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jueves, 7 de junio de 2012

PRIMER DÍA EN KIOTO, FUSHIMI INARI Y BARRIO DE GION

Madrugón para coger el tren de alta velocidad entre Tokio y Kioto, un shinkansen. "¿Alguien ha metido cosas en mi maleta?" es lo que pensé cuando me puse a andar de camino a la estación de tren. Nada que ver ir sin equipaje, seis minutos desde el hotel, a hacerlo con el atillo, mínimo veinte minutos desde el hotel. Afortunadamente teníamos tiempo para descansar en el tren e incluso dormir un poco.

Amigos japoneses me habían explicado que Kioto es una ciudad mucho mas tradicional, mas pequeña, menos moderna y mas tranquila que Tokio. Que en cuanto llegase iba a notar la diferencia. Lo cierto es que cuando llegamos a la estación de tren nos quedamos impresionadas por lo bonita que es la estación y por la cantidad de restaurantes, tiendas, kioskos y demás servicios que se ofrecen en ella y el propio tamaño de la estación.

De nuevo habíamos decidido coger un hotel cerca de la estación de tren ya que sería mas cómodo al llegar con las maletas pero además por que, en el caso de Kioto mas que en ninguna otra ciudad, se trataba de un punto estratégico para conocer la ciudad y sus al rededores ya que si había que coger un tren estaríamos cerca pero además es que, aunque hay metro en Kioto, la forma mas cómoda y eficaz de visitar la ciudad es andando o/y en autobús y coincide que la estación de autobús está situada a la salida de la estación de tren.

Nuestro hotel era el APA Hotel, bastante aconsejable por la situación, el precio y por que además en la azotea hay un spa completamente gratis para los clientes.

Hicimos el registro, dejamos el equipaje y en seguida nos pusimos a patear. Una amiga japonesa que había vivido en Kioto me había recomendando tres lugares de la ciudad especialmente, El Pabellón dorado, el Templo Ryoanji y el Fushimi Inari.

Para este día decidimos empezar por el Fushimi Inari. Cogiendo un tren durante menos de media hora llegamos a Fushimi Inari que es un santuario dedicado al dios del arroz (Inari).

Lo primero que encuentras es la puerta de Sakuramon. Un poco después encuentras el Templo Go Honden, todo en un color rojo intenso. Es aquí donde se puede ver al zorro con la llave del granero en la boca. El zorro era el protector  de los graneros de arroz por eso toma bastante importancia en este templo.

 



Pero lo mas curioso de este Santuario estaba por llegar. Los Toris son unas puertas, normalmente de color rojo, que dan paso a templos y santuarios. Miles de Toris delimitan los senderos que llevan hasta el santuario colina arriba. Este Santuario está relacionado con la riqueza, por eso muchos japoneses antes de comenzar una nueva empresa o negocio venían a pedir al dios del arroz que les ayudase y donaban estos toris como ofrenda.





Es muy curioso pasear por cualquiera de estos senderos bordeados por los toris, son como laberintos de kilómetros y kilómetros serpenteantes por una montaña por los que te mueves sin saber muy bien donde y cuando acabarás.

Lo curioso fue que al volver por donde habíamos venido, nos dimos cuenta que por esa cara, los toris presentaban unas inscripciones, supongo que algo relacionado con las personas que los habían donado o algún tipo de petición u oración, que hacían aun mas bonitos los pasillos de toris.


 

En el camino de vuelta a la estación pasamos por unas bonitas calles con pequeñas tiendas de ropa, utensilios de cocina, algunos puestos de comida...Una escena idílica de casas con ventanales de madera al estilo tradicional con mucho encanto Y en medio de la calle, un enorme Tori, no podía ser mas apropiado.

                                  


En pocos minutos en tren volvíamos a estar en la estación de tren de Kioto. Desde aquí directamente cogimos toda la calle Karasuma Dori arriba hasta llegar al cruce con Shijo Dori.

De camino pudimos hacernos una idea de la ciudad. Lo cierto es que es mucho mas moderna de lo que nosotros pensábamos. Nuestra idea era que Tokio sería un Madrid y Kioto un Toledo pero no, Kioto es una ciudad moderna aunque con edificios menos altos. Lo que me pareció curioso tanto de Tokio como de Kioto es que, quitando los barrios mas modernos, los edificios no son especialmente bonitos. Son muy funcionales, cuadrados, grises, poco estéticos. Pero en ambas ciudades puedes encontrar estrechas calles con preciosas casitas bajas con acabados en madera y bonitos jardines, aunque sean pequeños. Es otro de los grandes contrastes de Japón.




