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jueves, 22 de marzo de 2012

VIAJE A POLONIA 2012: DIA 1, VARSOVIA

Quedamos a las 4:15 de la mañana para cogernos un taxi hacia el aeropuerto. En barajas nos reunimos los cinco amigos que íbamos hacia Varsovia. Nuestro vuelo desde Madrid a Milán, donde hicimos escala para llegar a Varsovia, salió a la hora. Teníamos en nuestra contra cada minuto que pasara ya que nuestro vuelo de Madrid a Milán llegaba a las 8:15 de la mañana y nuestro vuelo de Milán a Varsovia salía a las 9:00 de la mañana.

En un principio, teníamos tiempo suficiente para cogerlo pero nosotros no habíamos contado con el hecho de que, aunque el avión aterrizara a las 8:15, entre coger las maletas, bajar del avión, salir de la zona de embarque, volver a pasar por el control de seguridad, buscar la puerta de embarque y llegar hasta ella...Podíamos necesitar algo de tiempo...

El avión aterrizó y nos volvimos locos para coger nuestras maletas ya que no estaban encima de nuestras cabezas si no cinco o seis asientos hacia delante. Esperando, esperando, esperando, decidimos pedir a la gente que nos dejara ir a coger las maletas o que nos las fueran pasando.

Una amiga se pasó hacia allá y empezó a pasar las maletas por encima de las cabezas de la gente, que nos las iba pasando hacia atrás. ¡Que majetes! Esto es trabajo en equipo y lo demás tontería...Así que, dando las gracias a todo el mundo por haber sido tan amables, salimos del avión corriendo en cuanto abrieron las puertas. ¡Ibamos a perder el avión a Varsovia!

La distancia entre el avión y la terminal sería de unos cien metros, bueno, pues había un autobús esperando a los pasajeros para llevarlos y claro...Hasta que no se montaran todos los pasajeros nada...Con toda mi cara, y por si colaba...Me fui y le pregunté al azafato si podíamos ir andando (¡estaba al lado!) a la terminal. Por supuesto, la respuesta era la de esperar "No. Para eso tenemos el autobús." Vale vale, rancio...

Nos montamos en el autobús mirando el reloj. Quedaban cuarenta minutos para que el vuelo a Varsovia despegase...pero solo diez para que se cerrase la puerta de embarque. Imagina nuestras caras cuando los mismos que nos habían pasado las maletas para que saliésemos los primeros iban entrando al autobús...Todo el tiempo que ganamos arriba lo perdimos esperando en el autobús.

El autobús arrancó y medio minuto después se paró. Ya habíamos llegado a la terminal. Salimos corriendo y pasamos todos los trámites hasta llegar a la pantalla que indicaba la puerta de embarque de nuestro siguiente vuelo, a todo esto, por supuesto, nos pararon a unos cuantos en el control de seguridad para cachearnos.

Llegamos a la puerta de embarque cuando ya se suponía que la puerta debía estar cerrada pero no lo estaba así que dimos nuestros pasaportes y billetes electrónicos y pasamos al túnel de embarque. ¡Prueba superada!

Nos volvieron a montar en un autobús para llevarnos al avión pero...¡Era el mismo en el que habíamos estado diez minutos antes! Aun podíamos ver el avión del que nos habíamos bajado que casualmente estaba al lado del que teníamos que coger. Hubiera sido mucho mas fácil pasar de uno a otro directamente :) pero entonces no hubiéramos superado el record mundial de embarque.

El vuelo fue tranquilo y nos dejó en el aeropuerto de Varsovia a la hora prevista. ¡Ya estábamos en Polonia!

Desde el aeropuerto de varsovia cogimos un autobús regular que nos llevó a la estación central de tren de la ciudad, donde nos estaba esperando nuestra amiga, la que vive en Varsovia desde hace un par de semanas.

La primera impresión de la ciudad fue quizás un poco gris.Quizás porque el día no era muy soleado, por el color apagado de los edificios, por las grandes parques sin una hoja, con los esqueletos de los árboles al desnudo.

