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martes, 11 de marzo de 2014

ESCAPADA CINCO DÍAS A LONDRES

No hay nada mejor para conocer una ciudad de verdad que visitar a gente que vive allí. La parte "turística" no era lo que me interesaba de este viaje. Lo que quería era pasar tiempo con amigos y conocer sitios diferentes, especiales.

A pesar de querer evitar la típica ruta, hay que reconocer que Londres es una ciudad muy bonita, y merece la pena darse un paseo por el centro. 

Visita obligada al mítico Big Ben, La Catedral y La Abadía de Westminster, El Parlamento, y, de camino a Trafalgar Square, ver la casa del presidente, las caballerizas reales con su cambio de guardia un tanto curioso... y las famosos cabinas de teléfonos rojas. 


Dar una vuelta por la National Gallery y acabar llegando a Piccadilly Circus, que recordaba mas grande.


Y la otra parte de la ciudad siempre agradable de recordar es el paseo por el río pasando por La Catedral de San Pablo y llegando a la Torre de Londres, cruzando por el Puente de la Torre para pasear por el otro lado de la rivera del río.


Pero lo que mas me gusta de Londres son sus barrios tan diferentes. Entre algunos de ellos:

El Soho, con sus calles estrechas con casas típicas británicas, lleno de restaurantes y pequeñas tiendas con encanto. Aquí encontré algo que no había visto en mis visitas a Londres. Un centro comercial en el típico edificio inglés antiguo con maderas cruzadas. Algo sacado de un cuento de hadas.


El Barrio chino, repleto de restaurantes asiáticos, sus leones y su arco rojo de entrada al barrio, pero con un aspecto bastante cuidado con respecto a otros barrios chinos donde he estado. Comimos en un buffet Hong Kones, otra cosa que nunca había hecho antes, por unos 15€ al cambio que no está nada mal en Londres.


Covent Garden, con sus míticos pubs, sus tiendas y sus calles peatonales, donde encontramos un secreto de Londres que tampoco conocíamos. Un pequeño callejón con casas de colores, conocido como Neal´s Yard, escondido en una callejuela.


Y el quizás mas conocido, Camden Town. Otro de los lugares a los que hay que ir aunque ya lo hayas visitado. 


Siempre encontrarás algo que comprar y, si no eres de muchas compras, podrás probar alguna de las comidas internacionales que ofrece el mercado a buen precio. 

Pero, como Londres es así, Camden Town nos tenía dos sorpresas preparadas. Uno de los mejores sitios de la ciudad para comer el tradicional fish and chips, llamado Poppies, donde los uniformes de los camareros y toda la decoración es estilo años 40-50, cuando fue abierto el primero de estos restaurantes. El pescado muy fresco y rico en un ambiente divertido.



Y, dentro del mercado de Camden, otro mercado cubierto llamado Stables Market. Unos antiguos establos donde trabajaban también los herreros que se han rehabilitado para ser ahora otro mercado. Merece la pena visitarlo. Se pueden ver perfectamente los establos de madera con sus puertas originales y gran cantidad de esculturas equinas de tamaño natural.



La última vez que visité Londres fue hace diez años, pero la ciudad está igual, solo he notado que con mucha mas gente, y no me refiero a las zonas turísticas. Es curioso recordar, después de tantos años la ciudad como si fuera ayer, decir "me suena que por aquí se llegaba a..." y que llegues, cuando además eres una persona con memoria de pez crónica o"dorismo". 

Pero para lugares interesantes, a los que nos llevaron nuestros amigos, los que viven en/y la ciudad de verdad:

-Scooter Cafe: un lugar auténtico y original donde la decoración se basa en la Vespa y un toque un tanto decadente pero encantador. 


-Ritzy Cinema: que no es solo un cine si no, un bar, restaurante con terraza donde puedes reservar salas para fiestas privadas. Subes las escaleras para ir al baño y, sin darte cuenta, abres la puerta equivocada y acabas viendo una peli con palomitas y todo en la mano... Curioso y divertido.


-Brixton Village: justo al lado del Brixton Market, mercado de verduras, frutas y demás de barrio de toda la vida, se encuentra este otro mercado cubierto donde hay tiendas diferentes, muy interesantes y decenas de pequeños restaurantes de todas las nacionalidades donde disfrutar de buena comida a buen precio aunque, es posible que te toque esperar cola si no has reservado.


-También en el barrio de Brixton, uno de los muchos bares que hay en las típicas casas inglesas pero este con una peculiaridad y es que, al pedirte una copa, te la meten dentro de una bolsita de papel con chuches, además del regaliz de colores de dentro de la copa. 


En este pub también, quizás no ocurre solo en este, vimos sobre la una de la mañana, a grupos de jóvenes tomando té, de una macro tetera que parecía la de Alicia en el país de las maravillas. ¿Hora del té para el trasnochador...?

Pero, sin duda, lo mejor del viaje, poder disfrutar de todo esto con amigos. Reencuentro con amigas que hace mucho tiempo que no ves, paseos con otros por el centro... Y no necesitamos ni salir a la calle, una casa donde juntarnos y un wok de pasta para todos, con unas cuantas botellas de vino y dulces ingleses. Pasar la noche de risas, sin importar si estas en Londres, en Roma o en Kuala Lumpur, si no, con quien estas. Por que al final, eso es lo que importa, compartir estos momentos únicos, sean donde sean, con amigos. Esto es lo que hace un viaje inolvidable como este. ¡Gracias!