Shijo Dori es una avenida comercial bastante larga con las mejores tiendas de moda a ambos lados de la calle. Para proteger a los viandandantes de la lluvia, toda la calle está protegida por unos tejadillos que permiten mirar los escaparates sin mojarse.




Esta avenida a su vez es cruzada por pequeñas callejuelas perpendiculares pero también por calles mas anchas que conforman mercados donde encontrar cualquier cosa. Mercados de comida, de ropa, de recuerdos... Fue aquí donde encontramos una bonita tienda de kimonos de seda preciosos.

Shijo Dori es la avenida que desemboca en el barrio de Gion que es uno de los barrios mas bonitos de Kioto. Además de ser uno de los mas antiguos de la ciudad y conservar pequeñas casas de te de madera, algunos restaurantes un tanto privados y caros y alguna casa donde alojarse, este barrio es conocido porque es el barrio de las geishas y de las maikos, las aprendices de geishas.




Es muy difícil encontrarse con una geisha. Intentan salir a las horas que no haya muchos turistas porque no les gusta ser vistas y mucho menos fotografiadas. Son muy reservadas y celosas de su intimidad. Lo mejor es callejear por estas estrechos callejones y ver si hay suerte. Nosotras pudimos ver dos de lejos :)





En este barrio es donde además nació el teatro japonés, el kabuki. De hecho, se puede encontrar un gran teatro muy conocido en una de las esquinas del barrio donde actualmente se siguen representando obras de teatro tradicionales japonesas.

Desde aquí, un autobús directo nos llevó a la estación de tren y de ahí al hotel en cinco minutos. Hogar dulce hogar.


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sábado, 2 de junio de 2012

PRIMER DÍA EN TOKIO, ¡¡MI CUMPLEAÑOS!!

Después de diecisiete horas de avión, siete hasta Moscú y diez desde Moscú a Tokio, llegamos a la gran urbe. ¡¡Welcome to Japan!! No solo acabábamos de llegar a Tokio si no que además el día de mi cumpleaños acababa de empezar, ¡vaya celebración!

Llegamos a la Terminal 1 del aeropuerto de Narita desde el cual hay varias opciones para llegar al centro de la ciudad. Nosotros nos decidimos por la compañía skyliner que además de ser la opción mas barata (unos 25€), hacer el mismo trayecto en taxi cuesta unos 300€..., nos dejaba en la estación de tren de Ueno, justo donde estaba situado nuestro hotel.

El tren era cómodo, muy amplio y super limpio. Llegamos a la estación de Ueno de forma puntual a los 50 minutos de haber salido del aeropuerto. Durante todo el camino pudimos ver campos de arroz a ambos lados de la vía, una bonita postal para abrir boca. Desde la estación de tren teníamos diez minutos andando al Hotel Oak.

 
Estábamos mas que perdidas, y eso que llevábamos un mapa con las directrices para llegar al hotel. Lo malo era que todas las calles pequeñas estaban escritas con caracteres japoneses por lo que no nos enterábamos de nada...Preguntamos a un par de personas pero no hablaban inglés. Después de caminar en dirección opuesta al hotel, un chico se acerco a nosotras preguntándonos si nos podía ayudar. Cuando estaba empezando a guiarnos hacia el hotel, apareció una segunda chica que se paró para indicarnos un camino aun mas corto...La amabilidad japonesa solo acababa de empezar, así es como nos trataron durante todo el viaje.

Llegamos al hotel, hicimos el check-in y subimos a nuestra habitación. Las habitaciones en Japón son mas pequeñas de lo que son en Europa o en Estado Unidos, además de eso, la cama doble también es mas pequeña de lo normal y el baño también. En cualquier caso, suficiente para lo que teníamos pensado pasar en el hotel. En la habitación nos esperaba un kimono a modo de albornoz, unas zapatillas al estilo japonés y un par de pajaritas de papel encima de la cama dándonos la bienvenida.

Estábamos casi en trance. Llevábamos unas veinticuatro horas desde que salimos de nuestras casas en Madrid y a penas habíamos podido dormir en los aviones. Nuestros cuerpos estaban agotados pero ¡¡estábamos en Japón!! No había tiempo que perder...Hasta que nos tumbamos en la cama para reposar un segundo y nos quedamos dormidas dos horas.

Después de la pequeña siesta reconfortante que nos dio energía para el resto del día, nos dirigimos a nuestro primer punto de la ciudad: El Templo de Sensoji.

