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martes, 19 de junio de 2012

ÚLTIMO DÍA EN KIOTO Y EN JAPÓN, TEMPLO GINKAKUJI Y DESPEDIDA


Era nuestro último día en Kyoto pero además el último en Japón así que con toda tranquilidad e intentando hacer que el tiempo fuera mas lento de lo que iba, nos fuimos caminando hasta uno de los templos mas bonitos de Kyoto, el Templo Ginkakuji o Pabellón de Plata.

No se muy bien porque es llamado Pabellón de Plata porque lo cierto es que no tiene nada de plata, ni si quiera plateado. Desde la estación de tren de Kyoto hasta el templo hay unos cuarenta minutos andando, nada imposible de hacer pero hacía mucho calor y lo peor de todo es que nos habíamos quedado sin efectivo, era domingo, por lo que no podíamos cambiar euros ni sacar dinero de un banco y en ningún super mercado nos aceptaban tarjeta... Así que teníamos justo dinero para comprar 2 botellas pequeñas de agua, tan justo que nos sobró solo un céntimo...Así que ni desayuno ni nada, y a administrar bien el agua que no había mas que eso. Solo por esto, no poder beber mucho con el sol que hacía, se nos hizo un poco largo el camino. Para quien quiera hacerlo en autobús, desde la estación sale el número 100 y deja en el templo. Nosotras no teníamos dinero ni para el autobús...

La calle que tienes que subir hasta llegar al templo está llena de tiendecitas de recuerdos, de puestos de comida y helados, de bebidas...Con el calor que hacía, el producto estrella era sin duda el helado, la mayoría lo tomaban de te verde, y basta que no puedas para que lo quieras...Hubiéramos matado por un helado, pero no había capital. Teníamos mas hambre que los pavos de Manolo pero en ningún sitio aceptaban tarjeta Visa o Mastercard pero lo que si aceptaban era a turistas curioso por probar los dulces típicos japoneses....En todas las tiendas de dulces había muestras de unos dulces típicos suyos, dulces que no son muy muy dulces, y aunque ya los habíamos requete probado mil veces durante el viaje, el hambre nos indujo a "reprobar" los dulces en todas las tiendas de esa calle y a aceptar todas las tazas de te, caliente o frío, no importaba, que nos ofrecían.




 
Una vez desayunadas, entramos en el Templo. Puede parecer que visitar tantos templos llega a ser aburrido o repetitivo pero en absoluto. Cada templo es completamente diferente a lo que hayas visto antes, cada uno destaca por una cosa que los otros que has visto no tenían o no tenían tan grande o tan especial.
En este caso, lo que mas me sorprendió, mas allá de la belleza en si de las edificaciones, fue la montaña donde se encuentra el templo desde la que puedes ver Kyoto. Al entrar, un pasadizo de paredes de vegetación te da la bienvenida y te lleva hasta un precioso jardín de arena blanca perfectamente rastrillado creando imágenes.


Pequeños altares aparecen durante el recorrido de manera espontánea hasta llegar al edificio principal, con su magnifica terraza de madera que sobresale de la montaña para hacerte sentir volar sobre Kioto.


En este Templo hay una curiosa tradición que dice que si una persona camina desde una roca del amor a la otra roca del amor, dos rocas especiales que distan una de la otra unos quince metros, con los ojos cerrados y consigues tocar la segunda sin desviarte y sin que nadie te indique, entonces encontrarás al amor de tu vida.

Yo lo hice, mas quizás por la curiosidad de si lo conseguiría que por otra cosa pero el caso es que lo conseguí y todos sabemos que la sabiduría tradicional japonesa es muy precisa así que a la espera me quedo :)

 
Según sales del templo a la calle de las tiendecitas, girando a la derecha hay una calle muy bonita con tiendecitas que dan a los escalones de esta calle. Un lugar con mucho encanto lleno de tradicionales casas de té donde tomarse un respiro y descansar. Esta zona con sus estrechas callejuelas es de las que mas me ha gustado de todo Kyoto, quizás no salgan en las guías pero merecen la pena.