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martes, 26 de noviembre de 2013

NUEVA YORK, COMO EN CASA

Creo que cualquier persona que conozca Nueva York estará de acuerdo conmigo en que es una ciudad llena de magia, que te permite soñar e incluso desarrollarte a nivel personal y profesional de una forma mucho más rápida que cualquier otro lugar en el mundo.

Lo cierto es que, en mi caso, lo que mas me impresiona de esta ciudad es que, aunque hacía mas de dos años que no volvía, siempre te sientes como en casa, como si nunca te hubieras ido.

Con mi memoria de pez, es sorprendente que me sintiera en la ciudad como pez en el agua. Recordaba como llegar a todas partes, como moverme en el metro, esos restaurantes o bares a los que me gustaba ir. Como si el tiempo se hubiera parado y todo hubiera estado esperando para cuando yo volviera.

Además de esto, la sensación que te da estar en un vagón de metro con asiáticos, afroamericanos, latinos, blancos, escuchando tres idiomas diferentes al mismo tiempo y que todo eso sea algo cotidiano, a mi me encanta.

Tenía mucha gente que ver, muchos amigos con los que hacer planes y solo una semana y media para hacerlo.

La boda de mi amigo:





Exposiciones de arte:





Encuentro con los amigos:





Compras por la ciudad:





Ser invitada al brunch en la Hispanic Society:





Paseos por la ciudad:





Conocer a nuevos miembros de mi familia americana:




Y muchas otros planes viendo al máximo posible de mis amigos, cenando, comiendo, quedando para tomar algo por la noche, miles de planes. Una locura de días pero que merecieron la pena sin duda.

Si a esto le sumas, una nueva proposición de trabajo en la ciudad, ver como me acogía todo el mundo y me decía que me echaban de menos y que volviese y lo bien que me sentía en Nueva York, tengo que reconocer que dudé si dejar todo y volverme de nuevo a continuar mi experiencia en esta ciudad.

La tentación fue grande la verdad pero, después de analizar las cosas olvidándome un poco de las emociones tan intensas, me di cuenta de varias cosas. 

Lo primero, en esta semana y media que pasé allí, todo el mundo hacía por verme, porque a la mayoría hacía años que no los veía. Esto no es así en el día a día de Nueva York. Todo el mundo está muy ocupado, trabajando tantas horas y haciendo tantas cosas que es difícil encontrar un rato para este tipo de cosas.

Además, creo que ese ciclo se terminó y que, aunque me haya quedado con un recuerdo tan bueno y me sienta tan bien en la ciudad, sería un poco volver atrás. 

Quizás ahora no puedo recordar bien las razones por las que decidí irme de Nueva York, pero está claro que las había. Prefiero ni recordarlas. Simplemente, quedarme con la sensación tan increíble de volver a la ciudad donde viví una parte de mi vida y sentirme como en casa, mantener esa conexión casi eléctrica con la ciudad y ver que, a pesar del tiempo y de la distancia, sigo teniendo muy buenos amigos allí, gente que me quiere y a la que quiero, gente que seguirá siendo parte de mi vida, espero, para siempre.

¡Gracias Nueva York por todo lo que me diste, me has dado y me darás!






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lunes, 30 de septiembre de 2013

BACK IN NEW YORK!! AUNQUE SOLO DE VACACIONES

Algo mas de dos años después de irme de la ciudad que mas experiencias me ha dado en mi vida, vuelvo a Nueva York a la boda de un amigo y de paso aprovecho para ver a toda mi gente allí, los que fueron mi familia en los años que viví en la gran manzana.

Algunos de ellos, como yo, se fueron de la ciudad pasado un tiempo. Ya se sabe, "Vive en Nueva York alguna vez pero vete antes de que te endurezca". Pero muchos otros aun disfrutan de la ciudad al mismo tiempo que intenta sobrevivir en ella.

Mirando atrás en el tiempo, me doy cuenta de lo mucho que significó para mi esta experiencia y de lo mucho que marcó los siguientes años. Tengo una sensación extraña de morriña e incluso podría decir que a veces me he planteado la posibilidad de volver porque fueron unos años tan buenos con tantas cosas que pasaron y toda esa gente que conocí... Pero, por otro lado pienso, es común que tengamos la sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor o que idealicemos esos años por buenos momentos que vivimos pero también los hubo menos buenos, no todo fue de color de rosa.

Quiero sentir en estos días que es lo que me dice la ciudad, si es solo un viejo amor convertido en amigo al que ver de vez en cuando o es algo mas y merece la pena intentarlo de nuevo. Estoy abierta a todo pero creo que cuando llegue allí veré las cosas desde otro punto de vista, con mucha ilusión de ver a mis amigos, con muchas ganas de volver a esta maravillosa ciudad, pero con los pies en la tierra y entendiendo que cada etapa tiene su tiempo y que la mía en Nueva York terminó. Veremos que me dice la ciudad.

Volveré a pasear por la quinta avenida y a sorprenderme con las luces de Times Square como si fuera la primera vez. Miraré hacia el cielo para reencontrarme con el Empire State o el Chrysler building, leeré un libro en Bryant Park, mientras por el rabillo del ojo veo a gente tan diversa pasar.