Hasta llegar al templo, a unos veinte minutos andando desde nuestro hotel,  pudimos ver bonitas casas bajas de madera, feísimos edificios con formas uniformes de colores grises y de repente un pequeño templo antiguo rodeado por un jardín con diferentes tipos de plantas y árboles y, como no, un estanque lleno de peces enormes blancos y naranjas. ¡Vaya contraste!


Cuando ya estábamos llegando al templo, en las calles colindantes, empezamos a ver un grupo enorme de niños de unos siete años portando pequeños pasos en procesión.  Nos quedamos mirando y haciendo fotos y la gente nos saludaba y sonreía. Tanto los niños como los adultos iban vestidos con una especie de kimonos.



Uno de los adultos empezó a repartir una especie de palitos de colores a los niños que empezaban a comérselos. De repente se acercó a nosotras y nos dio uno a cada una con una gran sonrisa mientras nos decía algo en japonés que por supuesto no entendimos pero respondimos con un "arigató" y haciendo una inclinación de cabeza, tal y como nos hacían ellos.

Al llegar a la calle Nakamise dori que da directamente al templo no pudimos ni seguir caminando. De frente nos encontramos a miles de personas, esta vez todos adultos, caminando de procesión y con los altares que portaban los niños a los hombros y gritando unas palabras a la vez que les daban como fuerza para seguir avanzando entre la muchedumbre. Así vimos seis o siete grupos, rodeados de gente que a penas les dejaban avanzar y con grupos de de hombres o mujeres subidos en plataformas tocando una especie de tambores.



 
Resultó ser un festival llamado Sanja Matsuri que es una celebración religiosa de las mas importantes de Tokio. Me pareció algo parecido a nuestra Semana Santa. Las procesiones iban al templo así que no podríamos llegar hasta el ese día.

Tras mas de dos horas observando, caminando e finalmente intentando salir contra corriente un poco agobiadas por la cantidad de gente que había, regresamos por donde habíamos venido para ir al siguiente destino el barrio tecnológico, Akihabara.

Akihabara es una zona completamente iluminada con carteles de neón por la noche donde se concentran la mayoría de las tiendas de tecnología de la ciudad donde se pueden encontrar productos como cámaras de fotos, tarjetas de memoria, ordenadores, consolas, juegos y demás a un precio bastante mas barato que en España.



También se encuentran un montón de tiendas de muñecos y muñecas manga que te cuestan un pico y que al parecer son muy reclamadas por nativos y extranjeros aficionados a esto.



Además de eso, la cosa mas curiosa de esta zona, sobre todo para la gente que no se vuelva loca con la tecnología como es mi caso, son las Maid Cafes que no son otra cosa que jovencitas, muy jovencitas, vestidas como doncellas pero a lo sexy que invita a los clientes masculinos a pasar a unos cafés donde ellas se encargan de servirles el café además de hacer espectáculos donde cantan y bailan. Por las calles se pueden encontrar decenas de estas dando flyers a la gente que pasa por esas calles.

No se dejan hacer fotos pero alguna que otra furtiva se pudo sacar. Desde aquí, tras haber paseado por la zona, nos fuimos en metro a Roponggi que es una zona de compras y sobre todo de de bares y restaurantes donde tomar algo a la que van tanto japoneses como los expatriados que viven en la ciudad.

Vaya aventura lo de coger el metro en Tokio. A parte de la cantidad de lineas que hay, los tickets se tiene que comprar en unas máquinas que tienen la opción de poner la información en inglés, hasta aquí perfecto. Tienes que pagar una tarifa u otra según el número de estaciones que vayas a hacer. El problema viene cuando al mirar el plano del metro enorme puesto encima de las máquinas ves que las estaciones están en japonés y que además no hay unas tarifas claras como por ejemplo 50 céntimos por cada estación pasada. Preguntamos a un par de personas pero no hablaba inglés. Tras un rato mirando la pantalla de la máquina, un japonés se acercó para ayudarnos.



 
Con el ticket en la mano nos fuimos a cenar para Roponggi. La mayoría de los restaurantes que fuimos viendo tenían el menú en la calle pero en japonés...Así que ya nos veíamos sin cenar por no entender. Encontramos un restaurante cuya especialidad era el sushi. No tenía el menú en inglés pero si con fotos así que al menos podíamos señalar que queríamos cenar.