Al final de la calle, sin esperarlo, nos encontramos con un pequeño templo. Al entrar en el recinto vimos un enorme buda de piedra que salía de entre la vegetación de la montaña, impresionante. Quisimos entrar a verlo mas cerca pero ya estaba cerrado. Continuamos por el recinto hasta llegar al templo principal y fue allí donde nos encontramos un jardín de arena blanca donde se podía ver, hecho con rocas de la zona, la cola de un dragón entrando y saliendo de la arena. Algo super original y elegante que nos encantó.



 
Al salir del templo unas empinadas escaleras bajaban hasta una de las calles que llevan al Parque Maruyama donde se encuentra el cerezo mas antiguo y bonito de la ciudad. La pena es que ya no estuviera en flor, pero cuando vuelva a Kyoto procuraré que sea en época de floración para poder verlo.



Aquí llego la última situación curiosa del viaje. Después de preguntar en cuatro o cinco restaurantes si aceptaban tarjeta de crédito y de que nos dijeran que no, llegamos a un restaurante con mas hambre que Tobias en el que si que aceptaban. Comimos muy bien, bastante cantidad y todo muy rico. No nos privamos porque era nuestra última como en el país así que nos dejamos llevar.

Cuando fuimos a pagar, el dueño pasa la tarjeta y da error. Vuelve a pasar la tarjeta hasta cinco veces. Le damos otras dos tarjetas de crédito que llevábamos para probar, nada. Nosotras con una vergüenza...Pero claro, se suponía que si que aceptaban, de hecho insistimos mucho con eso al preguntar y el dueño nos dijo que si, que no había problema.

Media hora después de pasar las tarjetas sin éxito, llamar a atención al cliente de Visa y Mastercard y de que nosotras pasáramos un mal rato, le dije al hombre que lo único que se me ocurría era que nos diera un número de cuenta y que cuando llegáramos a España le hiciésemos una transferencia por el valor de la comida.

El señor nos dijo que no era nuestra culpa y tras disculparse repetidamente mi amiga se dio cuenta de que llevaba veinticinco euros en la cartera. Por supuesto, el valor de la comida era mas del doble de eso pero era lo único que podíamos ofrecerle. 

El dueño nos dijo que le parecía bien que le diéramos esos euros ya que al fin y al cabo no había sudo nuestra culpa y que sentía mucho todo... Salimos del restaurante sin poder creer lo que acababa de pasar, no en si el quedarnos sin dinero si no la reacción del señor.

Otro ejemplo de lo serviciales que son los japoneses, de la poca picaresca que tienen, de la forma que tienen de sobrellevar los problemas, de la calma, del cuidado por el visitante, huésped, cliente...Una reacción ejemplar. ¿Qué hubiera pasado si esto nos hubiera ocurrido en Nueva York, Madrid, Londres...?

Desde aquí nos fuimos caminando hasta Gion para despedirnos de la ciudad y de Japón desde uno de los lugares mas auténticos que habíamos visto en todo el país. Quizás no el mas antiguo o mas característico pero si un ejemplo de lo que es en si Japón, un país muy moderno pero que tiene como espina dorsal su tradición, cultura y patrimonio respetándolo y manteniéndolo en su día a día.




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jueves, 14 de junio de 2012

HIROSHIMA Y MIYAJIMA

Hoy iba a ser un día especial. Llevaba muchos años queriendo visitar Hiroshima. He visto muchos documentales sobre lo que ocurrió el seis de agosto de 1945. Aquel bombardeo atómico, junto con el de Nagasaki, que puso punto final a la segunda guerra mundial. Se tratan de los únicos ataque con bomba atómica de la historia, y espero que los últimos.

Se estima que antes de que acabara el año del bombardeo, la bomba de Hiroshima había matado a mas de 140.000 personas y la de Nagasaki a mas de 80.000.