Llegamos a la estación central y esperamos un poco hasta que llegó nuestra amiga. Es bastante extraño ver a una buena amiga en un lugar donde nunca has estado tan lejos de tu casa. Verla en Madrid y la siguiente vez en Varsovia con su bolsita de la compra y tan tranquila como si hubiera vivido allí toda la vida...Un poco irreal.


Con los bártulos a cuestas, nos fuimos andando a casa de nuestra amiga, a unas tres calles de la estación. Mirando para todas partes queriendo captar cada imagen, cada sonido, cada olor, llegamos a casa de nuestra amiga, una casa bastante grande, completamente nueva y con seguridad 24 horas. 

Todo había empezado de madrugada en Madrid, unas ocho horas antes. Estábamos agotados y teníamos mucha hambre así que nos tiramos en el sofá a hablar y a comer algo para reponer pilas y de paso esperar al novio de nuestra amiga que venía de la oficina.

Cuando llegó Pedro, nos fuimos a dar una vuelta, a cambiar mas dinero en un Kantor, así se llaman allí los lugares para cambiar dinero y comer algo consistente antes de empezar a descubrir la ciudad.

Fuimos a cambiar el dinero, el cambio sale mas o menos así, por cada euro te dan cuatro zlotys. Al lado nos encontramos un mc donals y unos de mis amigos dijo "Para saber la diferencia de precio entre una ciudad y otra, no hay nada mejor que comprobar el índice del big mac" y así lo hicimos. Es un poco ridículo estar en Polonia y que la primera comida que hagas sea una hamburguesa en el mc donals pero con el ambre que teníamos no queríamos buscar mas. El precio es de la mitad aproximadamentecocacola...Empezábamos bien...

Después de haber saboreado la típica hamburguesa polaca...Nos fuimos a dar una vuelta hacia El Palacio de la Cultura, que cada noche cambia de color como el Empire State, de hecho se parece un poco, La Plaza de La Constitución, por donde cruzan los famosos tranvías de la ciudad. 


Desde allí nos cogimos un tranvía y nos dirigimos a uno de los barrios mas auténticos de la ciudad, El Barrio de Praga. Una antigua zona adinerada que cayó en decadencia pero que ha sido recuperada por jóvenes alternativos donde puedes encontrar bares, cafés y galerías de arte únicas y originales.


Una de las amigas con las que íbamos había estado viviendo en el barrio de Praga durante su erasmus en Polonia y fue nuestra guía oficial. Fuimos a visitar el edificio donde vivía, que distaba bastante del de nuestra otra amiga que ahora viví allí ya que era viejo y destartalado. Si tuviera que elegir confort, vivir en el centro e incluso lujo o uno de estos edificios donde la historia está tatuada a base de metralla, me quedaría con Praga.


Entramos en uno de los bares underground del barrio para tomar una cerveza, no contábamos con los mas de treinta tipos que había...Así que, para no pasar horas decidiendo, pedimos siete cervezas diferentes para probarlas entre todos. De frambuesa, seca, fuerte, hasta de miel o regaliz, todas con sabores curiosos y todas de medio litro...No se si tenían la calefacción a todo trapo o fueron las cervezas pero acabamos todos a lo Heidi, con unos colores...¡y unos calores!



Después de un rato callejeando por la zona, nos fuimos para casa, pasando antes por una pequeña tienda para comprar un par de cervezas mas y algo para picar. A eso de las dos de la mañana, después de que algunos lleváramos casi treinta horas sin dormir, solo pudimos tirarnos en las camas y dormir, dormir, dormir...


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domingo, 27 de marzo de 2011

¿POR QUE LA GENTE PIENSA QUE SOY JUDIA?

Desde que llegué a Nueva York un par de personas me han parado en la calle preguntándome si era judía o directamente hablándome en hebreo.

Cuando llegué aquí no tenía mucha idea sobre judaísmo pero siempre me han llamado la atención las diferentes religiones y sus tradiciones así que con el judaísmo encontré una mina.

Dio la casualidad que conocí a una chica que era judía religiosa y que vivía en un barrio ortodoxo. Me encantaba escuchar las explicaciones de por que las mujeres tenían que llevar peluca o porque los hombres tenían que llevar una especie de cinturón con unas tiras colgando. Porque todos tenían que ir vestidos de blanco y negro. Por que las mujeres no podían enseñar el codo o las rodillas, ¡ni en verano!