Me comeré un perrito de los puestos callejeros, una deliciosa cupcake, decidiré a mi antojo que tipo de comida quiero comer o cenar ese día aunque sea de Kazajudirviskan, (país que me acabo de inventar).

Así que volveré a ser casi una turista mas en la ciudad que un día fue mi hogar, curiosa sensación...

¡New York, I am back! :)


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viernes, 31 de mayo de 2013

¡¡CELEBRANDO MIS 30!! UNO DE LOS MEJORES CUMPLEAÑOS DE MI VIDA, Y ESO QUE CAMBIÉ DE DÉCADA....

"Cambio de década....puff...Ya verás como ahora notas mas la edad, treinta años ya, a partir de ahora tienes que empezar a cuidarte..." Estos eran los comentarios que escuchaba días antes de mi cumpleaños. No soy una persona a la que le afecte mucho cumplir años, al revés, para mi es siempre motivo de celebración pero ya tenía curiosidad por saber si me iba a levantar con patas de gayo de la noche a la mañana...

Anticipándome a la aparición de arrugas repentina y aun en Roma, empecé a celebrar mi cumpleaños, aunque aun quedaban dos días.

Cociné una cena saludable y deliciosa, esto último dicho por ellos,  para unos amigos en casa, una botellita de vino y, como sorpresa, unos dulces típicos italianos y mi primer regalo, un libro para aprender italiano que me regaló mi amigo Daniele. ¡Esto empezaba muy bien!




Por la mañana, aun con la tripa como un chinche, cogí mi vuelo a Madrid. Para esa noche tenía preparada una cena con mis amigas. Me tocaba cocinar a mi. Así que compré en Roma pasta fresca, provolone para hacer al horno y un par de dulces italianos para sorprenderlas.




Pero la sorpresa me la llevé yo cuando me taparon los ojos con un pañuelo y, después de unos susurros entre ellas, me quitaron el pañuelo y me encontré con un regalo que no me esperaba y de los mas personales que había recibido nunca. Una tarta de fondant que me había hecho una de ellas, María.



Una maleta con banderas de algunos de los países donde he estado, el avión de Alitalia, la Torre Eiffel, un canguro....Recuerdos de mis últimos viajes. ¡Que pasada!

¡Me quedé tan impresionada! No parecía una tarta...¡Era tan real! Por supuesto, no podía comerme esa tarta, ¿tarta? ¡Esa obra de arte! Curiosamente, todas estuvimos de acuerdo en la decisión menos María, que era la que la había hecho y que quería probarla. Yo quería ponerle algún producto para guardarla para siempre y ella insistió en que era imposible...Pero yo quería intentarlo así que nadie probó la tarta esa noche.





Mas regalitos, brindis y al día siguiente, el día de mi cumpleaños de verdad, comida rica con la familia mientras recibía llamadas, y mensajes de la gente felicitándome.

Después de mirar como poder mantenerla, que productos poder echar y no encontrar nada (y tener a mi hermana en la oreja "vamos a probarla. Que pinta. Venga Marta. Esto si no lo comes se te pone malo....") con todo el dolor de mi corazón, corté la primera porción de tarta. ¡Eso si! Guardé todos los adornos de fondant en una caja de plástico que tendré a buen recaudo por el resto de los siglos.

Pero aun quedaba otra sorpresa...Mis mejores amigos me habían organizado una sorpresa para el día siguiente por todo el día. No me quisieron decir nada, solo me dijeron que me iba a gustar mucho y que sería mi primera vez... ¡¿eh?! "¡No me montéis en un avión para saltar en paracaídas o algo así eh!"

Llegó el día, me vinieron a buscar en coche y después de unos veinte kilómetros, me dicen que me ponga un pañuelo en los ojos. ¡Que mareo! No paraba de preguntar "¿cuanto queda? ¡Por dios! Voy a acabar echando la rabi..." Por fin llegamos. "¡Quítate el pañuelo!"

¡Estábamos en el Safari de Madrid! ¡Me encantan los animales y nunca había estado en un safari! Que ilusión me hizo... Era lunes así que no había casi coches, es como si estuviera solo para nosotros.




Al principio yo bajaba la ventanilla para darles zanahorias tan pichi, como si no pasara nada pero luego me di cuenta, cuando tenía un camello, dos cabras y tres bambis empujándose con una cebra para coger la zanahoria, que quizás, y solo quizás, debía subir un poco la ventanilla...



Es muy divertido ir al safari porque es completamente diferente a visitar un zoo. El contacto con los animales es mas directo, están libres, en una zona abierta. Es algo curioso que recomiendo. ¿Cómo debe ser ir de safari por África? Algún día....




Pasamos un día muy divertido, rodeados de animales y poca gente, a nuestras anchas por el safari. Pero la guinda del pastel vino por casualidad y justo al final, cuando nos sentamos a tomar algo antes de irnos.



Estábamos sentados en el kiosko tomando algo cuando vemos en la única otra mesa ocupada a un par de cuidadores del parque. Dos gatitos estaban jugando a sus pies. Nos acercamos en esa dirección para ver unos pavos reales cuando de repente, "Eh.....¿esto es una broma?" pensé en alto. "No, son dos cachorros de león de un mes que hemos sacado a dar un paseo aprovechando que hoy no había mucha gente en el parque" me respondió una de las cuidadoras.