Era mi cumpleaños y que forma mejor para celebrarlo con una deliciosa cena a base de sushi. Nos entendimos con el camarero mas o menos y nos sirvieron un rico sushi de pescados y mariscos que nunca antes habíamos probado como de erizo de mar, de huevas de salmón miniatura, un pescado blanco medio transparente...De repente otro camarero japonés se nos acerca y con acento colombiano nos dice "¿todo bien chicas? ¿Necesitáis algo mas?" Y nosotras nos quedamos como si hubiéramos visto un fantasma. Resultó que la mujer de este era colombiana y solo hablaba con él en castellano así que él había aprendido español con el acento de su mujer.


 
Paseamos por Roppongi, una zona con tiendas curiosas con cositas muy originales, bares y restaurantes por todas partes y una que nos llamó especialmente la atención. Una tienda de unas seis plantas en un edificio enorme en la avenida principal llamada Don Quijote. Una especie de todo a cien, pero con precios mas altos, donde se puede encontrar comida, cosas del hogar, herramientas, jabones...De todo un poco.

La idea era tomar una copa pero nuestros ojos empezaban a cerrarse y nuestras piernas empezaban a fallar así que no forzamos mas la máquina, nos fuimos a casa. En la máquina de los billetes de metro, otra vez tuvimos que preguntar, conocimos a un grupos de chicos que venían de una boda que no solo nos ayudaron a sacar los billetes sino que además nos acompañaron a nuestra parada de metro y no contentos con eso, hasta la misma calle del hotel mientras hablábamos.

Un día muy completo y diferente para un cumpleaños. Aun con la cabeza acostumbrándose a lo que los ojos veían, nos fuimos a dormir ansiosas por lo que nos esperaba. Primera impresión: Japón es otro mundo...


sábado, 7 de abril de 2012

LO MEJOR Y LO PEOR DE VARSOVIA

Fue algo menos de una semana el tiempo que pasamos en Varsovia por lo que soy consciente que mi apreciación puede no ser justa o serlo demasiado pero es lo que yo me llevo de mi experiencia en la ciudad.

Lo mejor:

-El transporte: a pesar de tener solo una linea de metro que cruza la ciudad de Norte a Sur, están construyendo la segunda linea que la cruzará de Este a Oeste, la red de tranvías funciona puntual y regularmente a un precio bastante barato y de forma muy rápida. Recomiendo visitar la ciudad andando pero para los desplazamientos un poco mas apartados, tranvía.

-La comida: me gustaron muchos los piroguis porque me recordaron mucho a los dumplings que solía comer en Nueva York. Además de los dulces, las sopas y los guisos.  Puedes encontrar restaurantes de todo tipo de cocina internacional, bastante diversidad.

-La cultura underground: hay una Varsovia, que todo el mundo puede ver sin moverse mucho y luego hay otra Varsovia mucho mas profunda, única y encantadora que solo puede conocerse de dos formas,  si vives una temporada en la ciudad o si vas a visitarla con alguien que vive o ha vivido allí.

Lo peor:

No hay nada que me llamara especialmente la atención de forma negativa, pero por comentar algunas cosas:

-El idioma: es muy muy complicado intentar entender algo de polaco o hacer entender en español o inglés. Solo los jóvenes hablan inglés y no todos (un poco como en España). Por lo que cualquier duda se hacía difícil de preguntar.

-La gente: son personas bastante reservadas. Imagino que la cultura pero también todo lo que han vivido a lo largo de su historia hace que las personas sean mas desconfiadas o mas introvertidas. No es que sean bordes o antipáticos, mas bien evitan el contacto, quizás sea con gente extranjera o desconocida principalmente pero eso ya no puedo asegurarlo.

-El clima: debe de ser una ciudad bastante dura en invierno aunque lo tienen bien montado ya que existe una red de túneles que conforman una mini ciudad subterránea para esos meses de frío.

-El color de la ciudad: Varsovia me pareció una ciudad muy gris. Quizás por la lluvia, las nubes, pero también por el color de sus edificios, los árboles completamente desnudos...Quizás en primavera o en verano todo se llena de color y parece otro lugar. Tendré que ir a comprobarlo :)


Mi conclusión de Varsovia es que he conocido pocas ciudades en el mundo donde su historia mas reciente haya dejado una huella tan marcada contra la que luchan sus habitantes día a día para borrarla y seguir hacia delante como se merecen. Sin dudarlo un minuto, una ciudad para, no solo visitar, si no conocer.


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viernes, 30 de septiembre de 2011

EL CENTRO DE RÍO Y LA PLAYA DE IPANEMA

Después de un desayuno consistente en el hostal, metimos lo necesario en los bolsos y a la calle. Para este día habíamos pensado ver la zona centro donde están los edificios mas importantes de la ciudad.