Desde Kioto en el tren de alta velocidad se tarda menos de dos horas. Al llegar a la estación, la mejor forma de llegar al Parque Memorial de La Paz es cogiendo un tranvía que tarda unos diez minutos en llegar.

Lo primero que te encuentras al bajar del tranvía es La Cúpula Genbaku, que es el único edificio que quedó en pie después del bombardeo. Se dejó tal y como quedo que sirve hoy como símbolo de esperanza en la paz mundial y la eliminación de las bombas atómicas.




Es impresionante pensar que es el único edificio que no fue destruido. Antes de que ocurriera lo de la bomba atómica Hiroshima era una ciudad como lo que puede ser hoy Valladolid o algo así. No podría imaginarme que de repente, en un abrir y cerrar de ojos la ciudad desapareciera por completo.



Cruzando el puente, reconstruido, llegamos al Parque Memorial de la Paz. Nada mas llegar vemos a una gran cantidad de niños de diferentes colegios llegando a La Estatua de los Niños de la Bomba Atómica.



Se trata de un monumento en honor a la gran cantidad de niños que murieron tras el bombardeo. A los pies de la estatua encontramos a un grupo de niños que al llegar mantuvieron silencio y, mientras empezaba a caer una fina cortina de agua, al unísono empezaban a cantar una preciosa canción muy emotiva para recordar a los niños víctimas de la bomba de Hiroshima.




Fue algo tan emotivo. Se pusieron los pelos de punta, un nudo en la garganta y un sentimiento de pena que aun hoy al recordarlo vuelve a mi. Después de la canción, un minuto de silencio con la cabeza reclinada.

Algunos de los niños dejaron unas ofrendas de colores hechas a base de mini pajaritas de papel. Fue aquí cuando nos enteramos de la historia de Sadako Sasaki.

Sadako Sasaki fue una niña que vivía en Hiroshima cuando explotó la bomba atómica. Para entonces solo tenía dos añitos pero pareció no afectarle ya que creció fuerte y sin problemas. Nueve años después, de repente, mientras corría en un parque, se cayó en el suelo. Fue entonces cuando fue diagnosticada con leucemia, o también conocida como "enfermedad de la bomba A".

Su mejor amiga le recordó una vieja tradición sobre una persona que hizo 1000 grullas de papel (origami) y como agradecimiento los dioses le concedieron un deseo. Así que su mejor amiga le regaló una grulla hecha de papel dorado diciéndole "aquí tienes tu primera grulla" para que completase las 1000 grullas y pudiese pedir el deseo a los dioses de curarse.

Llegó a hacer 644 grullas de papel pero al final la enfermedad pudo con ella cuando tan solo tenía doce años. Sus compañeros de escuela acabaron las 256 grullas que faltaban para completar las 1000 pero miles de niños en Japón y en todo el mundo se unieron a ellos haciendo mas y mas grullas de papel para pedir la paz en el mundo y para recordar a todos los niños que murieron a causa de las dos bombas atómicas.




Caminando sobrecogidas por el parque llegamos a la llama de la paz y al Cenotafio Memorial. Un lago en medio y los jardines que rodean la zona dan mucha paz a este parque donde tanto horror ocurrió. A través del Cenotafio Memorial se puede ver de fondo la cúpula en pie y la llama de la paz.




Por una cantidad simbólica, unos cincuenta céntimos de euro, entramos al Museo Memorial de la Paz. Es un museo que sobrecoge por lo gráfico que es. En él se cuenta la historia de porque fueron elegidos Hiroshima y Nagasaki, de cuando se tomó la decisión, quien la tomo, como se llevó a cabo y las consecuencias que tuvo.




Es brutal ver las fotos que en el museo se exponen sobre como la gente, después de la bomba, buscaban desesperadamente refugiarse y buscar a sus seres queridos.