Se nos quedó a los cinco una cara de lerdos. No nos lo podíamos creer. Teníamos dos cachorritos de león a menos de un metro de nosotros jugueteando entre ellos.



Nos pusimos a jugar con ellos, a mirarlos mas de cerca, a fijarnos en lo bonitos que eran, en sus ojos, el pelaje suave, esas zarpas que te recordaban que de gatito no tenían nada...



No parábamos de hacerles fotos. ¿Cuando volveríamos a estar tan cerca de dos leoncitos? Quien sabe, pero no es algo que se haga todos los días... Que experiencia tan increíble. Nunca la olvidaré.



Cuando nos íbamos, los dos pequeños tambaleándose e incluso cayéndose hacía los lados como si estuvieran borrachitos porque acababan de tomar el biberón de leche y les pesaba el estómago nos seguían para seguir jugando, como dos perritos. Supongo que, sea el tipo de cachorro que sea, no dejan de ser cachorros juguetones, aunque con un par de meses mas pueden arrancarte un brazo aunque solo sea jugando....

Vuelta a casa con la sensación de felicidad, de satisfacción. Me llega un mix de un amigo Dj que me lo había preparado por mi cumpleaños. Cena de despedida con la familia y, al día siguiente, vuelta a Roma.

Después de estos días intensos y llenos de emociones, me despedí de Madrid volviendo a Roma con muy buen sabor de boca y además con una polizón en mi mismo vuelo, mi prima se venía a Roma unos días conmigo.

Parecía que se habían acabado las sorpresas y que este cumpleaños treintañero celebrado a lo boda gitana había llegado a su fin pero no. Ya en Roma, mi compañera de apartamento, María, me sorprendió con dos mini tartas, con sus correspondientes velas para soplar, y un regalo. 





Cuando abrí el paquete no sabía si darle las gracias o tirarla por el balcón...Un recetario de como hacer 222 tipos de pasta italiana diferente. Ya hemos decidido cocinar, al menos, una receta a la semana. ¿Quién mantiene la linea así? 





Y por si fuera poco, en un par de días viene mi mejor amigo a visitarme a Roma con su novio y unos días después me voy de viaje por la Costa Amalfitana con mi familia. ¡Vaya cumple!

He sobrevivido a cumplir los temibles treinta y creo que no me han salido patas de gallo en estos días, a pesar de lo mucho que me han hecho sonreír últimamente...


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domingo, 21 de octubre de 2012

SYDNEY CREA ADICCIÓN

A un mes recién cumplido de mi llegada aquí puedo decir alto y claro, Sydney crea adicción.
 
Una vez que tienes tu habitación/casa donde asentarte y poner tus cosas, una vez has conseguido algo de trabajo al menos para ir tirando y has conocido a un grupo de gente de tu edad y rollo con la que hacer planes, Sydney es maravilloso.
 
No es fácil todo esto que he descrito pero una vez lo consigues, te sientes como en casa. Afortunadamente en mi primer mes viviendo aquí he conseguido estas tres cosas para mi fundamentales no solo para vivir en la ciudad si no para vivir la ciudad.
 
En cuanto al trabajo, continúo buscando estudiantes que quieran aprender español, no es fácil porque no hay muchos pero tiempo al tiempo, ya tengo siete. Tuve una entrevista en un colegio privado que está interesado en incorporar el español para las clases extraescolares. La entrevista fue muy bien pero había como veinte candidatos mas así que no se que pasará. En cualquier caso, sería para empezar en el próximo curso lectivo aquí, en enero. Y también estoy buscando algo de babysitter horas sueltas que me den un extra de vez en cuando. Así que ya estoy ganando suficiente dinero como para sobrevivir pero no como para tirar cohetes.
 
En cuanto a la habitación, ya encontré una habitación perfecta de tamaño, en una zona muy buena y en el centro y con mis compañeros de apartamento, todos asiáticos, muy bien aunque no hablan mucho y eso lo echo un poco de menos porque parecemos fantasmas por la casa.
 
 
 
 
En cuanto al grupo de amigos con el que hacer planes, he sido muuuy afortunada. Hacemos un montón de planes cada semana. Es una locura porque nunca he tenido la agenda tan ocupada y porque además, aunque vayamos a los sitios mas baratos de la ciudad, es un chorreo de dinero, pero ¿quién puede decir que no? Es complicado...Pero tengo que empezar a ponerme freno porque si no me veo durmiendo debajo de un puente...
 
El próximo fin de semana nos alquilamos una caravana y nos vamos de viaje a una zona super bonita con unas playas impresionantes, ¡Que ganas!.
 
Vamos a restaurantes a cenar, a bares a tomar copas, a casa de amigos, a bares, a fiestas en casas de australianos, a la playa a ver como surfean...Una pasada la verdad. Lo malo de esto es que la mayoría de la gente aquí está mas o menos de paso. Tres, seis, ocho meses, pero cuando mejor te lo estas pasando, mas complicidad tienes con alguien te das cuenta que esa persona se vuelve a España ya o no en mucho tiempo. Aunque casi cada día conoces a gente nueva, da pena que muchos se vayan yendo. Por eso quizás aprovechamos tanto el tiempo y hacemos tantos planes.
 
