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martes, 18 de junio de 2013

APRENDIENDO A HACER PASTA FRESCA ITALIANA

Si había algo que me hacía ilusión aprender viviendo aquí en Italia era como hacer pasta fresca.

Si se le pregunta a una persona a la que le gusta comer, que disfruta de la cocina en general y de la italiana en concreto, que tiene un amigo italiano que se ofrece a enseñarle la receta y los trucos de como hacer pasta fresca, si quiere aprender, no hay respuesta mas fácil. ¡Si!

Así que un par de días después de la proposición quedamos en mi casa para ponernos manos a la obra. Pensé que, al ser mi primera vez, sería un poco desastre pero todo fue mas fácil de lo que pensaba.

Los ingredientes son pocos y muy básicos: seiscientos gramos de harina, medio vaso de agua, tres huevos, una cucharada pequeña de sal, una cucharada pequeña de aceite y mucho cariño :)

Lo primero que hay que hacer es una pirámide con la harina.


Hacemos un agujero en la pirámide y metemos dentro los huevos, un poquito de agua, la sal y el aceite.


Después, nos toca mezclar con nuestras manos todos los ingredientes hasta que, poco a poco, se vaya formando una masa. Si vemos que se nos está pegando la mezcla a las manos, ponemos un poquito de harina. Si, por el contrario, vemos que la masa está quedando un poco seca, ponemos un poquito de agua.


Guarreas todo pero ¡es tan divertido!. Te sientes como un niños jugando...Por eso, creo que es ideal para hacerlo con peques. Después de dale que te pego toma que te doy por un tiempo, llegas a una masa uniforme que te llenará de orgullo y satisfacción.


Haz una bola con la masa y métela en un trapo dejándola reposar una media hora o mas en una zona a temperatura ambiente, en la misma encimera de la cocina.


Mientras que la masa reposaba, nos pusimos a hacer la salsa, ragú.

Esto es mas fácil, mezclas un sofrito de apio, cebolla y zanahoria con carne picada, tomate frito, sal, un poco de aceite y vino tinto y los pones a fuego lento a calentar. En una media hora estará preparado, la carne habrá cogido el sabor de todos los ingredientes y la masa ya estará preparada para ser cortada.


Ahora toca lo que requiere mas fuerza y paciencia. Amasar con el rodillo. Tienes que dejar la masa fina y para ello, tienes que rodar el rodillo para todos los sentidos estirando la masa lo máximo. ¡Pero antes! No olvides poner harina espolvoreada en la encimera para que no se te pegue la masa...


Después, tendrás que cortar la masa en dos mitades, para que el trabajo sea más fácil y enrollar cada parte por separado. Haciéndolo así, será mas fácil cortar los fettuccine. Una vez tengas el rollito, empieza a cortarlo finito con un cuchillo sin dientes.


Para abrir la pasta solo tendrás que tirar de uno de los extremos de cada trozo que hayas cortado y así irán saliendo las tiras de la pasta ya cortada.



¡Aun te queda la otra mitad de la masa! Haz exactamente lo mismo hasta tener toda la masa cortada y separada en fettuccine.


¡Pasta fresca hecha! ¿A que no es tan difícil? Receta apta para todos los públicos.

La pasta ya está lista para cocer así que caliente agua y cuando esté hirviendo, pon la pasta en la cazuela con un poco de sal y un chorrito de aceite de oliva. En cinco minutos tendrás tu pasta preparada para ser devorada. Si a esta, le añades la salsa de ragú...¡Te deleitarás como en el séptimo cielo!


¡Ahora te toca probar a ti! ;)

Próxima receta por aprender....¿Pizza? ¿Tiramisú? Arghghhhgh se me hace la boca agua solo de pensarlo...


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jueves, 14 de junio de 2012

HIROSHIMA Y MIYAJIMA

Hoy iba a ser un día especial. Llevaba muchos años queriendo visitar Hiroshima. He visto muchos documentales sobre lo que ocurrió el seis de agosto de 1945. Aquel bombardeo atómico, junto con el de Nagasaki, que puso punto final a la segunda guerra mundial. Se tratan de los únicos ataque con bomba atómica de la historia, y espero que los últimos.