Aunque poco días después de lo que ocurrió, creo que esto va en la personalidad y la forma de ver la vida de los japoneses, intentaron volver a empezar de cero, que el tiempo no se parase en aquel fatídico día, había que seguir adelante. Por eso surgieron hasta escuelas improvisadas en plena calle.




Después de un día bastante intenso, un repaso por la historia y aprender bastante sobre lo que ocurrió en Hiroshima, nos cogimos un tren hasta Miyajima que es una isla muy curiosa bastante cerca de Hiroshima.

Bastante curiosa porque es una isla donde, además de que los cervatillos viven salvajes sin molestar y sin ser molestados, en ella existe un enorme Tori en el mar, si si, en el mar.




Cuando la marea está alta el Tori es cubierto por el mar dejando una imagen muy curiosa ya que parece que está flotando. Cuando la marea está baja se puede ver el Tori en la playa de la isla.




El problema es que un par de semanas antes de llegar nosotras hubo una tormenta muy grande que afectó notablemente el Tori por lo que estaba en restauración por lo que los andamios no permitían ver bien el Tori aunque si que se podía intuir.




De vuelta en el ferry, despidiéndonos de Miyajima y de sus cervatillos, nos paramos a pensar las cosas tan maravillosas que puede hacer el hombre y como a su vez es capaz de hacer cosas tan terribles...




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miércoles, 13 de junio de 2012

SEGUNDO DÍA EN KIOTO, DÍA ESPIRITUAL Y NOCHE DE RELAX

La mejor forma de moverse en Kioto es en autobús pero a nosotras nos gusta bastante caminar y es la mejor forma de conocer un lugar pero con ciertos límites claro. Hoy el plan era visitar un par de templos que están a las a fueras de Kioto, no muy lejos pero si lo suficiente como para no poder ir andando así que nos cogimos el tren, aprovechando que ya teníamos activado el JR Pass, hasta la estación mas cercana a los templos pero aun así aun nos quedarían unos cuarenta minutos andando.

No conocíamos la zona, lo único que sabíamos es que teníamos que cruzar un parque y andar durante un rato. Cuando llegamos al parque vimos que había una garita como para comprar entradas, nos sorprendió porque era un parque. El guarda nos explicó que dentro del parque había varios templos y que en algunos de ellos había que pagar para entrar. Nosotras, en un principio, solo queríamos cruzar el parque pero cual fue nuestra sorpresa cuando al empezar a caminar por el parque empezamos a encontrar varios pequeños templos dedicados a cosas diferentes, con su perfectos jardines y hasta un colegio infantil entre dos templos.

Uno de los templos tenía unas esculturas de budas pequeñitos en diferentes posturas.




También encontramos un pequeño templo abierto, con paneles de papel a modo de paredes y con el suelo completamente de madera, diáfano, sin muebles ni nada que molestase y un montón de calzado en unas cajoneras en la salida. Curiosa por ver algo mas allá, entré, quizás un poco imprudente pero sin querer faltar al respeto, cuando un monje salió de una de las habitaciones con una sonrisa en la boca y me dijo en inglés que ese era un lugar de meditación y que no podía enseñarnos las otras zonas porque en ese momento había personas meditando pero nos dio unos folletos del templo para poder visitarles otro día.




Paseando por el parque y parando a cada paso para ver todo lo que este ofrece, llegamos al Templo Myoshinji, un templo completamente de madera con un bonito puente y con las características típicas de los templos japoneses aunque sin jardín.

Lo que se suponía solo una zona de paso se convirtió en casi dos horas de paseo a través del tiempo. A penas había gente allí, tan solo un colegio que había ido de excursión pero sin duda recomendaría este parque y los templos que en él hay.




Una vez atravesado el parque sorpresa seguimos rumbo al Templo Ryoanji con una caló que no era medio normal....Como pega Lorenzo en Japón....Normal que se llame el Imperio del sol naciente, naciente y ardiente.

