lo afortunado que has sido o eres por tenerlo.

Quizás lo echo tanto de menos porque tendemos a idealizar las cosas cuando no las tenemos pero realmente hoy me gustaría estar en mi casa.

Siempre daré gracias a Nueva York por mi experiencia aquí pero también por abrirme los ojos sobre lo agradecida que debo estar de la familia y amigos que tengo y de lo afortunada que soy por haber nacido en España.

Pese a la morriña, estoy muy contenta de poder tener esta aventura y seguiré disfrutando de Nueva York mientras le explico a la gente de aquí las cosas tan bonitas y buenas que tenemos en España y la alegría y la espontaneidad que caracteriza a los españoles, lo malo me lo callo, eso queda entre tu y yo J


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