Se estima que antes de que acabara el año del bombardeo, la bomba de Hiroshima había matado a mas de 140.000 personas y la de Nagasaki a mas de 80.000.

Desde Kioto en el tren de alta velocidad se tarda menos de dos horas. Al llegar a la estación, la mejor forma de llegar al Parque Memorial de La Paz es cogiendo un tranvía que tarda unos diez minutos en llegar.

Lo primero que te encuentras al bajar del tranvía es La Cúpula Genbaku, que es el único edificio que quedó en pie después del bombardeo. Se dejó tal y como quedo que sirve hoy como símbolo de esperanza en la paz mundial y la eliminación de las bombas atómicas.




Es impresionante pensar que es el único edificio que no fue destruido. Antes de que ocurriera lo de la bomba atómica Hiroshima era una ciudad como lo que puede ser hoy Valladolid o algo así. No podría imaginarme que de repente, en un abrir y cerrar de ojos la ciudad desapareciera por completo.



Cruzando el puente, reconstruido, llegamos al Parque Memorial de la Paz. Nada mas llegar vemos a una gran cantidad de niños de diferentes colegios llegando a La Estatua de los Niños de la Bomba Atómica.



Se trata de un monumento en honor a la gran cantidad de niños que murieron tras el bombardeo. A los pies de la estatua encontramos a un grupo de niños que al llegar mantuvieron silencio y, mientras empezaba a caer una fina cortina de agua, al unísono empezaban a cantar una preciosa canción muy emotiva para recordar a los niños víctimas de la bomba de Hiroshima.




Fue algo tan emotivo. Se pusieron los pelos de punta, un nudo en la garganta y un sentimiento de pena que aun hoy al recordarlo vuelve a mi. Después de la canción, un minuto de silencio con la cabeza reclinada.

Algunos de los niños dejaron unas ofrendas de colores hechas a base de mini pajaritas de papel. Fue aquí cuando nos enteramos de la historia de Sadako Sasaki.

Sadako Sasaki fue una niña que vivía en Hiroshima cuando explotó la bomba atómica. Para entonces solo tenía dos añitos pero pareció no afectarle ya que creció fuerte y sin problemas. Nueve años después, de repente, mientras corría en un parque, se cayó en el suelo. Fue entonces cuando fue diagnosticada con leucemia, o también conocida como "enfermedad de la bomba A".

Su mejor amiga le recordó una vieja tradición sobre una persona que hizo 1000 grullas de papel (origami) y como agradecimiento los dioses le concedieron un deseo. Así que su mejor amiga le regaló una grulla hecha de papel dorado diciéndole "aquí tienes tu primera grulla" para que completase las 1000 grullas y pudiese pedir el deseo a los dioses de curarse.

Llegó a hacer 644 grullas de papel pero al final la enfermedad pudo con ella cuando tan solo tenía doce años. Sus compañeros de escuela acabaron las 256 grullas que faltaban para completar las 1000 pero miles de niños en Japón y en todo el mundo se unieron a ellos haciendo mas y mas grullas de papel para pedir la paz en el mundo y para recordar a todos los niños que murieron a causa de las dos bombas atómicas.




Caminando sobrecogidas por el parque llegamos a la llama de la paz y al Cenotafio Memorial. Un lago en medio y los jardines que rodean la zona dan mucha paz a este parque donde tanto horror ocurrió. A través del Cenotafio Memorial se puede ver de fondo la cúpula en pie y la llama de la paz.




Por una cantidad simbólica, unos cincuenta céntimos de euro, entramos al Museo Memorial de la Paz. Es un museo que sobrecoge por lo gráfico que es. En él se cuenta la historia de porque fueron elegidos Hiroshima y Nagasaki, de cuando se tomó la decisión, quien la tomo, como se llevó a cabo y las consecuencias que tuvo.




Es brutal ver las fotos que en el museo se exponen sobre como la gente, después de la bomba, buscaban desesperadamente refugiarse y buscar a sus seres queridos.