El Templo Ryoanji es famoso por su jardín de rocas de tipo Karesansui. Este jardín se considera una obra maestra del arte zen. La base está hecha con granito blanco sobre el que reposan 15 piedras. A priori estas 15 piedras sobre la manta blanca te dan paz y relax pero ¿por qué? Esto es lo que ha estado estudiando la Universidad de Kyoto. Su conclusión fue sorprendente y es que existe un punto exacto en la zona baja del jardín donde convergen las líneas de simetría que forman las ramas y el tronco del árbol. ¿Qué árbol? El que desde este punto exacto se puede ver, con tiempo y un poco de abstracción, de forma perfecta. 




Tengo que reconocer, a mi pesar, que no lo vi :( probablemente porque el Templo estaba lleno de niños que abarrotaban el jardín por lo que allí lo de la tranquilidad...nada de nada... Tampoco encontré el punto ese exacto donde se ve...Una pena, pero supongo que es lo que tienen los sitios a los que los turistas van masivamente, turistas japoneses eso si. 

Otra de las cosas que me gustaron de este templo fueron las salas típicas japonesas con el tatami en el suelo y las puertas correderas que dividen las habitaciones haciéndolas mas grandes o mas pequeñas según se necesite. Es algo curioso porque aunque no tiene ni un solo mueble, tiene un aspecto bastante cómodo, yo comería, dormiría o bailaría en una de esas salas, ¿tú no?




Desde aquí, andando otro ratito cuesta arriba...Nos dirigimos al Templo Kinkakuji, o Pabellón dorado. Este Templo está situado en un lago precioso lleno de nenúfares en flor y rodeado de preciosos jardines verdes.




Pero lo mas característico de este templo no es eso, lo mas característico es que es un templo cuyas dos plantas superiores están cubiertas de hojas de oro puras que en su interior guarda reliquias de Buda.

Obviamente, el acceso al Templo es limitado, lo mas cerca que puedes estar del templo es a unos cien metros, espacio suficiente para que la gente no se tire a rascar un poco de oro :) 




Exactamente igual que el templo anterior, encontramos este lleno de niños que iban de excursión a visitar el templo. Centenas de niños en uniforme correteando y pidiendo autógrafos y fotos con ellos. Me sentí un poco Paris Hilton en ese momento...

De nuevo, caminando durante otra casi hora, llegamos al Castillo Nijo con su impresionante puerta principal de madera y recubierta con pan de oro que da la bienvenida a lugareños y a extraños. Este castillo es del siglo XVII pero su conservación es bastante buena. 



Dentro se suponía que no se podían hacer fotos, y yo lo respeté pero "sin querer" se me escapó la cámara que captó unos preciosos paneles pintados a mano con motivos florales y animales en tonos dorados  donde no podía faltar la famosa garza japonesa.




Además de sus bonitos jardines y sus diversas estancias, en el Castillo se exponen maniquíes que simulan reuniones de estado, muestran la indumentaria de la época y en general escenas de la época feudal japonesa.

Pero lo que mas me llamó la atención del Castillo fue el llamado suelo de ruiseñor. Se trata de un suelo al que se le ha añadido por debajo una estructura de clavos que al pasar simulan el ruido del canto de un ruiseñor. Es una forma muy sutil e incluso elegante de avisar cuando hay visita, esperada o inesperada...

En el mapa parecía que estaba cerca pero....no....Con un agotamiento total, casi arrastrándonos pero haciendo el último esfuerzo del día, fuimos caminando al Palacio Imperial.

Solo se puede acceder a el pidiendo un permiso especial, que habiendo preparado el viaje con poco mas de una semana, por supuesto no teníamos. Así que nos limitamos a cruzar parte del Jardín Imperial hasta llegar al Palacio Imperial y ver la estructura externa.

Supongo que fue por el agotamiento pero tampoco nos pareció gran cosa, quizás guarda preciosos lugare´s. Si es así, lo descubriremos la próxima vez que vayamos a Kioto.

