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domingo, 2 de noviembre de 2014

TULUM Y PLAYA PARAISO A NUESTRO AIRE

Tulum es uno de los imprescindibles si visitas la Riviera Maya. Como en el resto de las excursiones por esta zona, hay dos opciones para visitarlo. Comprando uno de los paquetes organizados que te lleva allí en un autobús que te recoge en el hotel y al que luego te lleva de vuelta o por tu cuenta.




Nosotras, después de haber hablado con algunos locales que nos recomendaron hacerlo por nuestra cuenta, decidimos coger una furgoneta combo en la que se mueven los locales, y también algunos turistas, para llegar allí. La diferencia de precios entre la primera y la segunda opción es de mas del triple y nos aseguraron que era totalmente seguro, y lo fue.

Andamos hasta Playa del Carmen desde el hotel, unos treinta minutos. Nos dirigimos a la parada desde la que salen todas estas furgonetas cada minuto y la tomamos por 30 pesos por persona y trayecto.



Después de unos cuarenta minutos, el conductor de la furgoneta gritó "Tulum" y allí nos bajamos. Para llegar desde la carretera al parque arqueológico no hay pérdida pero cuando hace soflama de la buena, como nos pasó a nosotras, se hace un poco pesado el camino porque piensas que te vas a derretir en cualquier momento. Contra todo pronóstico, sobrevives y llegas a la entrada del parque.

La entrada cuesta 59 pesos y allí hay guías ofreciéndose para explicarte el recorrido pero nosotras lo hicimos a nuestro aire.

No me extraña que cuando los españoles se encontraron desde sus barcos frente a esta pequeña ciudad maya se quedaran impresionados. No tanto por ser una ciudad grande, muy importante o con imponentes edificaciones si no mas bien por su enclave.



El parque arqueológico de Tulum, las ruinas que hoy quedan de aquella ciudad maya, se encuentra situado al borde de una acantilado que da a un precioso mar turquesa y rodeado por verde vegetación. Un lugar que hoy definiríamos como paradisiaco aunque probablemente en aquella época lo que mas les atrajo de se lugar fue la posibilidad de defensa desde su muralla, el comercio y la pesca.

Además de unas bonitas vistas y cantidad de turistas moviéndose como hormiguitas por el recinto, Tulum tiene otros habitantes bastante curiosos y abundantes, unas enormes iguanas, que campan a sus anchas por todas partes sin tener nada de miedo a la gente.




Bonitas ruinas, curiosos habitantes, espectaculares vistas, pero un calor... Uno de los lugares mas especiales de estas ruinas es una pequeña playa que hay bajando unas escaleras que tiene fama de ser una de las mas bonitas de la zona. "¡Vamos a darnos un baño!" y aligerando el paso nos fuimos hacia la playita paradisiaca.

Esto suele ocurrir. Cuando la gente te habla muy bien de un sitio y ves fotos en internet que te dejan con la boca abierta, te creas unas espectativas difíciles de alcanzar.




La playa con la que nos encontramos era muy distinta. No había casi arena porque la marea estaba alta. El mar estaba revuelto y lleno de algas, pero algas... algas como para parar un tren. Bastantes metros de una espesa capa desde la orilla por la que teníamos que avanzar si queríamos llegar a una zona mas o menos limpia. Teníamos mucho calor así que nos íbamos a bañar si o si. 

Cuando pusimos el pie en el agua... caldo... ¡Estaba super caliente! Pero tanto, que ni si quiera te refrescaba, al revés, pero al menos sentir el agua te quitaba un poco el pegosoteo de todo el día sudando como un pollo. Aparentemente no siempre es así. Habían habido tormentas y por eso el agua estaba así. No era lo que esperábamos peeero, también nos habían hablado de otra playa, Playa Paraiso, para ir andando desde el parque arqueológico.

Salimos de allí y nos fuimos andando hacia Playa Paraíso. Al llegar nos encontramos con un matrimonio que vendía comida casera y bebida en el maletero de su coche, a precio local, cuatro duros. 