Nos dirigímos al metro para subir a esa zona, solo a dos paradas pero como no sabíamos si iba a ser seguro o no decidimos ir en metro. Uruguaiana era la parada de metro mas cercana al monasterio de Sao Bento, después de salir del metro nos tocó andar un poco pero por el camino vimos la iglesia de Candelaria que nos sorpendió bastante porque tiene mucha ornamentación y es bastante vistosa por dentro y por fuera.

 

Seguimos por calles bastante anchas, incluso avenidas con varios carriles para los coches, lo que podría ser la Castellana de Madrid, pero los edificios que había a ambos lados no eran arquitectónicamente tan vistosos y los que lo eran estaban en bastante mal estado. Además había mucho vendedor ambulante, practicamente en cada esquina.

De casualidad encontramos una puerta de vidrio donde ponía Monasterio de Sao Bento. Era un edificio normal, como de oficinas, donde nadie pensaría que se encontraba un Monasterio. El portero nos invitó a pasar y nos explicó que teníamos que coger un ascensor para llegar al Monasterio. Todo sonaba un poco raro, un edificio como de oficinas, un ascensor para llegar...

Salimos del ascensor y nos encontramos con unos jardines con árboles y plantas exóticas que al final tenía una iglesia y un edificio anexo. Estaba en lo alto de una pequeña colina. La iglesia es aun mas ornamentada que la otra, muy bonita y muy bien cuidada.


 
Seguimos paseando por el recinto y encontramos que había un colegio solo para chicos y otros edificios religiosos. Desde el borde de la colina y mirando hacia el lado del mar pudimos ver unas bonitas vistas de parte de la ciudad. La entrada es gratuita así que, si tienes tiempo, merece la pena.
Desde aquí nos dirigimos andando al Palacio Imperial, donde nos encontramos con una manifestación de bomberos acampados en la puerta de este, el Teatro Municipal, un edificio muy bonito que se encuentra en una plaza donde convergen dos grandes avenidas donde además se encuentra La Biblioteca Nacional, otro bonito edificio.


 
Todas las cosas que hay que visitar en esta zona están bastante cerca así que lo hicimos todo andando para ver las calles, la gente, el ritmo, los edificios, las tiendas...

Desde aquí nos fuimos a ver los Arcos de Lapa por donde solía pasar el Bondinho, un tranvia de color amarillo que llegaba hasta Santa Terasa subiendo por una empinada colina pero que hace unos meses tuvo un accidente, donde murieron varias personas, lo que provocó que se suspendiera este servicio. Una pena porque era algo típico de la ciudad y el mejor método para descubrir Santa Teresa, un barrio del que te cuento ahora.

Desde los Arcos de Lapa se ve la Catedral Metropolitana, que no lo parece. Cuando llegamos allí nos impresionó que las puertas, que eran muy anchas, estaban todas abiertas dejando mas de la mitad de la Catedral al descubierto sin nisiquiera entrar. La forma sorprende pero el interior también lo hace. Grandes vidrieras de colores dan una luz especial a la Catedral. Además la cruz en el techo y la colgada en medio de esta. No es una Catedral a la que estamos acostumbrados pero, aunque se sale de la imagen que todos tenemos de una Catedral, tiene una belleza que no deja indiferente.


 
Para recuperar energías compramos en un puesto un dulce compuesto por harina de tapioca con leche merengada y coco rayado que estaba deliciosa.

Desde aquí nos hubiéramos cogido el Bondinho pero como ya no está en funcionamiento nos cogimos un taxi que nos subiera la colina hasta el barrio de Santa Teresa. El taxi nos costó 9 reales, aunque yo creo que nos tangó porque el taximetro marcaba otra cantidad pero el hombre empezó a decir, "tasa tasa" y lo dejamos estar porque era un euro mas solo.

Nos dejó en el Largo de Guimanes, calle para subir y bajar para descubrir este barrio que en su día fue rico pero ahora es decadente pero que mantiene cierto encanto.