A lo zombi y sin saber como, llegamos al hotel, a unos cuarenta minutos andando desde el Palacio Imperial. ¿Cúantos kilómetros haríamos ese día? Creo que ese día ganamos a Forrest Gump.

Pero como todo lo que cuesta tiene una buena recompensa, llegamos al hotel y nos subimos al spa gratuito que tenía el hotel para los huespedes. Kimono, toalla y para arriba. En la azotea del hotel, al aire libre, con las oficinas de los edificios de al lado a tiro de piedra, nos sumergimos como patatas fritas en aceite. Frío, caliente, burbujas, mas frío, pelo de pollo, piel de gallina, un frío que te las pelabas o de repente una sauna que te dejaba KO. 

La norma de "Se prohibe llevar cualquier prenda" y el hecho de que estuviera lleno de japonesas a las que no conocíamos no nos  asustó. Lo necesitábamos, estábamos en semi trance, así que nos miramos un pelín vergonzosas y subimos los hombros como rendiéndonos...Kimono fuera y a relajarse....En pelete como tatín.




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jueves, 7 de junio de 2012

PRIMER DÍA EN KIOTO, FUSHIMI INARI Y BARRIO DE GION

Madrugón para coger el tren de alta velocidad entre Tokio y Kioto, un shinkansen. "¿Alguien ha metido cosas en mi maleta?" es lo que pensé cuando me puse a andar de camino a la estación de tren. Nada que ver ir sin equipaje, seis minutos desde el hotel, a hacerlo con el atillo, mínimo veinte minutos desde el hotel. Afortunadamente teníamos tiempo para descansar en el tren e incluso dormir un poco.

Amigos japoneses me habían explicado que Kioto es una ciudad mucho mas tradicional, mas pequeña, menos moderna y mas tranquila que Tokio. Que en cuanto llegase iba a notar la diferencia. Lo cierto es que cuando llegamos a la estación de tren nos quedamos impresionadas por lo bonita que es la estación y por la cantidad de restaurantes, tiendas, kioskos y demás servicios que se ofrecen en ella y el propio tamaño de la estación.

De nuevo habíamos decidido coger un hotel cerca de la estación de tren ya que sería mas cómodo al llegar con las maletas pero además por que, en el caso de Kioto mas que en ninguna otra ciudad, se trataba de un punto estratégico para conocer la ciudad y sus al rededores ya que si había que coger un tren estaríamos cerca pero además es que, aunque hay metro en Kioto, la forma mas cómoda y eficaz de visitar la ciudad es andando o/y en autobús y coincide que la estación de autobús está situada a la salida de la estación de tren.

Nuestro hotel era el APA Hotel, bastante aconsejable por la situación, el precio y por que además en la azotea hay un spa completamente gratis para los clientes.

Hicimos el registro, dejamos el equipaje y en seguida nos pusimos a patear. Una amiga japonesa que había vivido en Kioto me había recomendando tres lugares de la ciudad especialmente, El Pabellón dorado, el Templo Ryoanji y el Fushimi Inari.

Para este día decidimos empezar por el Fushimi Inari. Cogiendo un tren durante menos de media hora llegamos a Fushimi Inari que es un santuario dedicado al dios del arroz (Inari).

Lo primero que encuentras es la puerta de Sakuramon. Un poco después encuentras el Templo Go Honden, todo en un color rojo intenso. Es aquí donde se puede ver al zorro con la llave del granero en la boca. El zorro era el protector  de los graneros de arroz por eso toma bastante importancia en este templo.

 



Pero lo mas curioso de este Santuario estaba por llegar. Los Toris son unas puertas, normalmente de color rojo, que dan paso a templos y santuarios. Miles de Toris delimitan los senderos que llevan hasta el santuario colina arriba. Este Santuario está relacionado con la riqueza, por eso muchos japoneses antes de comenzar una nueva empresa o negocio venían a pedir al dios del arroz que les ayudase y donaban estos toris como ofrenda.