Aunque poco días después de lo que ocurrió, creo que esto va en la personalidad y la forma de ver la vida de los japoneses, intentaron volver a empezar de cero, que el tiempo no se parase en aquel fatídico día, había que seguir adelante. Por eso surgieron hasta escuelas improvisadas en plena calle.




Después de un día bastante intenso, un repaso por la historia y aprender bastante sobre lo que ocurrió en Hiroshima, nos cogimos un tren hasta Miyajima que es una isla muy curiosa bastante cerca de Hiroshima.

Bastante curiosa porque es una isla donde, además de que los cervatillos viven salvajes sin molestar y sin ser molestados, en ella existe un enorme Tori en el mar, si si, en el mar.




Cuando la marea está alta el Tori es cubierto por el mar dejando una imagen muy curiosa ya que parece que está flotando. Cuando la marea está baja se puede ver el Tori en la playa de la isla.




El problema es que un par de semanas antes de llegar nosotras hubo una tormenta muy grande que afectó notablemente el Tori por lo que estaba en restauración por lo que los andamios no permitían ver bien el Tori aunque si que se podía intuir.




De vuelta en el ferry, despidiéndonos de Miyajima y de sus cervatillos, nos paramos a pensar las cosas tan maravillosas que puede hacer el hombre y como a su vez es capaz de hacer cosas tan terribles...




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miércoles, 6 de abril de 2011

UN DÍA MUY LARGO PERO CURIOSO Y CON UN FINAL DELICIOSO

Después de haber dormido unas cuatro horas por unos problemas logísticos la noche anterior me levanto agotada, me doy una ducha con agua a veces hirviendo a veces congelada, en plan balneario pero no a propósito, me visto, preparo la cosa, imprimo el material para las clases y me voy. Salgo a la calle y un viento increíble, pelos desenfrenados, que no es por el estilismo si no porque si ya de por si mi pelo no hay quien lo dome ya con ese viento apaga y vamonos.

Esa mañana tenía clase de español para niños de entre año y medio y tres años así que me pasé todo el trayecto en el metro recordando el orden de las actividades, repasando las coreografías de las distintas canciones y confirmando que tenía todo el material que necesitaba. Casualmente me encontré en el metro a uno de mis estudiantes con el que tenía clase por la noche J ¡Siempre me encuentro con gente en Nueva York!

El día anterior habíamos ido a nuestro armario en la sala que alquilamos para las clases de preescolar alternativo en español y nos quedamos bocabiertas cuando vimos que alguien había robado mas de la mitad de nuestro material así que tuvimos que comprar material de urgencia en el último minuto, reestructurar algunas actividades porque no era posible conseguir el material en un día…un caos. Así que estaba bastante nerviosa pensando que todo estaba preparado para esa clase. Recordé que también nos habían robado la máquina de hacer burbujas pero la madre (jefa) tenía una pistola grande de burbujas en su casa así que le mandé un mensaje diciéndola que no se la olvidara.

Cuando salgo en la estación cerca del edificio donde damos las clases me llega un mensaje de la madre “no tengo la otra pistola”. Yo tampoco lo sabía porque nunca antes había dado clases a niños tan pequeños pero las burbujas son algo fundamental en una clase infantil…les hipnotizan las burbujas, les encantan ¡Necesitábamos burbujas! Así que me pasé por una tienda de camino a la escuela y lo único que encontré fue un pequeño bote para que las hiciera yo, el típico de toda la vida así que a veinte minutos de la clase y sin otra opción, lo compré.

Llegué, la jefa estaba allí, colocamos todo, dejamos todo preparado y llegaron las madres con los niños. Todas menos una eran nuevas así que no iban a darse cuenta de todo el material que faltaba o de lo que habíamos tenido que improvisar. Estas clases son con las madres y los niños juntos así que tienes que enseñar a ambos porque la mayoría de las madres no saben nada de español.