 
 
 
¿Que me gustaría que cambiase un poco? Tengo ganas de conocer a mas australianos. Como aquí hay gente de todas partes del mundo es muy difícil conocer australianos y así es difícil realmente saber como son. Además me gustaría practicar mas el inglés porque este grupo del que hablo es mayoritariamente español con los que, aunque a veces viene gente de otros países y hablamos en inglés, obviamente hablo en español.
 
Me encanta la ciudad, el ritmo de la vida, la forma de vida...Además cada día hace mejor tiempo y el verano está a la vuelta de la esquina así que esto solo mejora y mejora cada día.
 
El tiempo vuela como nunca, sobre todo cuando no quieres que lo haga. Ya llevo aquí un mes y, aunque siento como si llevase meses y meses, no quiero que esto se acabe.
 
Me tomé estos tres primeros meses, hasta navidades que vuelvo a España, para saber si podía vivir aquí, encontrar trabajo, sentirme a gusto...Y no se si voy a poder volver después de navidades porque es mucho dinero el que se gasta aquí (espero encontrar mas trabajo), pero me encantaría porque siento que podría vivir aquí una temporada larga sin cansarme. ¡Hay tanto que hacer, que ver!
 
Espero que las cosas vayan saliendo poco a poco y que mi vuelta a España en diciembre sea solo unas vacaciones de navidad y vuelva en enero para quedarme una temporada porque si no, me quedaría con ganas de mas.
 
 
 
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domingo, 27 de marzo de 2011

NO ES FÁCIL HACER BUENOS AMIGOS EN NUEVA YORK

Puede sonar muy directo pero es verdad, mi opinión es que no es fácil hacer buenos amigos en Nueva York. En esta ciudad puedes conocer cada semana decenas de personas nuevas con las que sales a tomar algo, te vas a comer, hablas en el descanso de clase… Pero es muy complicado tener una relación de amistad más profunda.

La mayoría de la gente que conozco aquí está de paso así que quiere aprovechar todas las oportunidades que te ofrece la ciudad para hacer cosas diferentes y para conocer gente. Yo soy parte de ellos. Te propongan el plan que te propongan vas a ir, ¿unas cervezas al salir de la academia? Vale, ¿comemos hoy juntos? Vale, Tengo una fiesta este finde ¿te vienes? Vale, Hago una cena en mi casa ¿te vienes? Vale…Así con cada plan que te ofrecen porque es una oportunidad única de conocer gente nueva, de conocer un sitio nuevo, o no, de pasarlo bien y además de practicar inglés porque cada persona que se anima al plan es de su padre y de su madre, un turco, un paquistaní, una italiana, una india, una colombiana, un brasileño, un japonés, un afgano, un francés…De todas las nacionalidades. Así que es muy fácil conocer mucha gente y muy diferente. Esto es una de las cosas que más me gusta de esta ciudad.

Según mi experiencia, los españoles nos llevamos muy bien con los italianos, brasileños, turcos y latinoamericanos en general pero con los asiáticos tenemos algo especial. No se porque pero los asiáticos son las personas mas abiertas a conocer gente y siempre te tratan como si fueras especial y les encanta ser tu amigo. Esto en general pero con los españoles tienen cierto magnetismo que es difícil de comprender teniendo en cuenta lo diferentes que son nuestras culturas. Les encanta la comida española, nuestra forma de vivir, la gente, el clima, la música (mas allá del flamenco), nuestro acento, al parecer muy parecido al japonés, y nuestro chicos…Yo no se donde han oído estas historias pero tengo un montón de amigas o conocidas, no solo asiáticas, que hablan maravillas de los chicos españoles. Románticos, cariñosos, muy atractivos, muy zalameros pero sensibles y muy hombres. Esta es la forma que tienen de definir a los hombres españoles. Por un lado me hace gracia porque es un poco el estereotipo de Don Juan pero quizás es que no nos damos cuenta de lo que tenemos en casa J

La mayoría de los amigos internacionales que he hecho son personas que están de paso, seis, nueve meses o incluso un año o algo más pero la sensación que te da es que conoces a gente constantemente pero porque unos vienen y otros se van y nunca tienes esa oportunidad de conocer muy bien a una persona. Además de esto, todo el mundo tiene muchos planes y cosas para hacer así que normalmente no ves a la misma gente cada semana, quedas con unos y con otros y a veces coincides con alguno aquí o allá. Eso sí, en mi caso al menos, todo el mundo te invita a que cuando visites su país le llames para quedar, para que te enseñe su ciudad, para viajar juntos por su país o incluso para que te quedes en su casa unos días y eso es algo que se agradece mucho porque al conocer gente de tantos lugares, algunos no sabes ni situarlos en un mapa, casi a cualquier país que vayas vas a tener a alguien que te eche una mano con los preparativos, aconsejándote o incluso que te haga una ruta por allí y no hay nada mejor que conocer una ciudad, zona, país…de la mano de un nativo, ¿no?