Es muy curioso pasear por cualquiera de estos senderos bordeados por los toris, son como laberintos de kilómetros y kilómetros serpenteantes por una montaña por los que te mueves sin saber muy bien donde y cuando acabarás.

Lo curioso fue que al volver por donde habíamos venido, nos dimos cuenta que por esa cara, los toris presentaban unas inscripciones, supongo que algo relacionado con las personas que los habían donado o algún tipo de petición u oración, que hacían aun mas bonitos los pasillos de toris.


 

En el camino de vuelta a la estación pasamos por unas bonitas calles con pequeñas tiendas de ropa, utensilios de cocina, algunos puestos de comida...Una escena idílica de casas con ventanales de madera al estilo tradicional con mucho encanto Y en medio de la calle, un enorme Tori, no podía ser mas apropiado.

                                  


En pocos minutos en tren volvíamos a estar en la estación de tren de Kioto. Desde aquí directamente cogimos toda la calle Karasuma Dori arriba hasta llegar al cruce con Shijo Dori.

De camino pudimos hacernos una idea de la ciudad. Lo cierto es que es mucho mas moderna de lo que nosotros pensábamos. Nuestra idea era que Tokio sería un Madrid y Kioto un Toledo pero no, Kioto es una ciudad moderna aunque con edificios menos altos. Lo que me pareció curioso tanto de Tokio como de Kioto es que, quitando los barrios mas modernos, los edificios no son especialmente bonitos. Son muy funcionales, cuadrados, grises, poco estéticos. Pero en ambas ciudades puedes encontrar estrechas calles con preciosas casitas bajas con acabados en madera y bonitos jardines, aunque sean pequeños. Es otro de los grandes contrastes de Japón.




Shijo Dori es una avenida comercial bastante larga con las mejores tiendas de moda a ambos lados de la calle. Para proteger a los viandandantes de la lluvia, toda la calle está protegida por unos tejadillos que permiten mirar los escaparates sin mojarse.




Esta avenida a su vez es cruzada por pequeñas callejuelas perpendiculares pero también por calles mas anchas que conforman mercados donde encontrar cualquier cosa. Mercados de comida, de ropa, de recuerdos... Fue aquí donde encontramos una bonita tienda de kimonos de seda preciosos.

Shijo Dori es la avenida que desemboca en el barrio de Gion que es uno de los barrios mas bonitos de Kioto. Además de ser uno de los mas antiguos de la ciudad y conservar pequeñas casas de te de madera, algunos restaurantes un tanto privados y caros y alguna casa donde alojarse, este barrio es conocido porque es el barrio de las geishas y de las maikos, las aprendices de geishas.




Es muy difícil encontrarse con una geisha. Intentan salir a las horas que no haya muchos turistas porque no les gusta ser vistas y mucho menos fotografiadas. Son muy reservadas y celosas de su intimidad. Lo mejor es callejear por estas estrechos callejones y ver si hay suerte. Nosotras pudimos ver dos de lejos :)





En este barrio es donde además nació el teatro japonés, el kabuki. De hecho, se puede encontrar un gran teatro muy conocido en una de las esquinas del barrio donde actualmente se siguen representando obras de teatro tradicionales japonesas.

Desde aquí, un autobús directo nos llevó a la estación de tren y de ahí al hotel en cinco minutos. Hogar dulce hogar.


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jueves, 31 de mayo de 2012

DE VACACIONES A JAPÓN

Cual fue mi sorpresa cuando un día como otro cualquiera llego a trabajar y me dice el jefe "Marta, tienes que cogerte dos semanas de vacaciones obligatoriamente que empiezan en ocho días". Genial, ¿a quién no le hace feliz tener dos semanas de vacaciones con las que no se contaba? El asunto que me descolocó un poco fue el hecho de que fuera a tener catorce días de vacaciones mas mis días de librar de esas semanas, un total de diecinueve días, y no iba a poder aprovecharlo haciendo algo especial porque ya no quedaba tiempo para organizarlo.