Las mujeres tienen que llevar peluca, o algo que les cubra el pelo, una vez que se han casado porque según su religión, el pelo de la mujer tiene mucho poder de atracción y sensualidad por lo que una mujer casada solo puede mostrarle su pelo a su hombre.

Los hombres tienen que llevar esa especie de cinturón para separar lo espiritual, la cabeza, la mente, lo celestial, de lo físico, animal, humano…Te haces una idea de lo que es ¿no? Lo llevan desde los niños más pequeños.

Visten de blanco y negro porque deben vestir de forma modesta y sin llamar la atención. Y las mujeres además deben cubrir sus piernas por encima de la rodilla y sus brazos por encima del codo. Además no pueden llevar escotes o pantalones.


Como estas cosas muchas más. Cosas que me llamaban la atención y que cada vez que la veía le preguntaba. Hasta que un día me fui a vivirlo in situ.

Hace más de nueve meses que vivo con ella, y con mi otro compañero del que ya te hablé. Vivimos en un barrio ortodoxo donde todos los preceptos judíos se llevan a raja tabla.

Según sales del metro te encuentras con una sinagoga que está abierta 24 horas, 365 días al año. Está dividida en dos partes. La primera planta para los hombres y la segunda para las mujeres. Ni un hombre ni una mujer puede ir a la zona del otro, está prohibido. La parte central de la sinagoga es donde están los hombres y la parte de las mujeres es como si fuera una grada con bancos. Tienen un cristal que les separa. Desde la parte de las mujeres puedes ver la parte de los hombres, para seguir la ceremonia, pero desde la parte de los hombres no puedes ver a las mujeres.


La primera vez que fui a la sinagoga con mi amiga, como era de esperar, me dieron la bienvenida y nada mas entrar se acercaron a hablar conmigo y a explicarme cosas sobre la sinagoga, sus celebraciones, a preguntarme si era judía y si practicaba los rituales. Mi amiga me aconsejó que dijera que era judía para que no hubiera problemas así que eso es lo que dije. La gente se acercaba a hablar conmigo en hebreo pero yo les expliqué que aunque era judía mi familia no era practicante y no había aprendido a hablar hebreo. Me sentí un poco mal porque era todo mentira pero es lo que me recomendó mi amiga.

Cuando vino una de mis primas a visitarme le quise llevar a ver la sinagoga porque estaba muy impresionada por lo que estaba viendo en todo el barrio. Como vestía la gente, el sonido de la sirena desde la sinagoga avisando que empezaba el Sabat, el asunto de lo que podemos comer o no en casa…

Así que fuimos. Le dije que íbamos a entrar para echar un vistazo y que nos íbamos rápido porque si no nos iban a empezar a hablar sobre que el Mesías viene ya y que deberíamos de seguir las reglas de los judíos ortodoxos y demás. Iba a ser una visita relámpago.

Entramos y mi prima sorprendida empezó a dar una vuelta por allí. De repente apareció la chica que me había estado hablando durante más de media hora la última vez. Vi el peligro así que le dije a mi prima que nos fuéramos pero….no nos dio tiempo a salir, nos pilló en la puerta. Lo que pasó a partir de aquí fue muy gracioso.

Mi prima casi no habla inglés, miento, habla el inglés medio de la mayoría de los españoles J y la chica judía estaba hablándonos en inglés así que yo le iba traduciendo a mi prima todo lo que iba diciendo. Después de los saludos y preguntas básicas de cómo llevábamos el día y demás:

“Marta tu me dijiste que eras judía ¿verdad?”