 
Cuando llegamos allí, contra todo pronóstico, ni un turista...Y muy poca gente por la calle. Con un pelín de miedo en el cuerpo por lo que la gente nos había dicho de este barrio, decidimos sentarnos a tomar algo en un bar bastante mono donde había un par de mesas ocupadas por brasileños, lo que nos dió buena impresión del lugar. Se llamaba Bar do Mineiro y donde tomamos unos pinchos típicos brasileños que todos estaban tomando en el bar. Ni idea de que llevaban. Algo de carne, algo de pimientos...No se, pero estaban deliciosos. Nos volvió a sorprender los precios, muy caros y mucho mas teniendo en cuenta lo que pides, qeu es un bar no turístico y que no está en un barrio super chic o enfrente de la playa por ejemplo. No esperaba estos precios, son ridículos a veces.


Le preguntamos al camarero hacía donde ir para visitar bien el barrio. Nos dijo que nada de ir para abajo, que era una zona muy bonita pero que era muy peligrosa. Pues vaya...Pero nos recomendó ir hacía el otro lado donde podríamos callejear por el barrio con menos peligro. Así que en esa dirección fuimos.

Los antiguos railes por donde pasaba el tranvia marcaban el camino. Paramos en una tienda con cosas muy originales y curiosas donde compramos un imán para la nevera por el que nos cobraron 5€. Jamás en la vida, en todos los lugares donde he estado, he pagado 5€ por un imán. Tengo que aclarar que mi madre hace colección por eso le llevo uno de cada lugar que visito.

Seguía sin haber nadie. Pensamos que era muy extraño porque era un barrio que visitar en Rio, toda guia turística te dice que vayas y allí estábamos solas mi prima y yo, cero turistas.

Caminamos, hicimos fotos a las casas, a los muros pintados con bonitas imágenes y a las increibles vistas que este barrio ofrece de la ciudad. En cualquier recoveco puede aparecer un pequeño mirador donde quedarte asombrado con la majestuosidad de la ciudad, sus edificios modernos y altos, sus favelas apiñadas en las laderas de las montañas, las largas  playas de arena blanca, el Cristo Redentor, el Pan de Azúcar...Las mejores vistas desde el Museo da Chacara do Ceu que hay en la parte alta del barrio.


El paseo fue bastante cansado porque las cuestas son muy empinadas y todo el suelo es de adoquín que no está en muy buen estado por lo que no ayuda pero el barrio en sí y las vistas que ofrece de la ciudad merece la pena, eso si, mucho cuidado por que zonas vas, sentimos cierto miedo y no queríamos ni sacar la cámara de fotos en según que zonas sobre todo por el hecho de que no había nadie por las calles aunque también tengo que decir que a los brasileños que encontramos por allí muy simpáticos y nos ayudaron en todo lo que necesitamos aconsejándonos hacía donde ir y que lugares evitar.

Para bajar la colina cogímos un autobus para cambiar de medio de transporte y para mezclarnos con los Cariocas. Después cogimos el metro para ir hacía la playa de Ipanema, a eso de media tarde, para conocer el barrio por encima, ya irríamos otro día, y ver cuerpos espectaculares tostandose al sol mientras bebían un cocktail tropical y veían a otros bailar samba.

El barrio bastante normal, incluso diría tranquilo, comercios, tiendas de ropa, lugares para comer, bares pero con poco gente dentro, eso si, mucha gente en la calle yendo de un lado para otro, me recordó a Nueva York. Volvimos a cruzarnos con cero turistas. No es que los fueramos buscando pero nos sorprendió mucho que siendo Río una ciudad tan conocida por el turismo no viéramos a ninguno practicamente en todo el día.

En cuanto a nuestra idea de lo que íba a ser la playa de Ipanema, debía de ser que ya se habían ido a casa porque en la playa no había casi nadie. Quizás ya era tarde, las seis, pero nos encontramos con una playa practicamente desierta con una arena que tenía una textura que no había visto antes y con un mar bastante agitado. Las personas que vimos o estaban haciendo ejercicio en el paseo o íban con su traje de neopreno en busca de olas.

Eran las siete de la tarde, habíamos estado andando todo el día sin practicamente parar y desde las ocho y poco de la mañana. Imagino que por eso nuestros cuerpos se acabaraon rindiendo y nos mandaron la orden de volver a casa a descansar, no sin antes tomarnos unos panes rellenos típicos de aquí acompañados con zumos naturales, muy comunes en Río, de frutas que nunca antes había visto ni probado, con unos sabores auténticos y refrescantes.

Metro a casa, paseo por el barrio y a eso de las nueve y media los ojos empezaron a cerrarse.


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domingo, 13 de marzo de 2011

EL METRO DE NUEVA YORK, OTRO UNIVERSO

Sobre este tema se podría escribir un blog. El metro de Nueva York es otro mundo, es un universo subterráneo casi tan interesante como la propia ciudad.