Me presento, les explico que toda la clases va a ser en español, saludo a los peques, nos preparamos para cantar la primera canción de bienvenida, voy a reproductor de cd y no funciona…¡Pero si ayer funcionaba! Sigo intentando, nada. “Vale Marta, te va a tocar cantar TODAS las canciones con tu voz de ángel” “Puff…ahora a cantar todo, que normalmente lo hago pero con la música sonando que es más fácil, ni si quiera se si me acuerdo de todas las letras…”

No tenía más narices así que me puse a cantar como el ruiseñor y la clase comenzó. Juegos, actividades, canciones, yo en mi salsa, todas las letras de las canciones de repente vinieron a mi cabeza y hacía hasta dobles coros de mi misma, un espectáculo. El cocherito leré, el corro de la patata, la Yenka…Más que una clase de español para niños era un concierto. Una profesionalidad, una variedad de tonos…¡Un desastre! Y eso que cantaba en el coro del colegio…que lástima…aunque los niños se lo pasaron genial, aprendieron a decir varias palabras y las madres me dijeron que había cantado muy bien…Profesionales mintiendo…jejeje, pero bueno, fue muy divertido y las cosas salieron muy bien así que al terminar la clase, a pesar de la vergüenza que había pasado cantando me sentí orgullosa de que las cosas hubieran salido tan bien. Al terminar la clase teníamos tres niños nuevos registrados J

Corriendo porque llegaba tarde a mi clase de español con los gemelos. Fui, di la clase, todo bien, y me fui volando porque tenía dos horas para imprimir unas cosas, que tardaban en imprimirse, y que tenían que estar preparadas antes de las doce de la noche. Llego a la tienda después de treinta minutos en el tren y me doy cuenta de que se me ha olvidado el pen drive en casa…¡En Brooklyn! Y estaba en la calle 170, Harlem. Eran las seis, tenía una clase a las 7:45 y tenía que imprimir eso, que iba a tardar unas dos horas, antes de las doce ¡y el pen drive en mi casa!

Así que, con todo el dolor de mi corazón, me cogí el metro y estuve montada en el cincuenta minutos hasta llegar a mi casa. En el metro me di cuenta que no tenia llave de casa porque se la había dado a mi compañero de piso para que hiciera una copia para el porque yo iba a llegar mas tarde que el por la noche así que cuando yo llegara él ya iba a estar en casa…”¡Por favor que esté en casa!” En cuanto salí a la calle desde la estación le llamé para saber si estaba en casa o cerca, estaba en casa.

Fui a casa volando, cogí el pen drive y me fui corriendo. Otros cuarenta minutos en tren para llegar a mi clase. Llegué justo a tiempo, un minuto antes que mi estudiante. La clase terminaba a las 8:45 pero él había estado en México la semana pasada así que nos liamos a hablar nos liamos a hablar y nos dieron las nueve y media. Tenía dos horas y media para ir a imprimir eso. Cogí el metro corriendo otra vez hasta Harlem, unos treinta minutos, preocupada por la hora a la que cerraba la tienda. Cuando llegué estaba abierta, menos mal. Lo imprimí y me cogí el tren de vuelta a casa. Eran las doce de la noche cuando lo cogí y llegué a mi  casa a la una porque tuve que cruzar todo Manhattan de norte a sur y además cruzar parte de Brooklyn hasta llegar a mi casa. Cuando llegué a casa todas las luces estaban apagadas, menos la de la cocina. Vi una bolsa de papel y una notita que ponía “comida India ¡deliciosa! Para ti. Postre en la nevera”. Mi compañero de piso me había pedido comida india para cenar. Bueno para cenar, comer y desayunar porque era lo único que había comido en todo el día, no había tenido tiempo para comer así que para mí fue increíble llegar a casa y encontrarme eso. Después del día que había tenido, mas de quince horas en la calle de un lado para otro, cantando en las clases, teniendo que bajar a Brooklyn a por el pen drive, corriendo corriendo corriendo, habiendo dormido unas cuatro horas y encuentro este detalle tan bonito… Con finales de día como este merece la pena tener un día lleno de locuras y contratiempos.