“Si, bueno, como te expliqué, de familia judía pero no practicante”

Mi prima “¿Qué dice?”, yo “Que si soy judía”, mi prima “¿Y tu que le has dicho?” todo esto la otra chica delante. Yo “Le he dicho que si”. Mi prima “¡¡¡¿Qué??!!!” gritando en la sinagoga, “¿Qué te has hecho judía? ¿Desde cuando?, ¿Se los ha dicho a tu madre? Madre mía Marta ¿Pero por qué? ¿Qué ha pasado? ¿Por qué no me lo has dicho?” y yo  sonriendo para disimular el pollo que estaba montando mi prima “jeje Cristina soy judía aunque no practicante” y hablando entre dientes por si la otra chica entendía algo de español “por que sino no podemos entrar aquí” A todo esto mi prima se empieza a partir de risa, la otra chica con cara de “¿Qué está pasando?” y yo explicándola a la chica que mi prima había entendido mal una cosa. La chica debió de darse cuenta de que algo pasaba porque nos echó a lo sutil “Creo que es mejor que le enseñes a tu prima la casa del rabino que está saliendo por ahí” señalando a la puerta. Nos fuimos y no volví a entrar a la sinagoga, hasta que…

Mi otra prima, la hermana de la primera, y mi hermana vinieron a visitarme y tenían curiosidad por entrar en la sinagoga pero yo les dije que yo ya no iba a entrar más así que pasaron ellas solas y yo me quedé en la puerta esperándolas. Después de veinte minutos de reloj, yo ya las veía con pelucas y rezando así que entré  a ver que estaba pasando. Las había pillado por banda una mujer y, después de hacerles las preguntas pertinentes, les estaba dando sus nombres judíos por que toda mujer judía, no se si los hombres también, es rebautizada con un nombre bíblico en caso de que no lo tenga. Así que entré y hice una de “Chicas nos están esperando fuera, ¿os queda mucho?” Mi prima y mi hermana vieron el cielo, se despidieron, no sin antes decir que si que se iban a pasar por la boda que había al día siguiente, después de la insistencia de la mujer.


He celebrado rituales y tradiciones con mi amiga, he ido a la tumba de un rabino muy famoso a pedir deseos, he hecho ayuno (¡no comer pero además no beber!) en una de sus fiestas mas importantes e intento mantenerme a raya con todo lo relacionado con la comida Kosher. Aunque esto último ha traído cola.


Siguen parándome por la calle ahora tiene mas sentido porque vivo en un barrio judío, para decirme que si no creo que sería mas apropiado cambiar mi forma de vestir porque el Mesías llegará solo cuando todos los judíos sigan las normas que siguen los ortodoxos. Y eso que yo visto de lo mas sencilla…pero supongo que eso de lleve pantalones les mata.

El otro día fui a comprar al supermercado, ortodoxo, y me pilló por banda un abuelito que tendría unos ochenta años y venga hablar, venga hablar, la mayoría de las cosas interesantes pero me empecé a mosquear cuando me pidió el teléfono y me dijo que si estaba soltera. Pero para aclarar me dijo que no era para él, que él estaba casado. “Ah bueno” pensé yo…Y además me quería concertar una cita con el rabino para que me ayudara a ver la luz…Y me dijo que no me preocupara que si este rabino no me gustaba conocía a otro en Manhattan que seguro que me iba a gustar. Empezó a sonar un poco raro así que me despedí diciendo que tenía prisa y salí escopetada, y yo que solo quería comprarme un sándwich…¡Casi una hora en la tienda! Si lo que te digo, tengo un imán.

Vivir en un barrio judío es muy interesante porque aprendes cosas sobre su cultura y además es muy familiar porque es una comunidad y todo el mundo ayuda a todo el mundo y hacen muchas celebraciones juntos. Además es muy seguro porque tienen seguridad privada, porque hace un par de años tuvieron problemas muy serios con la zona de al lado, afro americanos cristianos, eso y además que hay gente en la calle yendo o viniendo de la sinagoga a todas horas así que os perfecto para volver de madrugada.

Lo único que no me gusta es que las tiendas cierran todas en Sabat, porque para ellos es sagrado, y el tema de la comida que me trae por el camino de la amargura. Eso da para horas y horas hablando…

Pero en definitiva, la experiencia merece la pena y además he aprendido algo de hebreo, nivel medio, ya sabes J


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lunes, 21 de marzo de 2011

MIS PRIMEROS DIAS EN NUEVA YORK

Cogí el avión a Nueva York sin conocer a la persona que me iba a recoger al aeropuerto y que además me iba a acoger en su casa por unos días. Era un buen amigo de un amigo de mi hermana.