En cuanto a los norteamericanos, les encanta lo español. No se si será lo mismo con todos los países pero yo es decir “from Spain” y empiezan a hablarme las cuatro palabras que saben, a veces seis, a preguntarme por Bardén y Penélope, si me gustan las películas de Almodóvar, que enhorabuena por la victoria del mundial, que si Gasol es muy bueno, que si el otro día estuvo con unos amigos comiendo tapas en un restaurantes español, que si puedo entender a los latinoamericanos cuando hablan, que cuanto se tarda de España a Chile en coche…que si tal y que si pascual y yo aburridita porque siempre son iguales los primeros 10-20 minutos. Una vez contestado que no bailo flamenco, que no es verdad que bebemos cerveza hasta para desayunar, que no me gustan ni Penélope ni Bardém y que prefiero a Amenabar que a Almodóvar, podemos empezar a hablar de cosas mas originales. Todo esto creo que es en parte porque ellos quieren que sepas que les interesa tu país y que saben muchas cosas de el pero a veces se hace un poco pesado porque es como pasar lista de los estereotipos españoles una y otra vez…Pero tengo que decir que, quitando esto que solo lo hacen la primera vez que te conocen, los norte americanos que viven en Nueva York son personas muy abiertas y muy agradables que intentan ayudarte en todo lo posible y que tratan de hacerte vivir experiencias únicas en la ciudad como si fuera parte de su cometido.

Aun me sigue sorprendiendo lo amables que son los norteamericanos aquí, por lo general. Cuando estás perdido en la calle no te tienes que acercar a preguntar, ellos se acercan a ti al verte con el mapa y te preguntan donde quieres ir. Siempre están dispuestos a ayudar y, en cuanto a amistades, siempre están dispuestos a pasarlo bien con los españoles. Esa es otra de las cosas que parece caracterizarnos allá donde vayamos en el mundo. “Los españoles siempre “¡fiesta!”” y a mi me recuerda a Pocholo “fiestaaaaa!”. Vale, nos gusta la fiesta y somos muy callejeros, nos encanta pasarlo bien con amigos y estar hasta las tantas, esto en general. Así que si tu estas en un grupo con amigos y dices que eres de España prepárate a que te inviten a rondas de cervezas, porque los españoles beben y beben y no se emborrachan (yo debo ser adoptada de algún país lejano…) y además no vale que digas que a las tres te vas porque estás cansada “¡pero si tu eres española!” “vale, vale, me quedo otro rato…” todo para no romper el mito, bueno y porque tenemos que reconocer que nos va la marcha.

Hasta aquí todo perfecto, todo el mundo nos adora, está muy interesado en nuestra cultura, bla bla bla pero ¿Qué pasa cuando me siento sola? ¿A quien le puedo contar mis problemas? Nada como tener un amigo/a de España y si no de Italia, Brasil o algún país latinoamericano. Esta es solo mi experiencia pero siento que nuestra forma de ver la vida y la forma que sentimos nuestras vidas en esta ciudad es muy similar. No nos importa hablar de nuestros problemas o nuestros sentimientos. Echamos de menos las mismas cosas, cultura, familia, amigos. Nos ayudamos los unos a los otros y sientes que son tu familia aquí.

Los norteamericanos que viven en Nueva York son personas muy abiertas con las que puedes hablar de todo. Pueden ser buenos amigos. Te van a entender y te van a dar buenos consejos. Hacen por comprenderte y siempre van a ayudarte a encontrar soluciones. Pero solo si tienen tiempo para quedar contigo cuando lo necesitas.

Lo he hablado muchas veces con mis amigos aquí y nuestra conclusión es siempre la misma, la gente está demasiado ocupada haciendo otras cosas como para pararse a escuchar los problemas de otra persona. Siempre hay cosas mejores que hacer. Esta es una de las dobles caras de Nueva York, lo pasas muy bien si estas bien, te sientes solo cuando tienes dudas, problemas o un mal día.

lunes, 21 de marzo de 2011

MIS PRIMEROS DIAS EN NUEVA YORK

Cogí el avión a Nueva York sin conocer a la persona que me iba a recoger al aeropuerto y que además me iba a acoger en su casa por unos días. Era un buen amigo de un amigo de mi hermana.

No le conocía pero después de haber intercambiado unos cuantos correos me dio la sensación como si nos conociéramos de antes, de estas personas con las que conectas desde el principio.

Cuando llegué al aeropuerto pasé el control de seguridad sin problemas, recogí mis maletas y salí a la zona de recogidas. Llegaba con un poco de retraso. Allí debía estar esperándome Adrián, del que la única referencia que tenia era una foto que me había mandado en la que salía el haciéndose una foto a un espejo con una cámara profesional por lo que se le veía menos de media cara.

Cuando salí a la zona de recogidas empecé a mirar de un lado a otro pero no encontré a nadie que se pareciera al chico de la foto, o al ojo y media nariz y labio que había visto en la foto. Pasaron unos cinco minutos y nada. Empecé a pensar en la posibilidad de que le hubiera surgido algo y no pudiera venir a recogerme. Plan B: te coges un taxi a Times Square y buscas un hotel económico por la zona. Cuando estaba pensando en mi plan B vi venir hacia mí un chico. Estaba segura de que era Adrián. “¿Marta?” sonreí y nos dimos un abrazo.

“¿Cómo ha sido el viaje? ¿Estas cansada? ¿Querés comer algo?” Todo esto mientras íbamos hacía el coche.

“No gracias, estoy bien. Nos han dado bastante comida en el avión así que no tengo hambre. No he podido dormir nada porque no paraba de pensar en la locura que estaba haciendo.”