Llegamos a esa preciosa playa, con apenas gente. Algunas personas acampadas y un pequeño bar con mesas y sillas pero muy tranquila. Hacía un lado, las ruinas de las que veníamos, al otro lado, playa infinita. Arena blanca, mar turquesa y muchas menos algas. Un ambiente super natural, ninguna edificación y con cierto aire hippie.



Después de pasar el día en la playa al sol, relajándonos, nos dirigimos de vuelta por aquella carretera repleta de puestecitos con artesanía y algunos kioskos que ofrecen zumos naturales y algo de comida hasta llegar a la carretera principal y coger nuestra furgoneta de vuelta a Playa del Carmen.



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viernes, 31 de mayo de 2013

NÁPOLES Y POMPEYA, UNA VISITA OBLIGADA

A tan solo una hora de Roma en tren, se encuentra una de las ciudades mas grande e importante de Italia, Nápoles.

Conocida por ser el auténtico origen de la pizza, por sus calles peligrosas, por sus problemas con la basura y por sus artesanos creadores de belenes, Nápoles es además una excelente punto de partida para hacer excursiones a Pompeya y Herculano y además para visitar la Costa Amalfitana.

Nosotras decidimos pasar una noche en Nápoles para así poder visitar Pompeya y pasear un poco por la ciudad a la vuelta de la excursión.

Para llegar a Pompeya, hay que coger la línea Circumvesuviana. Un tren bastante descascarillado y sin aire acondicionado que suele estar lleno la mayoría de horas del día. En poco mas de media hora, llega a la parada Pompei Scavi-Villa dei Misteri

A pocos metros de la estación encuentras una hilera de bares, restaurantes y pequeños puestos con recuerdos y, tras pasarlos, las taquillas para entrar en esta mágica ciudad víctima de la erupción volcánica mas famosa de todos los tiempos que ocurrió en el año 79 a.c.


Porta Marina te da la bienvenida a la ciudad, que te sorprenderá nada mas cruces su umbral. Es mucho mas grande de lo que esperaba. 



No era un pequeño pueblo si no mas bien una ciudad de grandes dimensiones con restaurantes, tiendas, edificios administrativos, basílicas, templos y su gran foro principal.


Sorprende pasear por sus calles de grandes adoquines perfectamente conservados y pensar la cantidad de gente que pasó por estos mismos y el tiempo que hace de ello.


Toda la ciudad está rodeada de arboleda, olivos, una zona muy verde que la hace un mas bonita por su entorno.


Algunas de las casas aun mantienen los frescos de la época. ¡Es increíble! 


Pero lo que mas me impactó fueron los restos de los cuerpos de algunos de los vecinos que fueron abrasados aquella fatídica noche.


Es una visita altamente recomendable que llevaba mucho tiempo queriendo hacer. A pesar de haber visto varios documentales sobre lo que allí ocurrió, no hay nada como verlo in situ y dejarte llevar por lo que cuentan esos restos, esas calles sobre la historia de esta misteriosa ciudad.

De vuelta a Nápoles, tras una explicación exhaustiva del recepcionista del hotel sobre como teníamos que llevar el bolso, sobre que cosas podíamos llevar a la calle y que cosas no, nada de joyas y mucho cuidado con móviles y cámaras, o sobre como actuar en caso de problema (y nosotras quedarnos con la boca abierta y con el miedo en el cuerpo) nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad.

No hay mejor forma de conocer Nápoles que a pie. El centro no es muy grande así que es bastante  accesible andando. Si quieres visitar los dos castillos y la Plaza Plebiscito, puedes coger un autobús y caminar un poco mas para llegar porque no está muy lejos del centro.

Además, hay una ciudad subterránea bastante curiosa que merece la pena visitar, pero que nosotras no tuvimos tiempo de ver.

Nápoles es la típica ciudad decadente, estilo Lisboa, pero con mucho encanto. De calles estrechas llenas de ropa colgada en los balcones y ventanas.


El centro de la ciudad destaca por tener gran cantidad de iglesias en un espacio relativamente pequeño, además de la catedral.