No le conocía pero después de haber intercambiado unos cuantos correos me dio la sensación como si nos conociéramos de antes, de estas personas con las que conectas desde el principio.

Cuando llegué al aeropuerto pasé el control de seguridad sin problemas, recogí mis maletas y salí a la zona de recogidas. Llegaba con un poco de retraso. Allí debía estar esperándome Adrián, del que la única referencia que tenia era una foto que me había mandado en la que salía el haciéndose una foto a un espejo con una cámara profesional por lo que se le veía menos de media cara.

Cuando salí a la zona de recogidas empecé a mirar de un lado a otro pero no encontré a nadie que se pareciera al chico de la foto, o al ojo y media nariz y labio que había visto en la foto. Pasaron unos cinco minutos y nada. Empecé a pensar en la posibilidad de que le hubiera surgido algo y no pudiera venir a recogerme. Plan B: te coges un taxi a Times Square y buscas un hotel económico por la zona. Cuando estaba pensando en mi plan B vi venir hacia mí un chico. Estaba segura de que era Adrián. “¿Marta?” sonreí y nos dimos un abrazo.

“¿Cómo ha sido el viaje? ¿Estas cansada? ¿Querés comer algo?” Todo esto mientras íbamos hacía el coche.

“No gracias, estoy bien. Nos han dado bastante comida en el avión así que no tengo hambre. No he podido dormir nada porque no paraba de pensar en la locura que estaba haciendo.”

“No es una locura mujer, ahora me contás en el coche”

Y nos pasamos todo el camino a casa hablando. Llegamos a su casa, en Brooklyn, dejamos las cosas y comimos algo. La casa era bastante acogedora y él era muy simpático y atento. Vino a recogerme al aeropuerto a las seis de la tarde y estuvimos hablando en el salón de su casa hasta las cuatro de la mañana sin parar. No podía creer como podía haber una persona a la que acababa de conocer que me comprendiera tan bien y que diera tan buenos consejos. Estaba totalmente impresionada con las cosas que me contaba sobre cuando y en que circunstancias llegó él a Nueva York y todas las cosas por las que había pasado en la ciudad. Llevaba más de veinticuatro horas sin dormir pero no importaba, no podía dejar de escuchar. Esa noche me fui a la cama pensando que solo por haber conocido a Adrián había merecido la pena venir.

Me desperté habiendo dormido solo cinco horas, yo que me encanta dormir y habiendo estado mas de veinticuatro horas sin dormir, el efecto Nueva York empezaba.

Unas semanas antes de ir a Nueva York había estado buscando apartamento entonces la idea era ir a verlos y en cuanto me gustara uno me iba de casa de Adrián, calculaba entre uno y tres días. Así que avisé a los dueños de que ya estaba en Nueva York y ese mismo día me fui a ver dos apartamentos.

La primera vez que cogí el metro, a pesar de que ya había estado en la ciudad un par de veces, me perdí, me fui a Sebastopol, pero tenía todo el tiempo del mundo para perderme así que no había problema.

Iba caminando por la calle como si fuera en una nube, observando cada detalle, mirando a cada persona e intentando absorber el máximo número de imágenes, ¡estaba viviendo en Nueva York!

Muy ilusionada y optimista me fui a ver las casas que tenía para ese día. Desastre…Acostumbrada a vivir en una casa con muebles que pegan y que tienen menos de cincuenta años donde todo huele bien y la puerta te da sensación de seguridad y no es de cartón piedra. Cuando volví a casa se lo conté a Adrián y me dijo que no me preocupara que iba a ver casas mucho peores. Esa noche para subirme un poco el ánimo me llevó a dar una vuelta en coche por Brooklyn. Fue genial. Hacía una temperatura perfecta, íbamos con las ventanillas medio bajadas y con el airecito entrando por las ventanas. Adrián sabe todo sobre todo así que me iba explicando cada zona, cada edificio, cada parque. Me dijo que me iba a llevar a un sitio especial. Yo pensé “¿un sitio especial en Brooklyn?” Lo único que había visitado de Brooklyng las veces que había estado en la ciudad había sido el puente y desde el lado de Manhattan.