“No es una locura mujer, ahora me contás en el coche”

Y nos pasamos todo el camino a casa hablando. Llegamos a su casa, en Brooklyn, dejamos las cosas y comimos algo. La casa era bastante acogedora y él era muy simpático y atento. Vino a recogerme al aeropuerto a las seis de la tarde y estuvimos hablando en el salón de su casa hasta las cuatro de la mañana sin parar. No podía creer como podía haber una persona a la que acababa de conocer que me comprendiera tan bien y que diera tan buenos consejos. Estaba totalmente impresionada con las cosas que me contaba sobre cuando y en que circunstancias llegó él a Nueva York y todas las cosas por las que había pasado en la ciudad. Llevaba más de veinticuatro horas sin dormir pero no importaba, no podía dejar de escuchar. Esa noche me fui a la cama pensando que solo por haber conocido a Adrián había merecido la pena venir.

Me desperté habiendo dormido solo cinco horas, yo que me encanta dormir y habiendo estado mas de veinticuatro horas sin dormir, el efecto Nueva York empezaba.

Unas semanas antes de ir a Nueva York había estado buscando apartamento entonces la idea era ir a verlos y en cuanto me gustara uno me iba de casa de Adrián, calculaba entre uno y tres días. Así que avisé a los dueños de que ya estaba en Nueva York y ese mismo día me fui a ver dos apartamentos.

La primera vez que cogí el metro, a pesar de que ya había estado en la ciudad un par de veces, me perdí, me fui a Sebastopol, pero tenía todo el tiempo del mundo para perderme así que no había problema.

Iba caminando por la calle como si fuera en una nube, observando cada detalle, mirando a cada persona e intentando absorber el máximo número de imágenes, ¡estaba viviendo en Nueva York!

Muy ilusionada y optimista me fui a ver las casas que tenía para ese día. Desastre…Acostumbrada a vivir en una casa con muebles que pegan y que tienen menos de cincuenta años donde todo huele bien y la puerta te da sensación de seguridad y no es de cartón piedra. Cuando volví a casa se lo conté a Adrián y me dijo que no me preocupara que iba a ver casas mucho peores. Esa noche para subirme un poco el ánimo me llevó a dar una vuelta en coche por Brooklyn. Fue genial. Hacía una temperatura perfecta, íbamos con las ventanillas medio bajadas y con el airecito entrando por las ventanas. Adrián sabe todo sobre todo así que me iba explicando cada zona, cada edificio, cada parque. Me dijo que me iba a llevar a un sitio especial. Yo pensé “¿un sitio especial en Brooklyn?” Lo único que había visitado de Brooklyng las veces que había estado en la ciudad había sido el puente y desde el lado de Manhattan.

Nos bajamos del coche en un barrio con las casas típicas americanas, una zona muy bonita, residencial, pero no había ni un gato por la calle. Yo pensando “¿Dónde me lleva este ahora?” cruzamos un par de calles estrechas con edificios altos y de repente lo vi. Impresionante. Nos habían dado las once o doce de la noche, era totalmente de noche, esa zona no tenía mucha iluminación pero al pasar la última calle te encontrabas con esa imagen tan increíble y llena de luz. Se veía todo Manhattan con todos sus rascacielos llenos de luces en las oficinas, el puente de Brooklyn enorme y hasta la estatua de la libertad a lo lejos. Me quedé impresionada y por unos cuantos minutos no dije nada. Sin duda aquella imagen me había recordado donde estaba y me había llenado de energía. ¡Estaba viviendo en Nueva York! Y tenía muchas de las cosas más emblemáticas de la ciudad ante mí, el puente de Brooklyn, el espacio de la zona cero, el edificio Chrysler, el Empire State, la estatua de la libertad y todo iluminado. Estábamos en la Promenade de Brooklyn, justo al otro lado de Manhattan.


Esa noche si dormí como un lirón. Me levanté a medio día y miré mi correo. Desde Madrid había empezado a buscar estudiantes de español en la ciudad y tenía dos personas interesadas. Ese día había quedado con uno de ellos y además tenía otro apartamento que ver.

Fui al encuentro de mi primer estudiante y madre mía, el chico no hablaba ni papa de español, yo con inglés de colegio, o sea hello, how are you? Y poco más. Lo pasé un poco mal porque no nos podíamos entender bien pero entre la mímica, su teléfono súper tecnológico que tenía traductor y el inglés que yo había aprendido, o inventado, en los viajes que había hecho nos medio entendimos, una hora, al final hasta estuvimos mas porque estábamos en nuestra salsa.

Después me fui a ver el otro apartamento. Estaba en Brooklyn, en frente de Prospect Park que es el parque más grande de Brooklyn, de los mismos diseñadores que Central Park, y tenía muy buena pinta. Lo único que me echaba para atrás es que era la única blanca del barrio, pero cuando digo única es única, encima yo que parezco copito de nieve.

Cuando llegué a casa le conté a Adrián sobre el apartamento que había visto y él me dijo que era una buena zona y que además tenía el parque enfrente y durante el verano se hacían allí muchos conciertos, fiestas, barbacoas…Así que decidí que me iba allí.

A la mañana siguiente me fui al apartamento con una de mis maletas y el dinero del alquiler. La chica pedía el dinero de los dos meses por adelantado así que ese día solté mas de la mitad del dinero del que disponía para esos meses.

Acomodé todas mis cosas y me fui a conocer a mi segundo estudiante, con el que casi dos años después sigo. Mi primera noche en el apartamento y sin Adrián fue súper rara porque me sentía sola y un poco fuera de lugar. Ahí es cuando empezó mi aventura.