Sus vagones son muy viejos, algunos huelen bastante mal y durante el fin de semana el servicio es malísimo. Es un poco caro, $2.25 el billete sencillo. Tiene sus propios habitantes, las ratas. ¡Ratas al gusto!: grandes, pequeñas grises, negras, en las vías, en los andenes, comiendo, corriendo, en el peor barrio, en la quinta avenida…

Tiene servicio veinticuatro horas y puedes moverte a cualquier parte de la ciudad muy rápido. Encuentras estaciones de diferentes líneas en todas partes. Puedes viajar a las tantas de la madrugada y siempre va a haber gente, de hecho, dependiendo de la línea, puede que cojas el metro un martes a las tres de la mañana pensando que vas a estar sola y sorprendente cuando al entrar en el vagón hay tanta gente que te toca quedarte de pie.

En el metro de Nueva York puedes encontrar mariachis, niños de unos siete años tocando el piano de una forma magistral, una familia con siete hijos cantando música gospel, un señor chino tocando un instrumento que nunca antes habías visto, bailarines de hip hop que hacen acrobacias en los vagones entre estación y estación, vagabundos pidiendo dinero, chicos jóvenes que venden caramelos y chocolatinas para sacar dinero para sus equipos de baloncesto, predicadores anunciando el mensaje de Dios, o que Dios está llegando, o que Dios está aquí  o incluso que Dios es él.

Personas en invierno en pantalones cortos o personas vistiendo ropa que sería anticuada para la bisabuela de nuestra tatarabuela, o gente vistiendo ropa que parece recién aterrizada de Marte. Aquí no importa que el negro y el verde se muerde, que cuadros con rayas no pega, que la ropa de verano es para el verano y la de invierno para el invierno, que lleves una peluca de color naranja estilo drag queen mientras estas vistiendo unos náuticos, por supuesto con calcetines blancos, con una camiseta que dice “Fuck You”, unos pantalones vaqueros rotos y una chaquete de aviador. Aquí todo vale y nadie te va a mirar o criticar tu forma de vestir. Esto me encanta, y no porque yo fuera la de la peluca naranja, si no porque cada uno es libre de vestirse como quiera. Para mi es un símbolo de libertad y de respeto y esto es una de las cosas que mas me gusta de esta ciudad.

La primera vez que vine a vivir a Nueva York vivía en Brooklyng y tenía que cruzar todos los días a Manhattan. Era impresionante cada mañana, con el ojo pegado y un sueño que no veas, cruzar el puente hacía Manhattan y ver el puente de Brooklyng y la ciudad con todos esos rascacielos y laberintos de calles de las que tú ibas a ser parte en cuestión de minutos. Imagínate esto recién llegada a Nueva York y con mi canción favorita sonando en el mp3. Parecía que estaba en mi cama en Madrid soñando en lo bonito que sería vivir eso. Pero no, ¡estaba allí! Yo era la protagonista de ese sueño y si, el tío que estaba sentado al lado roncando como un poseso estaba apoyando su cabeza en mi hombro y no en el hombro de una guapa actriz en una peli. ¿Puede haber algo más idílico?

Pero lo que mas me gusta del metro de esta ciudad es la cantidad de amigos que puedes hacer. Todo el mundo me habla. Parece que llevo un cartel pegado “háblame por favor, estoy deseando escuchar tu historia”.

Recuerdo una vez que iba empanada en mis asuntos, no había sido un día muy bueno y eran las diez de la noche o así. Estaba deseando llegar a casa. Iba escuchando música en mi mundo. En esto que veo un hombre de unos ochenta años, bajito y poca cosa hablándome a un palmo enfrente mía y que la gente me estaba mirando. Pensé “¡Ya la he liado!” “¿Qué he hecho ahora?”. El hombre seguía hablando así que me quite los cascos y le dije que perdonase, que no le había escuchado lo que me había dicho.

“No te preocupes, solo te preguntaba si estas bien. Tienes la cara un poco triste pero tienes que estar contenta porque puedo ver algo diferente en tus ojos, algo que no mucha gente tiene así que deberías ser feliz por ser especial”

Yo me quedé pensando “¡¿Qué?!”. No sabía que decir, no esperaba que me fuera a decir eso, esperaba que me fuera a echar la bronca por no darme cuenta y no dejarle sentarse en mi sitio al ser tan mayor.

La gente de alrededor estaba como esperando mi respuesta pero yo estaba que no sabía ni donde estaba así que lo único que se me ocurrió responder fue “Muchas gracias”.