Nos bajamos del coche en un barrio con las casas típicas americanas, una zona muy bonita, residencial, pero no había ni un gato por la calle. Yo pensando “¿Dónde me lleva este ahora?” cruzamos un par de calles estrechas con edificios altos y de repente lo vi. Impresionante. Nos habían dado las once o doce de la noche, era totalmente de noche, esa zona no tenía mucha iluminación pero al pasar la última calle te encontrabas con esa imagen tan increíble y llena de luz. Se veía todo Manhattan con todos sus rascacielos llenos de luces en las oficinas, el puente de Brooklyn enorme y hasta la estatua de la libertad a lo lejos. Me quedé impresionada y por unos cuantos minutos no dije nada. Sin duda aquella imagen me había recordado donde estaba y me había llenado de energía. ¡Estaba viviendo en Nueva York! Y tenía muchas de las cosas más emblemáticas de la ciudad ante mí, el puente de Brooklyn, el espacio de la zona cero, el edificio Chrysler, el Empire State, la estatua de la libertad y todo iluminado. Estábamos en la Promenade de Brooklyn, justo al otro lado de Manhattan.


Esa noche si dormí como un lirón. Me levanté a medio día y miré mi correo. Desde Madrid había empezado a buscar estudiantes de español en la ciudad y tenía dos personas interesadas. Ese día había quedado con uno de ellos y además tenía otro apartamento que ver.

Fui al encuentro de mi primer estudiante y madre mía, el chico no hablaba ni papa de español, yo con inglés de colegio, o sea hello, how are you? Y poco más. Lo pasé un poco mal porque no nos podíamos entender bien pero entre la mímica, su teléfono súper tecnológico que tenía traductor y el inglés que yo había aprendido, o inventado, en los viajes que había hecho nos medio entendimos, una hora, al final hasta estuvimos mas porque estábamos en nuestra salsa.

Después me fui a ver el otro apartamento. Estaba en Brooklyn, en frente de Prospect Park que es el parque más grande de Brooklyn, de los mismos diseñadores que Central Park, y tenía muy buena pinta. Lo único que me echaba para atrás es que era la única blanca del barrio, pero cuando digo única es única, encima yo que parezco copito de nieve.

Cuando llegué a casa le conté a Adrián sobre el apartamento que había visto y él me dijo que era una buena zona y que además tenía el parque enfrente y durante el verano se hacían allí muchos conciertos, fiestas, barbacoas…Así que decidí que me iba allí.

A la mañana siguiente me fui al apartamento con una de mis maletas y el dinero del alquiler. La chica pedía el dinero de los dos meses por adelantado así que ese día solté mas de la mitad del dinero del que disponía para esos meses.

Acomodé todas mis cosas y me fui a conocer a mi segundo estudiante, con el que casi dos años después sigo. Mi primera noche en el apartamento y sin Adrián fue súper rara porque me sentía sola y un poco fuera de lugar. Ahí es cuando empezó mi aventura.

Tengo que reconocer que los primeros días no fueron fáciles y que incluso llamé a Adrián diciéndole que no estaba segura si quería vivir en ese apartamento. Él me recomendó que tuviera paciencia, que en unos días iba a sentirme bien pero que si veía que no podía siempre podía irme a su casa de nuevo. La gente me miraba extrañada porque no pegaba nada en ese barrio. Una chica blanca, rubia y un inglés perfecto…Estoy segura que la gente al principio pensaba que me había perdido. Después me sentí como en casa, saludando a la gente en la calle, ellos a mí, hablando con los vecinos y con los porteros, con los de la tienda y hasta con la gente en el parque. Después del tiempo que llevo aquí, lo tengo claro, este fue el mejor apartamento en el que he vivido en Nueva York, ¡y me quejaba!

Los días siguientes los pasé investigando el barrio, buscando supermercados, paseando por el parque, colocando mis cosas en el apartamento para sentirme mas en casa, buscando trabajo y disfrutando la ciudad. Nueva York en verano es más increíble que nunca.


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