Tengo que reconocer que los primeros días no fueron fáciles y que incluso llamé a Adrián diciéndole que no estaba segura si quería vivir en ese apartamento. Él me recomendó que tuviera paciencia, que en unos días iba a sentirme bien pero que si veía que no podía siempre podía irme a su casa de nuevo. La gente me miraba extrañada porque no pegaba nada en ese barrio. Una chica blanca, rubia y un inglés perfecto…Estoy segura que la gente al principio pensaba que me había perdido. Después me sentí como en casa, saludando a la gente en la calle, ellos a mí, hablando con los vecinos y con los porteros, con los de la tienda y hasta con la gente en el parque. Después del tiempo que llevo aquí, lo tengo claro, este fue el mejor apartamento en el que he vivido en Nueva York, ¡y me quejaba!

Los días siguientes los pasé investigando el barrio, buscando supermercados, paseando por el parque, colocando mis cosas en el apartamento para sentirme mas en casa, buscando trabajo y disfrutando la ciudad. Nueva York en verano es más increíble que nunca.


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miércoles, 9 de marzo de 2011

ECHO DE MENOS ESTAR ALLÍ

Echo de menos estar allí. Echo de menos el olor a vainilla de mi casa, el olor de la ropa a suavizante que invade todas las habitaciones al sacarla de la lavadora.

Echo de menos sentirme en casa, sentirme cómoda y relajada en un lugar al que pertenezco, sentir un hogar.

Echo de menos mi pequeña habitación con mi cama tan acogedora, mi almohada tan suave y blandita, mi armario con cajones. Llena  de cosas mías de cuando era pequeña, de mis viajes, de recuerdos de mis amigos y de mi familia.

Echo de menos ir por la calle y encontrarme con alguien conocido desde hace muchos años al que le interese que tal me va la vida, que me pregunte por mi familia y yo por la suya y ponernos al día.

Echo de menos ir al mercado del barrio y hablar con los tenderos que te recomiendan llevar una cosa u otra dependiendo si es fresca del día o no porque te conocen de toda la vida.

Echo de menos la comida deliciosa que tenemos en España y como la cocinamos. Echo de menos los sabores de la carne, del pescado, de la fruta, de los dulces, de la verdura, de los frutos secos. Echo de menos los platos que cocina mi madre, los canelones, los tallarines con chirlas y gambas, la paella o el cocido de los domingos, las croquetas de pollo, la tortilla de patata, las migas de mi tía Felisa, el jamón ibérico, el queso manchego, el sabor del buen marisco, pequeño y caro pero delicioso.

Echo de menos el español y escuchar a la gente hablar con la “c”. Echo de menos poder hablar en español rápido y sin tener cuidado en usar palabras muy complicadas y que la gente me entienda. Echo de menos poder usar esas palabras que no vienen en el diccionario pero que allí todo el mundo entiende, y nuestras expresiones. Echo de menos poder hacer gracias o contar chistes en español y que la gente se ría al entenderlo. Ir al cine y enterarme de todo.

Echo de menos los abrazos sinceros y los gestos de cariño. Echo de menos la cara de mis amigos y mi familia, sus gestos, sus gracias, su sonrisa, el sonido de su risa.

Echo de menos pasar tiempo con mi madre y reírnos a carcajadas de cosas sin importancia, hablar con mi padre del libro que estamos leyendo o meterme con mi hermana e incluso discutir con ella.

Echo de menos poder estar cerca de las personas que quiero cuando necesitan una inyección de energía en un mal momento. Poder celebrar los cumpleaños de los míos con ellos y vivir las pequeñas cosas del día a día.

Echo de menos las quedadas con los amigos en el mismo bar de siempre y hablar de cosas con o sin importancia durante horas mientras nos tomamos unas tapitas que nos pone Jose.

Echo de menos pasar los domingos con mis primas en el salón comiendo chuches hasta no poder respirar mientras nos reímos de los artículos ridículos de Teletienda que van poniendo en la televisión. Ver a mi primo pequeño que se va haciendo un hombrecito poco a poco.

Echo de menos formar parte de un grupo, de una familia. Echo de menos la simpatía natural de la gente y la espontaneidad.

Y es que aunque Nueva York es una ciudad increíble donde puedes disfrutar mucho y conocer cosas que quizás en España no podrías aquí es muy difícil encontrar todas estas cosas que echo de menos porque somos muy diferentes y lo que al principio te puede llamar la atención por novedoso con el tiempo puede convertirse en un constante recordatorio de lo que has tenido cuando no vivías aquí y te hace darte cuenta de lo valioso que es y lo afortunado que has sido o eres por tenerlo.

Quizás lo echo tanto de menos porque tendemos a idealizar las cosas cuando no las tenemos pero realmente hoy me gustaría estar en mi casa.

Siempre daré gracias a Nueva York por mi experiencia aquí pero también por abrirme los ojos sobre lo agradecida que debo estar de la familia y amigos que tengo y de lo afortunada que soy por haber nacido en España.

Pese a la morriña, estoy muy contenta de poder tener esta aventura y seguiré disfrutando de Nueva York mientras le explico a la gente de aquí las cosas tan bonitas y buenas que tenemos en España y la alegría y la espontaneidad que caracteriza a los españoles, lo malo me lo callo, eso queda entre tu y yo J


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