Las calles mas interesantes del centro para visitar son Via Tribunali y Via S. Biagio dei librau, donde se pueden encontrar gran cantidad de pequeñas tiendecitas de barrio mas baratas que en otras ciudades italianas.


En una de estas tiendas, nos compramos uno de los dulces mas típicos de la ciudad, la sfogliatella, una especie de croisant hecho a base de capas y relleno normalmente de ricotta. ¡Delicioso!

Sabíamos que el belén típico navideño era una tradición muy importante en Nápoles pero no sabíamos que había una calle de artesanos dedicados solo a fabricar figuritas para estos nacimientos, la calle S.Gregorio Armeno, una calle con mucho encanto.


¡De casualidad! Nos encontramos con el mas que tradicional Polichinela napolitano en una de los callejones del centro, aunque ya lo habíamos visto representado en panderetas, cuadros, imanes, cuadros, postales...


No nos podíamos ir de Nápoles sin comer una auténtica pizza napolitana. Nos recomendaron una pizzeria muy antigua, Da Michele, pero cuando llegamos, había una cola... Pero encontramos otra pizzeria de 1923 deliciosa, Pizzeria Trianon.


Otra cosa puede, pero hambre no pasamos....


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martes, 28 de agosto de 2012

EXCURSIÓN DESDE BANGKOK: AYUTTHAYA

La mejor forma de llegar a Ayutthaya desde bangkok es coger un tren que te lleva a la que fue la antigua capital del país y que ahora está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en menos de una hora y por menos de dos euros.

Una vez que llegas a la estación de Ayutthaya tienes varias opciones para hacer el recorrido. A pie es bastante complicado en un día ya que la distancia entre los diferentes templos y budas es bastante.

Lo que yo recomendaría es alquilarse una bicicleta en la estación de tren pero el día que fuimos nosotras estaba lloviendo por lo que no nos pareció una buena idea así que optamos por la segunda mejor forma de recorrerla, en tuk tuk.

Tienes que cerrar un precio en la propia estación, no olvides regatear lo máximo, los precios "justos" suelen ser la mitad de lo que te piden mas o menos. El tuk tuk te lleva a todos los puntos importantes de la ciudad, te espera hasta que los veas y te lleva al siguiente y así de uno a otro. El recorrido suele ser de unas tres horas pero dependerá del tiempo que tu emplees en cada lugar ya que el tuk tuk te va a esperar. Se recomienda no pagar hasta el final para que el tuktuktero (me acabo de inventar esta palabra...) no te deje tirado.

La ciudad está llena de antiguas ruinas, de templos y fortificaciones, unas mejor cuidadas que otras, y de budas en de diferentes tamaños y en diferentes posturas.




Las cosas que mas me gustaron de la ciudad fueron:

- El Buda tumbado, que aparece tumbado con una capa naranja que es la que usan los monjes tailandeses.




El buda tallado en las raíces de un árbol de un tronco considerablemente ancho. Es curioso que cuando vas a hacerte una foto con esta imagen no puedes ponerte de pie porque es una falta de respeto que tu estés en una posición mas alta que ella así que de rodillas o sentada...



Otra de las cosas que nos llamó la atención, porque era la primera vez que lo veíamos, pero no sería la última, fueron unos enormes elefantes vestidos con unas capas de colores y llevando a sus espaldas de paseo a unos turistas. Nunca habíamos estado tan cerca de unos elefantes y verlos caminar por la calle al lado de personas como si nada nos parecía sorprendente, incluso teníamos que apartarnos de la acera para que ellos pasaran. Que imagen mas curioso...no me imagino algo así en la Gran Vía de Madrid por ejemplo...



Fue un día tranquilo, sin muchos turistas ni masificaciones, todo lo que había que visitar estaba en el exterior por lo que se hacía bastante bien. Lo único malo la intermitente lluvia y el constante afán de nuestra tuktuktera de que comprásemos cosas allí donde parábamos (flores, recuerdos, bebidas...). Con el paso de los días nos fuimos enterando de que en Tailandia todo va por comisiones, pequeñas comisiones de aquí y de allí pero que son auténticos sueldos para mucha gente.



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