Me entró un poco de bajón porque todo había sido muy precipitado. Pensé que opciones había, mire vuelos, precios, pensé quien podría pedirse vacaciones avisando con poco mas de una semana de antelación para venirse conmigo y las cosas fueron de mal en peor.

De repente me vino a la cabeza la idea de ir a Japón. Ya el año pasado había pensado sobre la posibilidad pero me habían dicho que era un país muy caro, que por ejemplo la tarifa en taxi desde el aeropuerto al centro de la ciudad eran trescientos euros...Así que en su día lo descarté pero hoy volvía a estar ahí.

Miré cual sería el precio del avión, sorprendentemente solo costaba quinientos euros. Me puse a mirar precios de hoteles para hacer un presupuesto aproximado y el caso es que no era tan tan caro como yo suponía. Después pensé en quien podía querer venir a Japón y además que pudiese cogerse los días en el trabajo y caí en una amiga que trabaja para la empresa familiar que no tiene problema para cogerse los días y con la que además ya he viajado.

Ahora solo quedaba proponérselo. No lo dudó, dijo que si al segundo.

Las primeros conflictos sobre destino, precio y con quien ir estaban resueltos. Ahora tenía poco mas de una semana para organizar todo.

Mi amiga me dijo que solo podía ir once días porque los días antes y después tenía cosas que hacer, fechas exactas seleccionadas. Compré los billetes de avión para no pensarlo demasiado. Los días posteriores fueron una auténtica locura leyendo webs, blogs, foros sobre que itinerario hacer, como desplazarse, alojamiento... Además de eso, tengo un par de amigos japoneses que también me ayudaron con todas estas cosas.

Despúes de leer millones de datos y comentarios, decidí como hacer las cosas:

- Once días en total en Japón, de los cuales pasaríamos cinco noches en Tokio y cuatro noches en Kyoto. Desde Tokio haríamos dos excursiones, una a Nikko y otra a Kamakura. Desde Kyoto haríamos una única excursión, a Hiroshima y de paso a Mijayima.

-En Japón a principalmente tres tipos de hotel. El hotel colmena, que son como cápsulas apiladas unas encimas de otras al estilo colmena donde duermes para ahorrar espacio, el tradicional japonés sobre un tatami, llamado Ryokan, y el clásico. Me hacía ilusión probar una noche el hotel colmena pero la amiga con la que iba se negó así que descartado. También quería probar dormir en un tatami pero pensamos que como mínimo eran cuatro noches y no sabíamos si nuestra espalda iba a aguantar eso o no y no era plan de levantarte al día siguiente baldado, decidimos coger el hotel clásico.

-El hotel en Tokio recomiendo que esté en la zona de la estación de Ueno porque es una buena zona, con mucho ambiente, muy bien conectada y donde llegan varias conexiones desde el aeropuerto. El hotel en Kioto recomiendo que esté lo mas cerca posible de la estación de tren ya que es una buena zona que se comunica muy bien con todos los lugares importantes de la ciudad. Nos decidimos por el Hotel Oak en Tokio y por el Hotel APA Kyotoeki-Horikawadori en Kioto.

-Para desplazarse por Japón la mejor forma es comprarse el Japan Rail Pass que es un billete parecido al del Interrail europeo que se puede comprar por semanas. Lo mínimo es una semana y como nosotras íbamos a estar once días pero al menos un par de ellos sin movernos de Tokio decidimos cogernos el de una semana porque el de dos semanas no nos compensaba.

-No es necesario visado para estancias menores de tres meses como turistas así que no hubo que hacer nigún papeleo previo.

Con todo esto claro, ya solo faltaba mirar mas concretamente que cosas visitar en cada lugar y como llegar a esos lugares. La cuenta atrás empezaba y quedaba mucho por hacer antes de salir.

Japón....quien me lo iba a decir a mi hace un par de semanas...


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