El señor mayor sonrió y me dijo “Nunca lo olvides, tienes algo especial”. Y se fue.

Yo seguía con cara de “¿Dónde está la cámara oculta?” mirando de un lado para otro mientras la gente me miraba. Supongo que estarían pensando “Yo no veo nada diferente en sus ojos…como no sean las ojeras que tiene” Pero después empecé a pensar que eso había sido supe bonito y que, aunque mis ojos no tienen nada diferente, me había hecho sentir especial.

Otra vez un hombre me pregunto de donde era y, al decirle que de España, empezó a contarme su historia. Él era de Croacia, había vivido en España, después se había ido a Rusia y después acabó en Estados Unidos. Llevaba ocho años viviendo en Nueva York. Me gustó mucho una frase que me dijo “Viaja y vivirás”. Pienso como él pero nunca lo había resumido tanto como en esta frase.

Un día el metro se estropeó, fin de semana por supuesto, y me tocó subir a andando hasta la estación siguiente, veinte calles…En la estación se me acercó un chico a hablar. Yo pensaba “¡Por dios otro loco no!” y la verdad es que puede que un poco loco estuviera pero tuve una conversación muy interesante con él mientras caminábamos hacía la otra estación. Extraterrestres, conspiración, asesinatos organizados de presidentes norte americanos. Cuando llegué a casa estaba segura de que a JFK lo había matado un extraterrestre con aspecto humano manipulado mentalmente por el gobierno norteamericano para hacerlo.

Además me he encontrado con tantas personas conocidas en el metro de Nueva York. No me pasa en Madrid donde he vivido más de veinticinco años y me pasa aquí en menos de dos años. Me he encontrado con cinco o seis compañeros de la academia, con un par de mis estudiantes de español, con el padre del niño al que cuido los sábados por la noche…Hasta me encontré con una estudiante que tuve que me debía dos clases y no volví a saber de ella y un día en la parada de metro de Times Square, donde hay cientos de personas cada hora, me la encuentro de frente. Imagínate mi cara, pero lo mejor, ¡imagínate la suya! “Marta lo siento, he estado muy ocupado estas últimas semanas y se me olvidó llamarte. Además te debo algo de dinero, ¿no? No tengo dinero ahora ni mi chequera pero dame tu dirección de casa y te envío un cheque mañana mismo. ¿Has visto tú el cheque? Yo tampoco.

Pero una de las historias más graciosas que me han pasado en el metro fue cuando mi prima vino a visitarme. Habíamos ido a tomar algo y era como la una de la mañana después de estar todo el día pateando y de unas cervezas. Estábamos sentadas una al lado de la otra así que mi prima se sentó un asiento mas allá y apoyó su cabeza en mis rodillas. No estaba dormida ni nada, solo estaba descansando. En esto que el tren para en una estación y entra por la puerta un policía gritando, ¡gritando a mi prima! Todo en inglés y mi prima sin entenderle.

“¡Donde te has creído que estas! ¡Levanta ahora mismo! ¡Fuera del vagón!” Y yo, “¡Hay dios mío que nos han confundido con alguien y nos llevan a la cárcel!” y mi prima no paraba de preguntarme “¡¿Qué dice?! ¡¿Qué dice?! Y yo “¡espera espera!” Yo preguntándole al policía que estaba pasando y el policía no paraba de gritar y de decir que le diéramos nuestras identificaciones. Varias personas fuera del vagón mirando que es lo que pasaba porque el policía le había dicho al conductor del tren que no continuara hasta que él no le diera la orden.

“Dame tu DNI” le dije a mi prima. Le dimos nuestros DNIs y de repente se le cambió la cara. “¡Ah! Sois españolas…¿Sabéis que no podéis tumbaros en los asientos del tren?” y yo “Si lo sentimos mucho, mi prima solo estaba apoyándose un poco encima mía pero no tenía intención de dormir en el tren” “Bueno bueno, que no se vuelva a repetir. ¡Ya puedes continuar!” le gritó al conductor del tren. Mi prima con los ojos desorbitados sin saber que había pasado, la gente volvió al vagón y nosotras también. Recuerdo que una chica americana que estaba sentada enfrente nuestra y que había visto todo me dijo “Perdonad, esto no es normal. Ese policía era un gilipollas” y yo “asjdhajdhnjfkhjdfakdjakdgjksdf” sin poder ni hablar después de los nervios. Nos dejó más espabiladas que si hubiéramos dormido doce horas del tirón. Esa noche, insomnio.

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